Samir Amin (1931-2018): Réquiem [+Entrevista]
Samir Amin (1931-2018): Réquiem [+Entrevista]
Hace apenas unos pocos días, el 12 de
agosto de 2018, falleció Samir Amin. No es intención de este texto
recordar ni resaltar su obra – algo que ya muchos han hecho y
continuarán haciendo – sino recuperar la figura de una de las voces más
agudas que tuvo lo que hoy llamamos el “Sur Global”. Amin fue – antes
que un teórico o un filósofo – un hombre del Sur.
Nacido en Egipto el 3 de septiembre de
1931, su compromiso de lucha contra las injusticias de un mundo rico
conviviendo con un mundo enriquecido, dan forma a cada uno de sus
textos, funcionando como un hilo conductor que une toda su producción.
Como muchos de los luchadores fraguados a
la luz de las luchas anticoloniales se formó en Francia y, como los más
destacados de sus compañeros en la lucha, eso no le impidió seguir
siendo un hombre del Sur, situar su pensamiento en la realidad de abuso y
postergación que había visto en su África natal y que volvería a
encontrar tantas veces en Asia y América Latina y Caribeña.
Coherente a lo largo de toda su vasta
producción, fue natural verlo convertirse en un referente del movimiento
antiglobalización. No fue sorprendente que en 1980 asumiera la
dirección del Foro del Tercer Mundo desde donde impulsaría el Foro
Mundial para las Alternativas, que presidió trabajando codo a codo con
François Houtart. Ese foro llegaría a ser un espacio de reunión
internacional privilegiado de intelectuales cruzados por la militancia
de sus ideas.
La conjunción entre pensamiento y praxis
en ese espacio llevó a que pronto se integraran a él organizaciones de
la sociedad civil, convirtiéndolo en semilla del Foro Social Mundial.
Marxista por elección y convicción, autor de la tesis de la
“desconexión” y uno de los más atentos denunciantes del “intercambio
desigual” que condenaba al subdesarrollo a la perpetuidad, se convirtió
en una figura de seguimiento inevitable para quienes siguen creyendo en
la necesidad de construir un mundo más justo.
La enfermedad que terminó causándole la
muerte impidió que visitara la Argentina en junio pasado, ocasión en la
que iba a recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional
de La Plata. En una entrevista previa a ese frustrado viaje decía Amin:
“La necesidad de desconectarse no está planteada en términos de
autarquía, sino como necesidad de abandonar los valores que parecen
estar dados naturalmente por el capitalismo, para lograr poner en pie un
internacionalismo de los pueblos que luche contra éste.”
Como buen maestro, en su trabajo nos
deja muchas más preguntas que respuestas, elementos para debatir,
espacios para continuar pensando y actuando. El Sur global y la justicia
social internacional pierden a uno de sus mejores hombres, pero su
legado intelectual y de vida seguirá alimentando debates y luchas.
(*) Javier Surasky, Coordinador Departamento de Cooperación Internacional, IRI-Uviersidad Nacional de La Plata(UNLP).
Entrevista realizada al
intelectual Samir Amin previo a su visita a la Argentina para la
recepción del Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de La
Plata y la presentación del libro “La Crisis Mundial”, Junio de 2018 (1)
Realizada por Wim Dierckxens y Walter Formento, 7 de Junio de 2018. /Enviada a CT por Manuel Hidalgo.
Wim Dierckxens y Walter Formento: Ud.
ha señalado que el capitalismo no sólo está en crisis, sino que además
la atraviesa en una etapa de senilidad ¿Cuál es el alcance de dicha
crisis?, ¿puede ser una crisis terminal?
Samir Amin: Es preciso
saber que la supervivencia del capitalismo es imposible sin crecimiento y
no veo posibilidad de otra fase del capitalismo con un crecimiento
sostenido. Lo que no significa que el régimen vaya a morir lenta y
silenciosamente de muerte natural. Al contrario, el capitalismo senil se
vuelve más agresivo con contradicciones internas más grandes. Para los
pueblos la crisis sistémica del capitalismo implica la creciente
desigualdad en la distribución de los beneficios y de las riquezas
dentro de las sociedades, que se acompaña de un profundo estancamiento,
por un lado, y la profundización de la polarización global por el otro.
Sin crecimiento en la economía real el
sistema capitalista no puede funcionar sino es yendo de crisis en crisis
y de burbuja en burbuja. Esto conduce ineludiblemente a su muerte. Está
por ver aún si con los megaproyectos de la Ruta de la Seda impulsados a
pura deuda logren una reactivación de la acumulación de capital en la
economía real. No podemos pensar en una prolongación indefinida de esta
forma de gestión de la sociedad humana.
El capitalismo creó las condiciones para
la aparición de una etapa superior de la civilización humana. En mi
opinión no vamos a volver a la época dorada de los años ochenta, hemos
entrado en la profundización de la crisis sistémica y por eso afirmo que
no puede haber salida a la crisis si no es saliendo del capitalismo en
crisis. Lenin pensaba que la primera larga crisis estructural del
capitalismo iba a ser la última; pensaba que el inicio de la creación de
una etapa nueva de desarrollo de la civilización iba a imponerse como
respuesta a esta larga crisis. De nuevo hemos de preguntarnos si esta
larga crisis va ser la última o no, pero en todo caso sólo podemos
actuar para que lo sea.
WD y WF: ¿Qué concepción de “democracia” se deriva de este sistema capitalista?
SA: Vemos respuestas
positivas en el Sur en torno a la soberanía que se expresan por lo que
se llama los “países emergentes positivos”. El caso de países emergentes
“positivos” en esta dirección es el de China que intenta asociar su
proyecto emergente nacional y social para su posterior integración en la
mundialización, sin renunciar a ejercer el control sobre su soberanía
ni someter a otros países, que se integren en el Mundo Multipolar, a
renunciar a su soberanía. Esto hace posible tener en perspectiva otra
soberanía. Una soberanía popular, en oposición a la soberanía
nacionalista burguesa de las clases dominantes. Una soberanía concebida
como un vehículo de liberación, haciendo retroceder primero que nada la
globalización unipolar contemporánea que suprime la soberanía a escala
mundial.
Podemos hablar en China, incluso en
Rusia, de un nacionalismo antiimperialista, por tanto, que nada tiene
que ver con el discurso demagógico de un nacionalismo local que
aceptaría inscribir las perspectivas del país implicado en la
globalización local, que considera al vecino más débil como su enemigo.
La soberanía popular se da el objetivo de transferir un máximo de
poderes reales a las clases populares lo que sería realmente una
democracia. Estos pueden ser tomados hasta en los niveles locales,
pudiendo entrar en conflicto con la necesidad de una estrategia a nivel
del Estado.
WD y WF: Desde una
de sus obras principales (La acumulación a escala global) ha venido
sosteniendo que la relación centro-periferia es central en el desarrollo
capitalista. En el estado actual del capitalismo que viene
describiendo, ¿cómo se configuran hoy estas relaciones centro-periferia?
Y, en particular, ¿cómo opera su concepto “desconexión” en este
escenario?
SA: La
necesidad de desconectarse no está planteada en términos de autarquía,
sino como necesidad de abandonar los valores que parecen estar dados
naturalmente por el capitalismo, para lograr poner en pie un
internacionalismo de los pueblos que luche contra éste. La necesidad de
desconexión es el lógico resultado político del carácter desigual del
desarrollo del capitalismo, pero también la desconexión es una condición
necesaria para cualquier avance de los pueblos, socialista, tanto en el
Norte como en el Sur.
La mundialización es un fenómeno tan
antiguo como la humanidad, sin embargo, en las antiguas sociedades ésta
ofrecía oportunidades para las regiones menos avanzadas de alcanzar a
las demás. Por el contrario la globalización moderna, asociada al
capitalismo, es polarizante por naturaleza, es decir que la lógica de
expansión mundial del capitalismo produce en sí misma una desigualdad
creciente entre los socios del sistema.
En mi libro “Por un mundo multipolar”,
señalé el desafío de la construcción del mundo multipolar para la
transición hacia el progreso social y democrático en todo el mundo. Mi
amigo André Gunder Frank, que en paz descanse, solía insistir en que
todo el poderío unipolar norteamericano se asienta en dos pilares: el
dólar y el Pentágono. El segundo cae si el primero se logra minar,
fenómeno que hoy parece que estamos presenciando con el creciente peso
del Petro-Yuan-Oro en la economía internacional y que trata este libro
sobre la Crisis Mundial que venimos a presentar.
La diplomacia internacional muestra la
formación de un eje París-Berlín-Moscú-Beijing. El papel de China es muy
grande, ya que cada vez más junto con Rusia podrá ir por un proyecto
soberano. Rusia, China e India son los tres adversarios estratégicos del
proyecto unipolar. El despliegue del proyecto europeo aún no va en la
dirección necesaria, es decir, no tiene aún la mirada hacia el Este. Es
de valor estratégico su determinación pero en el ´viejo continente´ aún
actúan como vasallos a pesar de que hay expectativas positivas y,
contradictoriamente, gracias a la política de Trump frente a la Unión
Europea, liberándolos de su condición de vasallos impotentes.
WD y WF: América
Latina no es la región más pobre del mundo, pero sí la más desigual. ¿Es
posible combatir y reducir las desigualdades al interior del sistema
capitalista?
SA: Vemos respuestas
positivas en el Sur que se expresan por lo que se llama “los países
emergentes”. El caso de emergencia positiva en esta dirección es la de
China que intenta asociar su proyecto emergente nacional y social para
su posterior integración en la mundialización, sin renunciar a ejercer
el control sobre su soberanía ni someter a otros países que se integren
en el Mundo Multipolar a renunciar a su soberanía. Esto hace posible
tener en perspectiva otra soberanía. Una soberanía popular, en oposición
a la soberanía nacionalista burguesa de las clases dominantes. Una
soberanía concebida como un vehículo de liberación, haciendo retroceder
primero que nada la globalización unipolar contemporánea que suprime la
soberanía a escala mundial.
Podemos hablar de un nacionalismo
antiimperialista, por tanto, que nada tiene que ver con el discurso
demagógico de un nacionalismo local que aceptaría inscribir las
perspectivas del país implicado en la globalización local, que considera
al vecino más débil como su enemigo. La soberanía popular se da el
objetivo de transferir un máximo de poderes reales a las clases
populares. Estos pueden ser tomados hasta en los niveles locales,
pudiendo entrar en conflicto con la necesidad de una estrategia a nivel
del Estado.
WD y WF: Tras
la oleada de gobiernos que de alguna manera intentaron expresar
demandas populares, América Latina vive un proceso caracterizado por un
giro a la derecha y la restauración neoconservadora. En este contexto,
¿cómo analiza las posibilidades de desconexión en la región?
SA: Vimos una primera
oleada del despertar del Sur con la conferencia de Bandung y la creación
del movimiento de los países no alineados en 1955. Por cierto, algunas
de estas naciones se cuentan entre las más antiguas de la historia
universal. Me parece que hemos entrado en una segunda oleada, comparable
pero en condiciones muy distintas. Hoy lo llamaríamos el empuje de los
países emergentes. Primero China, aunque no únicamente, también otros
grandes países continentales como India o Brasil, y también países de
tamaño medio como algunos de Asia del sureste y otros lugares. América
Latina se está sumando cautelosamente a esta segunda oleada. ¿Qué
pasará? ¿Esta segunda oleada pondrá en tela de juicio el capitalismo o
únicamente va a poner en tela de juicio la dimensión imperialista del
capitalismo?
La pregunta que surge entonces es:
¿emergente de qué? Emergente de nuevos mercados en este sistema en
crisis controlado por los monopolios de la tríada (de los imperialismos
tradicionales, de la tríada Estados Unidos, Europa Occidental y Japón) o
de las sociedades emergentes? Los nacionalismos imperialistas han
estado en el origen de dos guerras mundiales, fuente de estragos sin
precedentes. Se entiende que estos nacionalismos sean percibidos como
nauseabundos. Hablamos de otra soberanía. Una soberanía popular, en
oposición a la soberanía nacionalista burguesa de las clases dominantes.
WD y WF: Argentina
se encuentra en estos momentos negociando un nuevo acuerdo con el Fondo
Monetario Internacional. ¿Qué rol le asigna al endeudamiento externo en
este modelo de dependencia centro-periferia?
SA: La búsqueda de una
solución capitalista a una crisis capitalista es ilusoria. Por otra
parte no soy de los que denigran a este paréntesis histórico. En
términos de endeudamiento, el balance es muy costoso, sobre todo para
los que se endeudan, sean individuos, pueblos o Estados, pero es muy
rentable solo para el capitalismo financiero. Los desequilibrios
internacionales crean una nueva base para hacer negocios rápidos. Los
desequilibrios internacionales van a crear una nueva fase caracterizada
por el desorden nacional, internacional y por la violencia. Nosotros
hemos entrado en esta fase, la fase de un caos cada vez mayor. Las
regiones y las clases sociales más vulnerables son las más golpeadas, y
con mayor virulencia. Estas responderán a esta situación, pero hemos de
saber cuál será la salida de esta crisis.
Sin una intervención política
consciente, coherente, el régimen se perpetuará. Cuando de lo que se
trata es de terminar con él. Pero, si lo hace, ¿a qué precio? No debemos
dejar que se renueve, debemos imaginar la salida alternativa a este
sistema.
WD y WF: ¿Qué rol
tiene la izquierda en el escenario capitalista actual? ¿Cree que son
posibles las respuestas globales, o hay que concentrarse en las
transformaciones nacionales?
SA: La puesta en marcha
de la construcción de una nueva Internacional de los Trabajadores y los
Pueblos considero, de la unidad de los trabajadores y los pueblos, es
tarea muy necesaria hoy ante la brutal ofensiva
“conservadora-neoliberal” en diversas regiones del planeta contra los
movimientos sociales, lo que exigirá años de esfuerzo antes de dar
resultados tangibles.
Un siglo después de la Revolución Rusa
ha regresado la globalización y otra vez va por el mismo camino, pues,
el actual sistema ha avanzado en la ruta de su descomposición caótica y
abre con ello el camino a la cristalización posible de una nueva
situación revolucionaria.
WD y WF: En Europa,
Estados Unidos y otros puntos del centro capitalista, la mundialización
hoy aparece ligada a un nuevo auge del autoritarismo. ¿Cómo analiza en
este sentido la experiencia de Trump, y el resurgimiento de expresiones
de extrema derecha en Europa con expectativas de alcanzar el poder?
SA: Los cambios
vinculados a acontecimientos como Brexit y la elección de Trump en modo
alguno cuestionan de fondo el poder de la oligárquica y su proyecto de
globalización como bien aporta este libro sobre La Crisis Mundial (2).
Detrás del Brexit se dibuja lo que ya deberíamos saber: que el Reino
Unido no acepta la Europa alemana, es decir el proyecto de la Unión
Europea. Es preciso situar la victoria electoral de D. Trump y el Brexit
en el marco más amplio de las manifestaciones de la implosión del
sistema. Esta dimensión es sin duda positiva. El discurso de D. Trump se
sitúa en críticas a la globalización liberal. Su tono “nacionalista” y
la política económica real tienen como objetivo reforzar el control por
parte de Washington.
Estados Unidos, uno de los grandes
propulsores del tratado TPP como parte de su estrategia para
contrarrestar el auge de China en el Pacífico, con Trump rompió el
acuerdo. Los países de sudeste asiático, ahora bajo liderazgo de China,
no paran de avanzar en su camino de internacionalización. Trump también
amenaza con la ruptura de la Asociación de Libre Comercio de América del
Norte (NAFTA,) con Canadá y México. En esta perspectiva Trump toma
medidas proteccionistas. Al derogar o modificar Trump el Tratado de
Libre Comercio, rendirá un gran servicio al pueblo de México y Canadá
liberándolos de su condición de vasallos impotentes y por tanto
animándolos a involucrarse en nuevos caminos basados en desarrollo de
proyectos más soberanos populares, orientándose hacia el Mundo
Multipolar impulsado por China y BRICS.
WD y WF: Ud. se
considera más marxista que neo-marxista. 200 años después del nacimiento
de Marx, ¿por qué cree que su legado sigue siendo tan importante para
entender el capitalismo?
SA: El pensamiento
crítico no opta en primer lugar por una carrera académica, sino por una
inserción en la vida política y social con un interés profundo por el
materialismo histórico y poner el conocimiento al servicio de la acción.
El auténtico desafío ayer, hoy y mañana es: conseguir hacer converger
las luchas de los trabajadores y los pueblos para abrir caminos de
transición al socialismo mundial. Considero que sólo llevando al fracaso
el proyecto unipolar, se podrá avanzar hacia un mundo multipolar y
plantearse nuevas conquistas sociales en el camino hacia la superación
de un capitalismo que ha entrado en fase terminal. Revindico la
necesidad de un nuevo internacionalismo de los pueblos asiáticos,
africanos, latinoamericanos y europeos.
Abogo por la puesta en marcha de la
construcción de una nueva Internacional de los Trabajadores y de los
Pueblos, tarea muy necesaria hoy ante la brutal ofensiva
“conservadora-neoliberal” en diversas regiones del planeta contra los
movimientos sociales, lo que exigirá años de esfuerzo antes de dar
resultados tangibles.
Notas:
(1) Viaje que debió posponer por razones familiares.
(2)
Refiere al libro: La Crisis Mundial. Trump, Brexit, BRICS, Francisco.
Wim Dierckxsens y Walter Formento (coords.). Ed. Fabro. Mayo de 2018.
publicado en: http://cctt.cl/2018/08/21/samir-amin-1931-2018-requiem-entrevista/
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