SOLEDAD Y LOS ESPEJOS ROTOS por Gregorio Mondaca Crestto
SOLEDAD Y LOS ESPEJOS ROTOS por Gregorio Mondaca Crestto Puente Alto, Septiembre de 2025 El sudor El primer aviso siempre es corporal: esa gota que resbala por la nuca como caracol en cámara lenta, pegajosa, tibia, anunciando que algo se rompe por dentro. Soledad Ossa... —apellido del fugaz pololo de ojos claros de su mama— apretaba los dientes frente a la videollamada mientras su jefe pontificaba sobre "crecimiento profesional" desde una oficina panorámica en Las Condes. Ella respiraba aire reciclado en un cubículo sin ventanas, con olor a café recalentado y ansiedad colectiva. Inhalar. Retener. Exhalar. Las técnicas de YouTube no funcionaban cuando el cuerpo decidía rendirse en horario laboral. Su pecho se cerraba como puerta de vagón del metro atochado. Las manos, frías como baranda metálica de madrugada. Sus compañeras seguían tecleando —tac-tac-tac— ajenas al pequeño naufragio que ocurría dos escritorios más allá. De pronto, su cuerp...