El exilio y la tiroides: cuando el sufrimiento deja huellas en el cuerpo

El exilio y la tiroides: cuando el sufrimiento deja huellas en el cuerpo


 
Hay heridas que no se ven, pérdidas que no siempre se nombran y sufrimientos que, aunque intentemos ocultarlos, forman parte de nuestra historia.
 
Por Leandra Brunet
 
Decidí escribir este artículo después de asistir a un extraordinario encuentro dedicado a las secuelas del exilio. Escuchar las experiencias, los recuerdos y las reflexiones compartidas me llevó a pensar en una dimensión que merece mayor atención: la relación entre las heridas emocionales de quienes han vivido el exilio y su salud física.
 
Porque hay sufrimientos que no siempre encuentran palabras, pero que merecen ser escuchados y comprendidos.
 
La tiroides: una pequeña glándula, una función esencial
 
La tiroides es una pequeña glándula situada en la parte anterior del cuello, pero desempeña una función fundamental en nuestro organismo. Regula el metabolismo, la temperatura corporal, el ritmo cardíaco y los niveles de energía, además de influir en numerosos procesos relacionados con nuestro bienestar.
 
Cuando no funciona correctamente, el cuerpo puede manifestarlo de distintas maneras: cansancio persistente, cambios de peso, caída del cabello, alteraciones del sueño, ansiedad, tristeza, irritabilidad o dificultades para concentrarse.
 
Pero hay una realidad humana que merece una atención especial: la experiencia del exilio y su posible relación con la salud tiroidea.
 
El exilio: una experiencia que deja huella
 
Muchos exiliados han tenido que abandonar su tierra no por voluntad propia, sino por circunstancias políticas, sociales o personales que les arrebataron la posibilidad de elegir dónde vivir.
 
Marcharse supone dejar atrás la familia, los amigos, las costumbres y el entorno en el que se construyó una identidad. También significa enfrentarse a la incertidumbre de comenzar una nueva vida, muchas veces lejos de las personas queridas.
 
Aunque se consiga estabilidad en otro país, la separación puede seguir generando tristeza, nostalgia y un sentimiento de pérdida que acompaña a la persona durante años.
 
¿Puede el sufrimiento del exilio influir en la tiroides?
 
El estrés prolongado, la incertidumbre, la separación familiar y las experiencias traumáticas pueden afectar al bienestar psicológico y a distintos sistemas del organismo, incluidos los sistemas hormonal e inmunitario.
 
La investigación científica ha encontrado asociaciones entre acontecimientos vitales muy estresantes y algunas enfermedades tiroideas autoinmunes, como la enfermedad de Graves.
 
Sin embargo, debemos ser rigurosos: no está demostrado que el exilio cause directamente enfermedades de la tiroides. Estas patologías tienen un origen complejo, en el que intervienen factores genéticos, inmunológicos, ambientales y hormonales.
 
Lo que sí sabemos es que vivir durante años bajo una intensa carga emocional puede repercutir en la salud.
 
Por eso, cuando hablamos de exiliados que padecen alteraciones tiroideas, no deberíamos limitar nuestra mirada a una analítica. También debemos interesarnos por sus experiencias vitales y por las circunstancias que han tenido que afrontar.
 
El cuerpo y las emociones
 
Muchos exiliados han aprendido a ser fuertes por necesidad. Han tenido que adaptarse, trabajar, integrarse y seguir adelante, incluso cuando atravesaban momentos de profundo sufrimiento.
 
A veces no hay tiempo para elaborar las pérdidas. Otras veces, el dolor se guarda en silencio para no preocupar a los seres queridos.
 
Esta carga emocional puede favorecer la aparición de ansiedad, tristeza, soledad y problemas de sueño. Aunque no podemos atribuir una enfermedad concreta a una emoción determinada, sí debemos reconocer que la salud física y la emocional están estrechamente relacionadas.
 
Cuando el cuerpo pide atención
 
No debemos normalizar el agotamiento permanente, los cambios inexplicables de peso, las alteraciones del estado de ánimo o la falta de energía.
 
Ante estos síntomas, es importante consultar con un profesional sanitario y valorar el funcionamiento tiroideo mediante pruebas como la TSH y la T4 libre, según las circunstancias de cada persona.
 
También es fundamental atender la salud emocional, especialmente cuando existen antecedentes de persecución, violencia, separación familiar o experiencias traumáticas.
 
El acompañamiento psicológico, las redes de apoyo y la recuperación de los vínculos pueden ayudar a aliviar el sufrimiento y favorecer la adaptación a una nueva realidad.
 
Las nuevas generaciones: herederas de una historia que no vivieron
 
El exilio no termina necesariamente con quienes cruzaron una frontera. En muchos casos, continúa presente en sus hijos y nietos, incluso en aquellos que nacieron lejos de la tierra de sus padres o abuelos.
Las nuevas generaciones crecen escuchando historias de un país que quizá nunca han conocido. Heredan recuerdos familiares, fotografías, nostalgias, relatos de injusticias y, a veces, silencios difíciles de comprender.
 
Algunos crecen entre dos identidades: la del país donde nacieron y la de aquella tierra que forma parte de sus raíces familiares. Pueden sentir una pertenencia dividida, preguntas sin respuesta o una responsabilidad emocional hacia una historia que no protagonizaron.
 
También pueden experimentar las consecuencias del sufrimiento de sus padres y abuelos. La ansiedad familiar, los miedos, la sobreprotección, las separaciones y las dificultades para hablar del pasado pueden influir en su desarrollo emocional.
 
¿Puede todo esto repercutir en su salud?
 
Las experiencias adversas durante la infancia y el estrés familiar pueden influir en el bienestar psicológico y físico. Sin embargo, no debemos establecer una relación directa entre la herencia del trauma y las enfermedades tiroideas. No hay evidencia suficiente para afirmar que los descendientes de exiliados tengan mayor riesgo de padecer alteraciones tiroideas por el simple hecho de pertenecer a una familia exiliada.
 
Lo verdaderamente importante es reconocer que el legado del exilio también puede ser emocional y que las nuevas generaciones necesitan espacios para conocer su historia, expresar sus sentimientos y construir su propia identidad sin cargar con sufrimientos que no les corresponden.
 
No tienen que heredar el dolor para conservar la memoria.
 
Pueden honrar la historia de sus familias desde la libertad, el conocimiento y la esperanza. Porque recordar de dónde venimos no significa renunciar a construir nuestro propio destino.
 
Cuidar la salud es también escuchar la historia personal
 
Detrás de cada exiliado y de cada familia marcada por el exilio hay una historia que merece ser escuchada.
No basta con conocer los síntomas. También es importante comprender las circunstancias en las que las personas han vivido y las dificultades que han tenido que superar.
 
La atención sanitaria debería contemplar a la persona en su totalidad, sin separar artificialmente su dimensión física de su bienestar emocional.
 
Una reflexión final
 
No podemos afirmar que la tiroides enferme por la tristeza de abandonar la patria. Pero tampoco debemos ignorar el impacto que el estrés, las experiencias traumáticas y el sufrimiento prolongado pueden tener sobre la salud.
 
Quizá no todas las enfermedades tengan un mensaje emocional detrás, pero todas las personas merecen ser escuchadas más allá de sus síntomas.
 
El exiliado puede encontrar un nuevo hogar, reconstruir su vida y recuperar la esperanza, sin dejar de añorar la tierra que tuvo que abandonar.
 
Y sus hijos y nietos pueden conservar esa memoria sin tener que vivir prisioneros de las heridas del pasado.
 
Reconocer el sufrimiento, respetar la memoria y ofrecer apoyo a quienes han vivido las consecuencias del exilio también es una forma de cuidar su salud.
 
Porque cuidar el cuerpo significa cuidar a la persona, su historia y su dignidad.
 
Leandra Brunet 
 
Publicado en facebook por la autora: 

Leandra Brunet

 

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