Canadá: el exilio chileno, la memoria y los lazos que cruzaron América Latina
Canadá: el exilio chileno, la memoria y los lazos que cruzaron América Latina
Por Leandra Brunet
Medio siglo después del golpe de Estado de 1973, las historias de los chilenos que encontraron refugio en Canadá siguen revelando una experiencia marcada por la pérdida, la reconstrucción de la vida y la lucha por preservar la memoria. Su historia también forma parte de una diáspora latinoamericana que convirtió el exilio en un espacio de solidaridad, identidad y resistencia cultural.
Dejar Chile para salvar la vida...
El 11 de septiembre de 1973 marcó un antes y un después en la historia de Chile. El golpe militar que derrocó al presidente Salvador Allende dio inicio a una dictadura encabezada por Augusto Pinochet, durante la cual miles de personas sufrieron persecución política, prisión, tortura, desaparición forzada y exilio.
Para muchas familias, abandonar Chile no fue una decisión libre, sino una necesidad para proteger la vida. La partida significó dejar atrás hogares, trabajos, amistades, proyectos políticos y familiares. También implicó una incertidumbre profunda: nadie sabía con certeza cuándo sería posible regresar.
Canadá se convirtió en uno de los destinos de acogida. Según el Museo Canadiense de Inmigración en Pier 21, cerca de 7.000 refugiados chilenos llegaron al país entre 1973 y 1978. Su admisión estuvo vinculada tanto a la situación represiva en Chile como a las gestiones de organizaciones humanitarias y grupos de solidaridad que reclamaban una respuesta del Gobierno canadiense.
Fuente histórica: Museo Canadiense de Inmigración, 1973: Canada’s Response to the Chilean Refugees.
Comenzar de nuevo en un país desconocido
La llegada a Canadá abrió una nueva etapa, pero no borró las experiencias vividas. Para los recién llegados, construir una vida significaba aprender otro idioma, encontrar vivienda y empleo, comprender las instituciones y adaptarse a una sociedad con costumbres diferentes.
Toronto y Montreal se convirtieron en importantes centros de la comunidad chilena. También se establecieron familias en otras ciudades, entre ellas Ottawa, Winnipeg y Vancouver.
En algunos casos, la presencia de compatriotas facilitó los primeros pasos. Compartir un idioma, una comida o una conversación permitía recuperar algo de familiaridad en medio del desarraigo. Las redes comunitarias ayudaron a encontrar alojamiento, intercambiar información, organizar actividades culturales y mantener los vínculos con Chile.
Sin embargo, la adaptación no fue igual para todos. Las experiencias estuvieron condicionadas por la edad, las circunstancias de la salida, los recursos económicos, las redes familiares y las posibilidades de integración. Para algunas personas, el exilio significó reconstruir su trayectoria profesional; para otras, implicó aceptar trabajos distintos de aquellos que habían desempeñado en su país.
Detrás de cada historia migratoria había una experiencia individual que no puede reducirse a una cifra estadística.
Las voces que preservan la historia
La memoria del exilio se construye, en gran medida, a través de quienes vivieron aquellos acontecimientos y de las generaciones que crecieron escuchando sus relatos.
El documental Exilio. El peso de la memoria, dirigido por Leuten Rojas en 2019, reúne testimonios de chilenos que llegaron a Canadá durante los años setenta, de sus hijos y de familiares que permanecieron en Chile. Filmado en Vancouver, Toronto, Montreal, Ottawa y Santiago, aborda las consecuencias del exilio, los reencuentros familiares y la identidad de quienes se reconocen como canadienses de origen chileno.
La película permite acercarse a una dimensión fundamental de esta historia: el exilio no terminó necesariamente cuando las personas encontraron un lugar donde vivir. Sus consecuencias continuaron presentes en las relaciones familiares, en los recuerdos y en las preguntas sobre el retorno.
Consultar la ficha del documental en el sitio oficial de la conmemoración del golpe de Estado de 1973.
Otro aporte importante es el libro Chilenos en Toronto: Memorias del Exilio, publicado originalmente por la organización Casa Salvador Allende de Toronto. La obra reúne diferentes perspectivas sobre la comunidad chilena que se estableció en esa ciudad entre 1973 y 1990.
Sus testimonios y análisis muestran por qué resulta necesario conservar las memorias personales: permiten conocer no solo los acontecimientos políticos, sino también la vida cotidiana, las redes de apoyo y las formas en que las personas reconstruyeron sus comunidades.
Fuente: Consulado de Chile, reseña de Chilenos en Toronto: Memorias del Exilio.
Los hijos del exilio: heredar una historia
Para quienes eran niños cuando sus familias llegaron a Canadá, la experiencia tuvo características particulares. Muchos debieron aprender un idioma nuevo mientras sus padres trataban de adaptarse a una sociedad desconocida. Otros crecieron entre dos culturas, con recuerdos fragmentados de Chile o con una relación con el país de origen construida principalmente a través de los relatos familiares.
En estas familias, la memoria podía transmitirse mediante conversaciones, fotografías, cartas, canciones, celebraciones y visitas a Chile. En ocasiones, también se transmitía a través de silencios: temas difíciles que los adultos evitaban abordar o recuerdos que resultaba doloroso compartir.
La segunda generación heredó, por tanto, una historia que no siempre había vivido directamente. Sus integrantes tuvieron que encontrar sus propias maneras de comprender el pasado de sus padres y definir su identidad.
El libro 50 años después: Testimonios del exilio en Canadá constituye un punto de partida para explorar estas experiencias intergeneracionales y la relación de los descendientes con la historia familiar.
Este proceso invita a ampliar la pregunta sobre el exilio. No se trata únicamente de saber qué ocurrió con quienes abandonaron Chile, sino también de comprender qué sucedió con sus familias, cómo se transmitieron los recuerdos y qué significado conserva esa historia para quienes nacieron o crecieron lejos del país de origen.
Canadá y la solidaridad latinoamericana
La historia chilena en Canadá forma parte de un fenómeno más amplio. Durante las décadas de 1970 y 1980, las dictaduras y los conflictos políticos de América Latina provocaron desplazamientos forzados y la formación de comunidades de exiliados en diferentes países.
Los chilenos que llegaron a Canadá compartieron espacios sociales y culturales con personas de otros orígenes latinoamericanos. En determinados contextos, esas relaciones favorecieron campañas de solidaridad, actividades culturales y acciones destinadas a denunciar las violaciones de derechos humanos en la región.
Sin embargo, cada comunidad tuvo su propia trayectoria. Las causas de la salida, las condiciones de llegada y las experiencias de integración variaron según el país y las circunstancias personales. Por ello, una historia común de desplazamiento no significa que todos los exilios fueran iguales.
Investigar estas conexiones permite comprender cómo las experiencias locales se vincularon con procesos transnacionales: la circulación de información, las campañas de solidaridad, las relaciones entre organizaciones y la conservación de una identidad cultural a miles de kilómetros de distancia.
En este sentido, la comunidad chilena en Canadá no fue solamente receptora de ayuda. También participó en la construcción de espacios de memoria, cultura y compromiso público que mantuvieron presente la situación de Chile ante la sociedad canadiense.
La memoria como responsabilidad colectiva
Cincuenta años después del golpe, los testimonios del exilio permiten aproximarse a una historia que sigue teniendo significado para distintas generaciones. Escuchar a quienes partieron, preservar sus documentos y reconocer las experiencias de sus descendientes son formas de contribuir a una memoria colectiva más amplia.
La historia del exilio chileno en Canadá no se limita a la llegada de refugiados a un nuevo país. Habla también de la capacidad de reconstruir una vida, de las dificultades de pertenecer a dos lugares y de los vínculos que sobreviven a la distancia.
Recuperar esas voces significa reconocer que detrás de los grandes acontecimientos históricos existen personas y familias cuyas experiencias merecen ser documentadas. También significa comprender que la memoria no pertenece exclusivamente al pasado: se transmite, se transforma y adquiere nuevos sentidos con cada generación.
Canadá se convirtió para muchos chilenos en un lugar donde comenzar de nuevo. Pero Chile continuó presente en sus recuerdos, sus vínculos familiares y sus expresiones culturales. Entre ambos países se construyó una historia que forma parte tanto de la memoria chilena como de la historia de la migración y del exilio latinoamericano.
Preservar esas historias es una manera de reconocer a quienes tuvieron que partir y de asegurar que las generaciones futuras puedan conocer no solo por qué se fueron, sino también cómo reconstruyeron sus vidas y mantuvieron viva su memoria.
Fuentes consultadas
1. Museo Canadiense de Inmigración en Pier 21. 1973: Canada’s Response to the Chilean Refugees.
2. Consulado de Chile. Chilenos en Toronto: Memorias del Exilio.
3. Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile. Exilio. El peso de la memoria.
4. Radio Canadá Internacional, sección en español. Especial sobre Chile y el golpe de Estado de 1973.
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