Chile: EL NIVEL DE DESTRUCCIÓN DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA ES TOTAL (en casi todo el mundo)

Chile: EL NIVEL DE DESTRUCCIÓN DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA ES TOTAL (en casi todo el mundo)



Lo triste es que se rechazó la solución. / Por vitrina Informativa.
 
🔺Los 100 colegios de Chile que obtuvieron mejores puntajes en la PAES:
✔️96 son Particulares Pagados
✔️1 es Particular Subvencionado
✔️3 son Municipales. 
 
OJALÁ QUE SE ENTIENDA EL TRUCO. 
 
Queda en evidencia, cómo ocurre hace décadas, la REPRODUCCIÓN SOCIAL DE LA RIQUEZA, a través del sistema educativo o escolar segregado por Raza, clase y religión, o en otros términos, tecnología del poder biopolitica, sociedades disciplinarias de normalización de lo bueno, lo malo y lo feo según criterios económicos de estandarización del valor humano y su productividad (ni que nos fueran a comer otros seres para los que se nos prepara).  
 
Ojalá que alguien entienda el truco. Si lo hace a través de las imágenes, expliqueselo a todos sus amigos y familiares. Así contribuiremos a la comprensión del medio social de la sociedad moderna ligada al neoliberalismo. 
 
Las sociedades modernas son sociedades disciplinarias de normalización, en dos sentidos. Uno es la normalización en términos disciplinarios propiamente, es decir, la adaptación de los cuerpos individuales a un sistema de producción, a través de las adecuacion de las conductas a un sistema determinado de programación y exigencias según requerimientos del mercado.
 
El otro es la normalización biopolítica, es decir, la normalización de las poblaciones, sujeción de los cuerpos a las tecnologías que intervienen sobre la salud, la sexualidad, la herencia biológica o racial, la higiene, clasificando a la población y distribuyendo a sus miembros en el mapa definitorio de lo normal y lo anormal, de la peligrosidad criminal, de la enfermedad y la salud. 
 
 
HACIA OTRO PARADIGMA EDUCATIVO 
 
Publicado por HOPE abril 29, 2015 
 
ENSEÑANDO A LOS NIÑOS CÓMO PENSAR, EN LUGAR DE QUÉ PENSAR 
 
Por: Jorge Ramos
 
Fuente: Preparemosnos para el cambio
Fecha: 09-02-2015 
 
El sistema no quiere pensadores. No quiere que la gente cuestione sus métodos. Quiere una población que pueda ser fácilmente manipulada y controlada para que renuncien a todo su poder para la élite.
En este momento nuestro sistema educativo está haciendo más para adoctrinar a nuestros hijos que para educarlos. De hecho, ese ha sido el caso desde hace bastante tiempo. 
 
A nuestras mentes jóvenes se les dice que acepten la autoridad como verdad en lugar de la verdad como autoridad, y los maestros hablan a los estudiantes en lugar de con ellos. Los maestros se han convertido en repetidores de información. Simplemente están regurgitando todo lo que una vez aprendieron de sus propios maestros, y perpetuando el reciclaje de la información; información que ha logrado evadir el escrutinio por generaciones. 
 
Los niños ya no son los dueños de su propio aprendizaje, y en su lugar, sus mentes están siendo tratadas como contenedores de almacenamiento. 
 
El modelo de fábrica de la educación, con su enfoque en el elitismo académico y económico, está produciendo trabajadores obedientes para el sistema, animados a conformar cada paso del camino.
No estamos siendo tratados como seres humanos orgánicos, creativos, investigativos, sino como partes de una máquina. El sistema educativo está filtrando la naturaleza inquisitiva de nuestro ser, con el objetivo último de evitar la disidencia contra el sistema. 
 
Hay quienes dicen que las habilidades del pensamiento crítico no pueden enseñarse en las escuelas. Sócrates es probable que se burlase de esa noción, si él siguiera vivo hoy. Fue Sócrates quien dijo: "No puedo enseñar nada a nadie; sólo puedo hacerles pensar." 
 
Si hemos de resolver el problema del adoctrinamiento en nuestro sistema escolar, tenemos que aprender a empezar a hacer preguntas en vez de dar respuestas. El verdadero aprendizaje se logra a través del proceso de investigación. 
 
Los niños tienen que ser alentados a buscar las respuestas por sí mismos. Corresponde a los profesores proporcionar las herramientas y recursos necesarios para que los niños lleven a cabo estas investigaciones y hacer descubrimientos significativos. 
 
Una pregunta bien formada hará más para inspirar que cualquier número de respuestas. En todas las facetas de nuestras actividades educativas, se vuelve crucial comenzar un diálogo abierto con nuestros estudiantes, fomentar el debate sano y hacer que formen sus propias conclusiones. 
 
La importancia de enseñar la filosofía en las escuelas no se puede subestimar. 
 
En un mundo donde la mayoría de la humanidad está corriendo en la máquina para correr con los ojos vendados, es primordial que re-evaluemos nuestras propias perspectivas de vez en cuando, y mirar el cuadro grande. 
 
Lo que la enseñanza de filosofía hace es que nos pone a pensar, nos hace cuestionar, y nos hace contemplar. Sin estas habilidades, la humanidad va a seguir funcionando en piloto automático, y permitiremos a aquellos en el poder seguir dominando, oprimiendo y esclavizándonos en todos los sentidos. 
 
Tenemos que recuperar nuestra propia mente... 
 
 
LA EDUCACIÓN COMO ANTROPOTÉCNICA.
 
Santiago Castro-Gómez 
 
Agradezco a los compiladores de este volumen por haberme invitado a comentar brevemente los textos aquí presentados. No soy un especialista en temas de educación, aunque desde hace años he seguido con interés los trabajos del grupo Historia de la práctica pedagógica, y particularmente el modo en que algunos de sus integrantes se han apropiado creativamente de la obra de Michel Foucault.
 
Yo mismo he utilizado las herramientas conceptuales creadas por Foucault para mis propias investigaciones, de modo que no sorprende si es posible detectar un vínculo estrecho entre los trabajos de Olga Lucía Zuluaga, Alberto Martínez, Carlos Noguera, Oscar Saldarriaga, Javier Sáenz, etc. y mis propios trabajos sobre la ‘historia de las prácticas gubernamentales en Colombia’. Pues, tal como intenta mostrar este volumen, las prácticas pedagógicas pueden ser vistas como prácticas gubernamentales.
 
Ahora bien, el problema aparece cuando se quiere mostrar que la pedagogía y la educación modernas son, ‘en el mismo sentido y bajo las mismas circunstancias’, prácticas gubernamentales y prácticas biopolíticas. Se trata básicamente de un problema de orden teórico. En otro lugar he mostrado cómo el concepto de gubernamentalidad fue desarrollado por Foucault en sus cursos de 1978 y 1979 para resolver una serie de problemas teóricos que no podían ser abordados con el concepto de biopolítica. Un examen cuidadoso del lugar que ocupan estos dos cursos en el corpus de Foucault nos enseña que el concepto de biopolítica es ‘provisional’ en la obra del filósofo, y que el proyecto de una genealogía del biopoder anunciado en 1976 con la publicación de La voluntad de verdad, fue definitivamente abandonado en nombre de un proyecto mucho más amplio y ambicioso que el propio Foucault denominó Historia de la gubernamentalidad (Castro-Gómez, 2010b).
 
Me da la impresión, sin embargo, que algunos de los artículos aquí reunidos utilizan biopolítica y gubernamentalidad como conceptos inmediatamente equivalentes o incluso sinónimos. 
 
Esto se debe quizás a que el ‘poder sobre la vida’ al que hace referencia el concepto de biopolítica, se confunde con la ‘gestión de la vida’ a la que hace referencia el concepto de gubernamentalidad. Pero debemos tener en cuenta que en los dos casos no se está hablando ni del mismo tipo de ‘poder’, ni del mismo tipo de ‘vida’. En cuanto al tema del poder, el concepto gubernamentalidad supone un ajuste con el modelo bélico-estratégico que Foucault había heredado de Nietzsche en sus análisis genealógicos de los años setenta. En aquel modelo, recordemos, la subjetividad aparecía como un simple ‘efecto’ de relaciones de fuerza, como una reverberación formada en el cruce del saber con el poder. En el modelo gubernamental, por el contrario, la subjetividad aparece como una dimensión relativamente independiente del saber y del poder, de tal modo que ser ‘sujeto’ no equivale directamente a estar ‘sujetado’ –como ocurría en el primer modelo–, sino que refiere a la posibilidad de conducir autónomamente la propia conducta. 
 
Diríamos entonces que el concepto gubernamentalidad, entendido por Foucault como nueva ‘grilla de inteligibilidad’ para su analítica del poder, coloca en el centro el problema de la ‘conducción de la conducta’. Bien que tal conducción sea realizada por instancias exteriores al sujeto, bien que sea realizada por el sujeto mismo. Desde el nuevo modelo de la gubernamentalidad, el poder es visto como un ‘juego de acciones sobre acciones’ y ya no como un conjunto de relaciones de dominación.
 
En cuanto al tema de la vida, Foucault había dicho en La voluntad de saber que la biopolítica es una tecnología de poder que se orienta hacia el fortalecimiento de las condiciones de vida de los hombres, entendiendo con esto la gestión política de variables tales como la natalidad, la mortalidad, la salud corporal, etc. Es un poder que se ejerce en el ‘nivel biológico de la especie’ con el fin de potenciar las fuerzas físicas, ordenarlas, gestionarlas y hacerlas crecer. Lo biológico entra en el ámbito de la administración estatal y forma parte del juego de las estrategias políticas. No es difícil ver aquí que el concepto biopolítica puede ser usado para mostrar cómo la educación juega en las sociedades disciplinarias como una práctica orientada hacia el gobierno de los cuerpos y, concomitantemente, de las poblaciones. Esto se ha mostrado ampliamente en algunos trabajos del grupo Historia de la práctica pedagógica en Colombia (Sáenz; Saldarriaga; Ospina, 1997; Noguera, 2003; Martínez, 2005), así como en elexcelente trabajo de algunos colegas españoles (Varela; Álvarez-Uría, 1991) y brasileños (Veiga-Neto, 1995; Gallo, 2006; Soares, 2008).
 
Otra cosa muy distinta ocurre cuando no hablamos ya de sociedades disciplinarias sino de sociedades de control, en el sentido señalado por autores como Gilles Deleuze y Maurizio Lazzarato. Y en particular cuando se quiere pensar el significado del ‘gobierno de la vida’ en el marco de las políticas neoliberales. Pues este tipo de gobierno ya nada tiene que ver con la reproducción ‘biológica’ de la especie a través del disciplinamiento de los cuerpos y la administración estatal de variables como el nacimiento, la muerte, la enfermedad, etc., sino con la gestión del ‘capital humano’ mediante la creación de un milieu (gobierno a distancia) en el que son los propios sujetos quienes se comportan como ‘empresarios de sí mismos’. Por eso Lazzarato dice que la categoría biopolítica ya no funciona para el análisis de las prácticas gubernamentales en las sociedades de control y propone utilizar, a cambio, el concepto de noopolítica (Lazzarato, 2006). Por mi parte, y entendiendo que en las sociedades de control se pone en juego otra concepción de ‘vida’, he sugerido que el concepto biopolítica puede seguir siendo útil, siempre y cuando se le entienda como “gobierno de la intimidad en el marco de las tecnologías neoliberales de conducción de la conducta” (Castro-Gómez,2010b).
 
El reciente libro de Jorge Eliécer Martínez (2010) ha mostrado con claridad que la “biopolítica” que se despliega hoy día en las sociedades de control (y que se manifiesta en los modelos educativos implementados por las universidades colombianas) nada tiene que ver con el gobierno de variables ‘biológicas’, sino que emerge de la mano de técnicas de conducción empresarial cuyo objetivo es el gobierno sobre la molecularidad de la vida. También el escritor brasileño Alfredo Veiga-Neto ha visto muy bien que en el contexto de las sociedades de control, la educación ya no puede ser entendida únicamente bajo el modelo del disciplinamiento de los cuerpos, pues el sujeto que intenta formarse ya no es el sujeto-dócil sino el ‘sujeto-cliente’, que debe ser capaz de sopesar con autonomía las diferentes ofertas que se dan en el mercado y escoger entre ellas las que más le convengan (Veiga-Neto, 2000).
Se trata de una educación para la adquisición de ‘competencias’ que permitirán al sujeto ser ‘empresario de sí mismo’ con el fin de actuar competitivamente en el mercado. Pero, se pregunta Veiga-Neto, si acaso no será posible pensar la educación como una ‘resistencia’ frente a los imperativos de la sociedad de control. Una educación que no sea funcional a las técnicas de mercantilización, sino que favorezca el ‘gobierno de sí’ como ‘auto-transformación creativa del sujeto’.
 
Bueno, pues es aquí, precisamente, en este reto de pensar el ‘cuidado de sí’ como línea de fuga, donde se hace pertinente ese nuevo concepto de ‘vida’ al que hacíamos referencia. Ya el propio Foucault, en la clase del 24 de marzo de 1982 correspondiente al curso Hermenéutica del sujeto, habla de la vida (bios) ya no como el correlato de una tekhné, sino como una experiencia de auto-transformación:
 
Pues bien, si la forma de objetividad propia del pensamiento occidental se constituyó cuando, en la declinación del pensamiento, el mundo fue considerado y manipulado por una tekhné, creo que podemos decir lo siguiente. Que la forma de subjetividad propia del mundo occidental […] se constituyó por medio de un movimiento inverso: el día en que el bios dejó de ser lo que había sido durante tanto tiempo para el pensamiento griego, a saber, el correlato de una tekhné, cuando el bios (la vida) dejó de ser el correlato de una tekhné, para convertirse en la forma de una prueba de sí […] Prueba en el sentido de experiencia; es decir que el mundo se reconoce como aquello a través de lo cual hacemos la experiencia de nosotros mismos, nos conocemos, nos descubrimos, nos revelamos a nosotros mismos. Y además, prueba en el sentido de que este mundo, este bios, es también un ejercicio, es decir, aquello a partir de lo cual, a través de lo cual, a pesar de o gracias a lo cual, vamos a formarnos, transformarnos, encaminarnos hacia una meta o una salvación, marchar hacia nuestra propia perfección”. (Foucault, 2006, p. 464)
 
En este pasaje se muestra que el bios del que habla el último Foucault ya nada tiene que ver con el zoe al que se refería en su concepto de biopolítica. La ‘vida’ de la que se habla ahora tiene que ver con la ‘experiencia de sí’, y en particular con los ‘ejercicios’ a partir de los cuales ‘nos conocemos, nos descubrimos, nos revelamos a nosotros mismos’. Pensar en una educación capaz de potenciar este tipo de sujeto conlleva entonces imaginar una especie de paideia posmoderna que suponga un desmarque frente a la educación para el sujeto-dócil de las sociedades disciplinarias, pero también frente a las competencias que requiere el sujetocliente de las sociedades de control. Creo que éste es el camino que emprende el artículo de Dora Marín y Carlos Noguera incluido en este volumen, y que resuena también con el intento de Andrés Klaus Runge Universidad de Antioquia(2005).
 
¿Cuáles pueden ser las dificultades de un proyecto como éste? Para aquellos que utilizan la caja de herramientas de Foucault, el problema mayor parece ser que el filósofo francés no logró completar su proyecto de una ‘genealogía de las prácticas de sí en la modernidad’. Es cierto que las herramientas teóricas disponibles, aquellas referidas a las tecnologías del yo en el mundo greco-romano, pudieran servir para emprender la reconstrucción entre las prácticas pedagógicas y las prácmaticas de auto-gobierno durante los siglos XVII-XIX, y el artículo de Marín y Noguera es un buen ejemplo de eso. Pero también es cierto que en un proyecto semejante aparecen muchas preguntas y lagunas metodológicas que resolver.
No voy a reflexionar ahora sobre este tema en particular, sino simplemente llamar la atención sobre la obra de un pensador contemporáneo que se ha propuesto ‘completar’ el proyecto inconcluso de Foucault, y que le otorga al tema de la educación un papel fundamental. Me refiero al filósofo alemán Peter Sloterdijk y su concepto de antropotécnica. En uno de sus últimos libros titulado Du musst dein Leben ändern (Tienes que cambiar tu vida), Sloterdijk acude a la reflexión del último Nietzsche sobre el renacimiento para detectar allí la emergencia de un ‘virtuosismo inmanente’ centrado en la auto-transformación.
 
El ‘Renacimiento’ es visto como un programa de recuperación (Wiederbelebung) de un ‘arte de la vida’ que durante la Edad Media estuvo confinado en los monasterios y reducido a los monjes, pero que a partir del siglo XV se extiende hacia otras capas de la sociedad y se ‘mundializa’, desencadenando una mutación de la conditio humana (Sloterdijk, 2009). No se trata, por ello, de una simple ampliación de las viejas prácticas ascéticas, sino de un cambio sustancial de las mismas. Según Sloterdijk, las prácticas ascéticas de la modernidad se desmarcan por completo del ideal de la vita contemplativa y del distanciamiento del mundo que acompañó a las antropotécnicas medievales, para convertirse en unas técnicas orientadas hacia la desinhibición y la experimentación constante. Pues mientras que aquellas procuraban una transformación del sujeto con el fin de sujetarlo, de inhibirlo para hacerlo obediente, éstas favorecen en cambio una transformación del sujeto con el fin de des-sujetarlo, de librarlo de las cadenas de la obediencia para lanzarlo hacia los ‘experimentos consigo mismo’. Se trata de una voluntad de superar los límites de resistencia del yo, de ir siempre más allá de sí mismo, de ‘mejorar’ cada vez el despliegue de la propia potencia. Con el Renacimiento asistimos, entonces, al despegue de una cultura de la experimentación que ya no abandonaría más a los hombres modernos. Desde finales del siglo XV, y coincidiendo con el inicio de los viajes transoceánicos (mundialización terrestre), la prohibición medieval del non plus ultra se convirtió en el aliciente para‘ir-siempre-más-allá’.
 
Sloterdijk distingue tres ámbitos que entre el siglo XVI y el XIX se convirtieron en el escenario de esta experimentación constante del sujeto consigo mismo: el arte, la educación y el trabajo (Sloterdijk, 2009). No es éste el momento para explorar el modo en que el filósofo alemán aborda en particular el tema de la educación como antropotécnica.
 
Simplemente diré, para finalizar, que el amor al riesgo, la acrobática de la existencia y la somatización de lo improbable, que desde el siglo XVI caracterizan los hábitos experimentales de muchos humanos, han generado, según Sloterdijk, una ‘mutación antropológica’ de gran alcance. Esta mutación consiste en que las antropotécnicas modernas ya no procuran, como las antiguas, ‘inmunizar’ al sujeto para protegerle psíquica y corporalmente de los embates del destino, sino, todo lo contrario, buscan lanzarlo hacia el exterior de sus esferas primarias, induciéndole a ‘vivir peligrosamente’ en una exterioridad donde domina el riesgo. Pero en vista de la actual crisis de la humanidad, debemos usar esa libertad para generar conductas de auto-inhibición. Pues auto-gobernarse no podrá significar en el futuro otra cosa que ‘auto -limitarse’. No habrá salida de la crisis ecológica sin un cambio radical en los estilos de vida, sin una modificación en los hábitos de consumo. Pero esto no será posible sin aquellos ejercicios (Übungen) de auto transformación de los que hablaba Foucault, es decir, sin el gobierno de nosotros mismos. Si quieres cambiar el mundo, nos dirá Sloterdijk, tendrás que cambiar tu bios. 
 
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