Entrevista a Carmen Castillo publicada en MEDIAPART / Francia, el 17 de septiembre 2026
Entrevista a Carmen Castillo publicada en MEDIAPART / Francia, el 17 de septiembre
2026
Realizada por Joseph Confavreux
“La muerte de Patricio Guzmán despierta una memoria que la extrema derecha chilena quisiera enterrar”
La escritora y cineasta Carmen Castillo reacciona ante el fallecimiento del gran documentalista de la memoria chilena, en un momento en que el presidente de extrema derecha, José Antonio Kast, quiere borrar la época de Allende.
Introducción
11 de septiembre, Estados Unidos conmemora el 25 aniversario de los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono. Al mismo tiempo, en Chile, por primera vez en la historia de ese país desde 1990, ninguna ceremonia oficial ha revivido el recuerdo de otro 11 de septiembre, el de 1973, cuando Salvador Allende, el presidente de izquierda elegido democráticamente, fue derrocado por el golpe de Estado militar liderado por el general Pinochet. El actual presidente chileno, José Antonio Kast, que reivindica su filiación con el dictador fallecido en 2006, quiere hacer desaparecer el recuerdo de los años de Allende, cuyo testimonio y homenaje más conmovedor es, sin duda, la gran obra del cineasta Patricio Guzmán, fallecido el martes 15 de septiembre en París. La película La batalla de Chile, una trilogía de más de cinco horas de duración, filmada en 1972 y 1973 y editada por Patricio Guzmán después de verse obligado a un exilio que lo llevaría primero a Cuba, y luego a España y Francia, tras ser detenido y sometido a simulacros de ejecución, documenta la esperanza suscitada por el gobierno del presidente socialista.
La escritora (en especial del libro Un día de octubre en Santiago, Lom ediciones y cineasta (La Flaca Alejandra, Calle Santa Fe y Aún estamos vivos, entre otras películas) franco-chilena Carmen Castillo, militante del MIR, expulsada del país en 1974, era amiga de Patricio Guzmán.
Entrevistada por Mediapart, repasa su trayectoria cinematográfica y el poder de una obra capaz de vencer la amnesia voluntaria que quiere imponer el nuevo poder de extrema derecha en Chile.
“Mediapart”: Patricio Guzmán, el gran cineasta de la memoria chilena, fallece justo cuando, por primera vez en la historia del país, no se ha organizado nada en torno al 11 de septiembre, fecha en la que Salvador Allende fue derrocado en 1973…
Carmen Castillo: Eso es lo que me impactó en primer lugar. Frente a la oscuridad impuesta por la extrema derecha que hoy gobierna Chile, con un presidente al frente, heredero de la dictadura de Pinochet, que opta por guardar silencio sobre el 11 de septiembre, la muerte de Patricio Guzmán despierta una memoria que José Antonio Kast quisiera enterrar.
Su obra es más fuerte que el mutismo y las censuras que quisieran ocultarla. Su muerte actúa como un último saludo que trae un mensaje: la memoria siempre acaba imponiéndose al olvido. Si los muertos, como escribía John Berger, nunca permanecen donde los enterramos, la noticia del fallecimiento de Patricio saca a relucir una obra más viva que nunca. Su cine irrumpe: abre una brecha por la que nos llegan esas imágenes y esos sonidos, ese archivo sensible de la historia de Chile.
Recordamos, volvemos a ver sus películas y el pasado se pone a circular libremente por nuestro sombrío presente. Como un soplo de vida, reaviva la esperanza.
Pero su muerte –y el momento en que se produce– también nos recuerda que la democracia chilena se equivocó en ceder en el terreno de la batalla de los relatos al no otorgar al trabajo de Patricio, ni al de otros cineastas, el lugar que se merecía. Al no difundir más sus obras como herramientas de transmisión y enseñanza de la verdadera historia del pueblo chileno.
¿Es decir?
Su gran película, La batalla de Chile, que filmó entre 1972 y 1973, y cuya edición terminó cuando tuvo que exiliarse, solo fue proyectada por primera vez en una sala de cine en Santiago en 1997. Ello sucedió en el marco del FIDOCS, el festival de cine documental que él mismo creó para que, por fin, nuestro cine pudiera verse en Chile. Ese espacio de encuentro, reflexión y solidaridad cumplirá treinta años en noviembre. ¿Sobrevivirá bajo este gobierno de extrema derecha?
Aquella proyección de 1997, siete años después del retorno de la democracia, fue un acontecimiento magnífico. Sin embargo, no fue seguida de ninguna difusión real en la televisión nacional. Hubo que esperar hasta 2021, y a que lo hiciera un canal privado, para que la película fuera vista por fin por un público más amplio.
La “transición chilena hacia la democracia” cometió un error gigantesco al no movilizar la memoria y la vivacidad de la experiencia de Salvador Allende, tal y como la retrata la película de Patricio. Al negarse a librar esa batalla de los relatos, esa batalla cultural, dejó el terreno de la memoria de Allende en manos del relato amnésico. Sin embargo, el cine de Patricio disponía de lo necesario para abrir un camino totalmente diferente: romper las temporalidades congeladas, arrancar el pasado de la inmovilidad para convertirlo en una fuerza activa en el presente.
¿De dónde viene esa fuerza?
La batalla de Chile es una obra monumental y reconocida en todo el mundo. La historia de su realización es, también, magnífica. Recuerdo la figura de Chris Marker, sus gestos concretos de solidaridad –película, grabadora de sonido Nagra, etc.– de los que nunca quiso hablar. Había visto El primer año, la primera película de Patricio filmada en 1971, en los primeros meses del gobierno de Salvador Allende, y le gustó.
En 1972, vino a Chile y me encontré con él. Yo no tenía ninguna relación con el cine, pero, como cualquier militante revolucionaria de la época, conocía la importancia de las imágenes, la música, la poesía, la literatura –en definitiva, de la cultura– en la lucha política para defender a Allende y su
gobierno socialista democrático.
El cine de Patricio Guzmán, y en particular la tercera parte de la trilogía, El poder popular, se sostiene precisamente en esa capacidad de captar la realidad al interior mismo del pueblo, lo más cerca posible de los cuerpos y las luchas. No se trata de una epopeya estática ni de una forma de “realismo socialista”, sino de una inmersión en el corazón del movimiento social. Esto es posible, sobre todo, gracias a sutrabajo con Jorge Müller, militante del MIR y extraordinario director de fotografía. Él formará parte de los desaparecidos de la dictadura de Pinochet. Aquí, el documental se construye a partir de los seres, las voces, las miradas y las palabras de aquellos y aquellas que son los auténticos protagonistas de esta historia aún incierta. Se trata de un cine político que no incurre ni en la propaganda ni en el discurso demostrativo: un cine lo más cercano posible al movimiento, a sus contradicciones, sus esperanzas y su verdad.
El ex presidente de izquierda Gabriel Boric hizo alusión a la muerte de un “gigante”.
En el contexto de una memoria política chilena tan dividida como el propio país,
¿Patricio Guzmán es querido por la izquierda y odiado por la derecha?
El odio del bando pinochetista se ha centrado desde hace tiempo en el trabajo de todos los actores del mundo cultural que, como es sabido, son en su mayoría de izquierda. Pero más allá de la división entre derecha e izquierda, es el odio a la igualdad lo que rige la política de la derecha y la extrema derecha en todo el mundo. Lo sabemos desde hace mucho tiempo: o el socialismo o la barbarie. Ahí, en 1973, fue la barbarie. Pero esas imágenes, esas “imágenes-luciérnagas”, ese recuerdo de la masacre que narra La batalla de Chile, circularon en plena dictadura. La resistencia organizó redes clandestinas de comunicación
(Ictus y Teleanálisis, entre otros) para hacer circular videos informativos a lo largo de Chile. Entre ese material, de mano en mano, circularon cassettes VHS de la película. De este modo, estas redes mantuvieron viva la llama, la luz, de un pueblo en movimiento durante el tiempo de Allende que Patricio había filmado.
Muchas personas muy jóvenes descubrieron estas imágenes, como Marcelo Morales, director de la Cinemateca Nacional de Chile, quien contribuyó a la restauración de La batalla de Chile y organizó, en 2023, una proyección excepcional de la película con motivo del cincuentenario del golpe de Estado.
Desde hace mucho tiempo, nosotros, los que nos dedicamos a la cultura en todas sus formas, somos enemigos para la derecha y los fascistas: hoy en día, en todo el mundo, la amenaza crece.
Las fuerzas destructoras de la vida avanzan a cara descubierta. Ellas saben lo que implica transmitir la historia de los vencidos a las nuevas generaciones.
El cine no cambia el mundo, por supuesto. Pero puede mostrarlo de otra manera, alimentar nuestros imaginarios. El documental chileno, impulsado hoy en día por nuevas generaciones de mujeres y hombres cineastas, sigue trabajando sobre el presente y librando la batalla de la memoria entre vencedores y vencidos. Este cine puede tomar la melancolía de nuestras derrotas y convertirla en algo más: un material para el mañana. Porque reestablece emociones intensas. Porque narra lo que fue posible. Porque busca, entre las ruinas, lo que no ha desaparecido. Eso es, en sí mismo, esperanza.
¿Qué puede decirnos de la película Nostalgia de la luz, presentada en Cannes en 2010, y en la que Patricio Guzmán evocó las secuelas de la dictadura a través de la astronomía?
Tras haber dirigido películas a la vez fundamentales y frontales, como El primer año, La batalla de Chile y La memoria obstinada, esta última rodada, si no me equivoco, en 1995, Patricio Guzmán inició, con Nostalgia de la luz, una trilogía que prolongará con El botón de nácar y La cordillera de los sueños, una línea que él mismo calificó de más poética. En ella acercó la geografía chilena –la naturaleza, el desierto, la cordillera, las estrellas– a las huellas dejadas por la historia. La nostalgia de la luz no es una contemplación inmóvil del pasado. Se acerca más bien a lo que el historiador Enzo Traverso denomina la “melancolía de izquierda”: una melancolía que no renuncia al futuro y que reaviva las promesas inconclusas haciendo volver a los desaparecidos y las desaparecidas, incluso en el rastro que la memoria busca en las estrellas. Quizá siempre se trató, en el cine de Patricio Guzmán, de construir, frente a la nada, una memoria capaz de volver presentes las ausencias, de darle una forma a lo que él llamaba “el álbum familiar” de un país, una nación.
(Traducción Camila Pascal)
Publicada por Red Charquicán (Chile)
NdR: Muchos de los filmes de Patricio Guzmán y Carmen Castillo los pueden ver gratuitamente y sin publiciad en este portal sin fines de lucro: www.arcoiris.tv


Comentarios
Publicar un comentario