Porqué hay menos casamientos?
Porqué hay menos casamientos?
Hay una mentira que los predicadores evangélicos, los senadores republicanos y los columnistas de Wall Street llevan décadas vendiendo con la constancia de quien sabe que está mintiendo. La mentira dice así: la familia tradicional se está destruyendo porque se perdieron los valores. Porque el comunismo corrompió la juventud. Porque el feminismo odia a los hombres. Porque los jóvenes de hoy no quieren compromiso, no quieren hijos, no quieren construir un hogar.
La mentira es cómoda. Absuelve al sistema. Echa la culpa a las víctimas. Y oculta una verdad que los datos gritan desde hace años: la familia no se destruye por falta de valores. Se destruye por falta de dinero. Porque cuando un sistema económico convierte la vivienda en un activo especulativo, los matrimonios se convierten en un lujo que pocos pueden pagar.
Miremos los números. No los de un panfleto izquierdista. Los del Censo de Estados Unidos.
En 2024, solo el 47,1% de los hogares estadounidenses estaban encabezados por parejas casadas. Es el segundo mínimo histórico, apenas por encima del 46,8% de 2022. En 1949, esa cifra era del 78,8%. Durante 75 años, el matrimonio se ha desplomado 31 puntos porcentuales. Y no es porque los estadounidenses se volvieron hippies. Es porque la economía se volvió imposible.
La edad promedio del primer matrimonio subió de 22,5 años para los hombres en 1956 a 30,2 años en 2024. Para las mujeres, de 20,1 a 28,6 años. Se proyecta que uno de cada tres adultos jóvenes nunca se casará. No porque no quieran.
Porque no pueden.
Y la razón es simple: la vivienda.
El precio de las casas en Estados Unidos subió un 50% desde 2020. La tasa de propiedad de vivienda general es del 65%, pero esa cifra esconde una fractura de clase brutal: solo el **25% de los adultos con ingresos menores a 25.000 anuales son propietarios**, mientras que entre quienes ganan más de100.000, el 85% tiene casa propia. Entre los menores de 35 años, apenas el 36,4% puede comprar una vivienda. Veintiún millones de propietarios gastan más del 30% de sus ingresos solo en pagar la vivienda.
¿Dónde queda el dinero para los hijos? ¿Para la estabilidad? ¿Para la confianza en el futuro que permite decir "sí, quiero"?
La respuesta está en la pregunta que nadie en los púlpitos evangélicos se atreve a hacer: ¿cómo se construye una familia tradicional sin casa, sin ahorros, sin seguridad laboral, sin salud garantizada, sin educación accesible?
La respuesta es que no se construye. Y por eso no se construye.
I. El Evangelio de la Propiedad Privada
Los mismos que predican los "valores de la familia" son los que votaron por desregular el mercado inmobiliario, por eliminar la protección al inquilino, por recortar impuestos a los especuladores, por convertir la vivienda en un casino financiero donde BlackRock y Vanguard compran barrios enteros para alquilarlos a precios estratosféricos. Los mismos que lloran por la caída del matrimonio son los que apoyaron a Trump cuando recortó los impuestos a los más ricos y aumentó el déficit fiscal que ahora usan como excusa para recortar el Medicaid, el subsidio de vivienda, la asistencia alimentaria.
La hipocresía es matemática. Un trabajador estadounidense promedio necesita 11 años de salario completo para comprar una casa mediana en la ciudad donde vive. En 1960, necesitaba dos. La deuda estudiantil promedio supera los $37.000 por persona. Los costos de salud son los más altos del mundo desarrollado. El seguro médico, si lo tienes, te deja en bancarrota ante una enfermedad grave.
Y luego vienen los predicadores a decirte que el problema es que no rezas lo suficiente. Que el problema es que aceptaste el "agenda woke". Que el problema es que el comunismo corrompió a tus hijos.
No, señor. El problema es que su sistema económico convirtió la vida familiar en un privilegio de clase. Que su "libre mercado" hizo de la vivienda un bien de especulación en lugar de un derecho. Que su "prosperidad" se construyó sobre deuda, precariedad y la imposibilidad de planificar un futuro.
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NdR: exactamente, igualmente se quejan que las parejas no tengan más hijos, pero recortan todas las facilidades que el estado debe dar para tenerlos, salas cuna, escuelas super caras, seguros de enfermedan carísimos, poca protección social para las madres, licencias pre y post natal muy cortas y a menudo ninguna para la pareja, arriendos por las nubes, etc.
Revista Pacto, en facebook el 5.8.26

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