Colombia. Carlos Carrillo soltó una bomba en redes sociales, y como siempre, dio en el clavo

Colombia. Carlos Carrillo soltó una bomba en redes sociales, y como siempre, dio en el clavo



"Qué poco esmerado es el discurso de la derecha en Colombia. Siempre con la misma tontería de '¿Por qué no se largan para Cuba?'".

Y es verdad. Es el argumento cansino, el recurso fácil, el latiguillo de quienes no tienen propuestas ni argumentos. Cada vez que alguien propone algo que no sea más de lo mismo, la derecha responde con el mismo estribillo: "Cuba". Como si Cuba fuera el único modelo posible. Como si cuestionar el capitalismo fuera automáticamente abrazar el castrismo. Como si no hubiera matices, experiencias, historias, alternativas.

Pero Carrillo no se queda ahí. Da la vuelta al argumento:

"Entonces podríamos nosotros decirles '¿Por qué no se largan a Haití?' O a Burundi, o a Sudán del Sur. Los 39 países más pobres del mundo son capitalistas".

Ahí está el dato que la derecha nunca menciona. Los países más pobres del planeta no son comunistas. No son socialistas. No son revolucionarios. Son capitalistas. Han sido capitalistas durante décadas. Y siguen siendo pobres. Siguen siendo explotados. Siguen siendo saqueados. El capitalismo no los salvó. El capitalismo los condenó.

Pero la derecha no habla de eso. No habla de Haití. No habla de Burundi. No habla de los 39 países más pobres del mundo. Porque hablar de eso sería admitir que el capitalismo no es la solución, que el capitalismo es el problema.

Y entonces Carrillo lanza la pregunta que debería incomodar a todos los que repiten el mantra anticomunista:

"La segunda economía del planeta es gobernada desde el 1 de octubre de 1949 por el Partido Comunista Chino. ¿Por qué nunca dice la derecha 'Lárguense para la China'?".

Ahí está el silencio cómplice. Porque China es la segunda economía del mundo, y es comunista. Pero la derecha no dice nada porque no saben qué decir. No pueden argumentar que el comunismo es pobreza cuando China es potencia. No pueden argumentar que el comunismo es atraso cuando China construye infraestructura a velocidad récord. No pueden argumentar que el comunismo es fracaso cuando China sacó a cientos de millones de la pobreza.

Entonces, ¿qué hacen? Silencio. O cambian de tema. O repiten el mantra sin pensar.

Pero el problema de Carrillo es que no se queda en la crítica fácil. Va más profundo:

"Mucho menos van a hablar de los países con robustos estados de bienestar en donde, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el Estado ha intervenido para garantizar el acceso universal a derechos".

Ahí está el corazón del asunto. Los países con mejor calidad de vida no son los que tienen menos Estado. Son los que tienen más. Estados de bienestar. Salud universal. Educación pública. Pensiones dignas. Regulación laboral. Protección social. Eso no es comunismo. Eso es sentido común.

Pero la derecha no habla de eso porque eso destruye su relato. Su relato es: Estado malo, mercado bueno. Privado eficiente, público ineficiente. Capitalismo es libertad, socialismo es esclavitud. Pero los hechos no les dan la razón. Los países con más intervención estatal son los que tienen mejor calidad de vida. Los países con menos intervención estatal son los que tienen más pobreza, más desigualdad, más violencia.

Y Carrillo lo dice claro:

"Proponer políticas que pongan a los seres humanos y a la naturaleza por encima de la codicia no es sinónimo de miseria o de estancamiento económico, es el capitalismo el que normaliza la pobreza y la convierte en paisaje".

Esa frase es demoledora. Porque el capitalismo no busca eliminar la pobreza. La normaliza. La convierte en paisaje. La hace parte del decorado. Asumimos que siempre habrá pobres. Que es natural. Que es inevitable. Que es culpa del pobre. Y mientras tanto, los ricos se hacen más ricos.

El capitalismo no funciona para los que no tienen. Funciona para los que tienen. Funciona para los que acumulan. Funciona para los que explotan. Funciona para los que convierten la vida en mercancía y la dignidad en costo.

Y Carrillo remata con una frase que debería quedar grabada en la memoria de todos los que aún creen en los cuentos de la derecha:

"Mientras haya un solo pobre será imposible afirmar que el capitalismo funciona, los milagros en la religión capitalista son tan reales como la fe de Abelardo".

Porque el capitalismo es una religión. Tiene sus dogmas. Sus profetas. Sus fieles. Sus herejes. Cree en el milagro del mercado. En la mano invisible. En la autorregulación. En la prosperidad derramada. Son milagros. Nunca ocurren. Pero hay que creer.

El capitalismo no es un sistema económico. Es un sistema de creencias. Y como toda religión, exige fe. Fe en que el mercado arreglará todo. Fe en que la riqueza de unos beneficiará a todos. Fe en que la desigualdad es temporal. Fe en que la explotación es necesaria.

Pero la fe no basta. Los pobres siguen siendo pobres. Los ricos siguen siendo ricos. El capitalismo no los salva. El capitalismo no los quiere salvar. El capitalismo necesita pobres para funcionar. Necesita explotados. Necesita desechables.

Y ahí está la diferencia entre una sociedad que pone a los seres humanos y a la naturaleza por encima de la codicia y una sociedad que convierte la codicia en virtud. La primera busca eliminar la pobreza. La segunda la normaliza. La primera busca justicia. La segunda busca acumulación. La primera cree en la solidaridad. La segunda cree en el mercado.

La derecha colombiana no habla de eso. No habla de los 39 países más pobres del mundo. No habla de China. No habla de los estados de bienestar. No habla de los datos. No habla de los hechos. Habla de Cuba. Porque Cuba es su muñeco de paja. Porque Cuba es su excusa para no tener que explicar por qué su sistema sigue produciendo pobreza.

Pero ya basta. Los milagros no existen. La mano invisible no existe. La prosperidad derramada no existe. Es una religión. Y como toda religión, pide fe ciega.

Y la fe ciega, como sabemos, es la que lleva al abismo.

Publicado en facebook el 29.6.26 por: 

Revista Pacto

 

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