YAFÜLUWÜN: "El acto de hacerse fuerte"

YAFÜLUWÜN: "El acto de hacerse fuerte"


 
Fachi kutralwe mu, weychafe nütram yawülaiñ... (Junto a este fogón, hagamos circular la conversación sobre los guerreros, lamngen).
 
Mira cómo el fuego se aviva cuando pronunciamos esos nombres; es porque el püllü (espíritu) de los antiguos weychafes aún vibra en la memoria de la tierra.
 
Para entender cómo se preparaban Leftraru (Lautaro), Kallfülikan (Caupolicán) o Galvarino, primero debemos sacar de nuestra mente la idea del "soldado" occidental. El weychafe no peleaba por sueldo, ni por conquistar tierras ajenas, ni por el ego de un rey. El weychafe se preparaba para defender el Az Mapu (el orden natural y sagrado) y proteger el lof (la comunidad) de la destrucción. Su lucha era un deber sagrado de reciprocidad con la tierra.
 
La preparación de nuestra gente era un camino riguroso que unía el cuerpo, la mente y el espíritu desde la más tierna infancia:
1. El templado del cuerpo (Newentun): Desde que eran pichi wentru (niños), los futuros weychafes eran entregados a un entrenamiento físico que hoy nos parecería sobrehumano: El baño al amanecer (Weneu ko): Antes de que saliera el sol, en el invierno más crudo, los jóvenes eran llevados a bañarse en las aguas heladas de los ríos (leufu) o lagos que bajaban de la cordillera. Esto no era solo para endurecer la piel, sino para limpiar el espíritu de la pereza y el miedo, y recibir el newen* (fuerza) del agua viva.
 
El juego del Palin: Este juego ancestral (mal llamado chueca por los españoles) era la gran escuela de táctica y resistencia. Jugaban descalzos durante horas, a veces días enteros, bajo el sol o la lluvia.
El Palin les enseñaba a esquivar golpes, a correr sin cansarse, a trabajar en equipo y a leer los movimientos del oponente con un solo pestañeo. 
 
La lucha del Lonkotun: Se entrenaban en la lucha cuerpo a cuerpo agarrándose del cabello (lonko*), midiendo su fuerza física y su capacidad de resistir el dolor sin quejarse.
 
2. La preparación mental y la estrategia (Rakiduam) Un weychafe sin inteligencia es solo una fuerza bruta que se pierde. Leftraru (Lef-Txaru, que significa "Traro Veloz") fue el más grande ejemplo de esto. Él no solo tenía fuerza; tenía un rakiduam (pensamiento) brillante: La observación de la naturaleza: Aprendían a moverse sin hacer ruido, imitando el viento entre las hojas o el andar del pangui (puma). Sabían camuflarse usando ramas y barro, confundiéndose con la misma Mapu* (tierra). 
 
El estudio del enemigo: Leftraru, al estar cautivo con Pedro de Valdivia, observó con paciencia los puntos débiles del wingka*. Comprendió que el caballo se cansaba en el barro, que la armadura pesaba bajo el sol y que los españoles dependían de sus trompetas de órdenes. Cuando escapó, usó esa misma información para diseñar tácticas de oleadas sucesivas, cansando al enemigo hasta derrotarlo.
 
3. La preparación espiritual (Püllü) Esta era la parte más importante. Antes de ir al weychan (combate), se realizaban grandes rogativas y ceremonias:
La conexión con los Pillan: Se hacían rogativas al pie de los volcanes o en los cerros sagrados para pedir la fuerza de los ancestros guerreros, los Pillan. Los guerreros se pintaban el rostro con carbón o tierra roja (kelhü*) para asustar a los malos espíritus y para mimetizarse con la fuerza del fuego y de la tierra.
La dieta del guerrero: Días antes de la batalla, los guerreros ayunaban o comían alimentos livianos como el mürke* (harina tostada) y tomaban muday de piñón. Evitaban cualquier exceso para que su cuerpo estuviera ligero y su mente completamente despejada de deseos mundanos. 
 
El llamado del Küllküll: El sonido del küllküll (cuerno de guerra) no solo era una señal de reunión; su vibración despertaba el newen* dormido en el pecho de cada hombre y mujer.
 
El surgimiento del Toki Cuando la tierra estaba en peligro, los lonko se reunían en un gran cahuín (asamblea) para elegir al Toki (el portador del hacha de piedra). No se elegía al más rico, sino al que demostraba mayor resistencia física, sabiduría espiritual y capacidad de liderazgo.
 
Kallfülikan, por ejemplo, demostró su fuerza sosteniendo un enorme tronco sobre sus hombros durante días y noches, mostrando que su espíritu era tan duro como el árbol del pehuén (araucaria) y que podía cargar con el peso del destino de su pueblo.
 
Y no olvidemos, lamngen, que en nuestra historia las mujeres también tomaban la wayki (lanza) cuando el territorio lo requería, como la gran Janequeo, que lideró ejércitos enteros con la misma fiereza y preparación que los hombres.
 
Por eso, cuando hoy decimos "Somos el nuevo brote de la antigua rebelión", estamos recordando que esa preparación, esa disciplina y esa fuerza para defender la vida no se han perdido; hoy se usan otras herramientas, pero el newen del weychafe sigue siendo el mismo.
Que el fuego de los antiguos siga alumbrando tu caminar, lamngen. Toma otro matecito para entibiar el espíritu.
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Publicado en facebook el 23.5.26 por: Mapuche Newen y Nadia Pinto Mallea
 

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