Afganistán y la arrogancia de Occidente

Afganistán y la arrogancia de Occidente

Paula Guerra Cáceres

Comunicadora social e investigadora de temas de racismo y antirracismo

Mujeres afganas.- SAJJAD HUSSAIN / AFP

En su libro La hybris del punto cero, Santiago Castro-Gómez analiza la forma en que Europa ha construido su narrativa desde un supuesto no lugar, es decir, desde un espacio teóricamente neutral y objetivo, sin intereses particulares, sustentado en dos de los pilares de la modernidad: el pensamiento ilustrado y el método científico.

De este modo, se nos dice que el conocimiento con mayúsculas, entendido como conocimiento absoluto, necesariamente surge en Occidente y que debe ser asumido como verdad universal por el resto de culturas y sociedades, ya sea si se habla de arte, medicina, economía, política o filosofía.

Intentar refutar esta tesis ha supuesto un trabajo titánico para muchos autores y autoras no occidentales. En el libro El mito de la oposición entre el pensamiento indio y la filosofía occidental, el filólogo Fernando Tola y la filósofa Carmen Dragonetti, demostraron, mediante un riguroso análisis de las distintas doctrinas filosóficas indias y sus contrapartes griegas y europeas, que la filosofía no nació en Grecia tal como afirmó Hegel en el siglo XIX.

Es una investigación exhaustiva y meticulosa que cita las fuentes originales en sánscrito, griego y latín y, sin embargo, lo que perdura hasta hoy es la opinión del filósofo alemán para quien la filosofía únicamente pudo nacer en Grecia debido a que, según él, solo allí se habría producido un ambiente de libertad de pensamiento y de espíritu propicio para el surgimiento del pensamiento filosófico, borrando de este modo los treinta siglos ininterrumpidos de pensamiento indio.

Esta arrogancia también está presente en ejemplos más contemporáneos. En el contexto de un debate entre intelectuales decoloniales latinoamericanos y Slavoj Zizek sobre eurocentrismo y la herida colonial, el filósofo esloveno -una especie de nuevo Marx para una buena parte de la izquierda europea- llegó a sostener en el libro Rebeliones éticas, palabras comunes que "esto de la vuelta a una sabiduría indígena original o parecido, para mí es una total basura (…) Todavía creo en el valor universal de la idea básica eurocéntrica de la modernidad".

Al año siguiente, en 2018, sostuvo en El coraje de la desesperanza que "Haití estuvo colonizado por los franceses, pero fue la Revolución Francesa lo que proporcionó el sustrato ideológico para la rebelión que liberó a los esclavos y fundó el Haití independiente".

Probablemente, debido a la soberbia epistémica de las y los pensadores occidentales quienes no suelen consultar el conocimiento producido al margen del marco eurocéntrico, Zizek desconoce la obra ¡Libertad o muerte!, en la que Fernando Martínez Peria realiza una detallada investigación del proceso revolucionario haitiano, y de sus características intrínsecas que le llevaron a convertirse, tal como señala el autor, "en la primera república negra del mundo, libre de esclavitud, colonialismo y racismo".

El monólogo eurocéntrico

Pensar hoy que aquellos africanos esclavizados solo fueron conscientes de su condición gracias a la Revolución Francesa es una cuestión que sobrepasa el simple gesto de la ignorancia. Cualquier persona que lo desee puede encontrar en Google el libro de Araceli Reynoso Revueltas y rebeliones de los africanos esclavizados en la Nueva España, en el que recoge, citando documentos oficiales de la época, datos sobre las insurrecciones de africanos en Ciudad de México en 1537, nada más y nada menos que 252 años antes de la Revolución Francesa.

Estas investigaciones, que Zizek y compañía -léase toda la comunidad científica legitimada por Europa- no han leído ni leerán nunca, suponen una contranarrativa que impugna el relato universalista occidental, y por tanto nunca contarán con el beneplácito de la comunidad académica hegemónica.

Pero este monólogo eurocéntrico, practicado por Occidente desde hace siglos, no solo se ciñe a la academia, sino que abarca todas las formas de producir y reproducir su relato de superioridad vs inferioridad, cuestión que ha vuelto a quedar en evidencia tras los últimos acontecimientos ocurridos en Afganistán.

Thank you for watching

Desde que estalló la última crisis en este país, tanto en artículos de prensa como en tertulias de televisión se ha proclamado la imperiosa necesidad de llevar la civilización a Afganistán, salvarla de la barbarie, como si Occidente fuese el guardián del mundo, Afganistán no tuviera a su haber miles de años de civilización y de historia, y "civilización" solo pudiese ser lo que Occidente ha definido como tal.

Se habla del islam y de los talibanes sin hacer ninguna diferencia, en la mayoría de los casos, entre la religión y la interpretación dogmática de la misma, instalando la idea de que es el islam en sí mismo el que está instaurando el terror en Afganistán, muchas veces sin mencionar que ha sido el propio Occidente quien ha provocado con su guerra de 20 años gran parte de la actual crisis política y social del país.

Este discurso de satanización del islam se adereza con imágenes de mujeres y niñas a las que Occidente debe "salvar" (el famoso complejo del "salvador blanco"). En este sentido, muy recomendable es la lectura del artículo de la filósofa Rafia Zakaria, Las feministas blancas querían invadir (White feminist wanted to invade, en su título en inglés), en el que reflexiona sobre la creencia de las feministas blancas acerca de lo que es mejor para las mujeres afganas y en donde cita a la Asociación de Mujeres de Afganistán, que desde su fundación en 1977 ha denunciado el fundamentalismo religioso (con lo cual no son sospechosas de radicalismo), quienes se opusieron abiertamente a la invasión de EEUU y al posterior gobierno afgano respaldado por éste.

El beneficio de la portavocía universal

Un simple análisis sobre la cobertura que se está haciendo de la crisis en Afganistán (con contadas excepciones) deja en evidencia el monólogo eurocéntrico, eterno, repetitivo, de anulación y deshumanización del Otro.

Cuando se habla de Afganistán se habla de ese Otro salvaje, bárbaro y premoderno al que hay que civilizar, y se mezcla de forma interesada (lo señalo una vez más) la interpretación que los talibanes hacen del islam con lo que éste representa realmente.

Este artículo de ninguna manera es una defensa del régimen talibán ni de sus violaciones de derechos. Es una reflexión crítica sobre la pretensión de universalidad de Occidente, que le ha llevado a creerse el portavoz de la humanidad, de sus valores, problemas y soluciones.

Lo que antes se consiguió con la esclavitud, el genocidio y la explotación de las colonias, hoy se obtiene en gran medida a través de este monólogo y portavocía universal que aniquila/invisibiliza las demás cosmovisiones y sistemas de conocimientos, relegándolos a las categorías de singularidad y excepción.

Tal como afirma Walter Mignolo, puesto que toda producción de conocimiento implica necesariamente un lugar de enunciación, un lugar geográfico, político, incluso corporal, desde el que se habla y enuncia, es absolutamente imposible la existencia de una verdad objetiva y universal.

Sin embargo, uno de los grandes triunfos de Occidente es precisamente la instauración de la falacia de la verdad pura, científica, aséptica. A partir de esta premisa, que le ha llevado a erigirse en portavoz de la humanidad e instaurar el actual orden colonial, racista y capitalista, se ha beneficiado política, social y económicamente de la subalternización de los pueblos no occidentales.

Es lo que ha querido hacer con Afganistán, anularlo con el fin de occidentalizarlo, y así mantener el control de sus recursos minerales y posición geoestratégica.

Con esta intención, seguirá repitiendo su monólogo sordo de creación de un Otro peligroso al que hay que eliminar (el islam), olvidando, tal como afirmó la fotógrafa yemení Boushra Almutawakel en una reciente entrevista a la BBC, que "los talibanes fueron creados por Estados Unidos para que pudieran luchar contra los soviéticos (…) Occidente no necesita salvarnos. Y, en todo caso, Occidente nos ha destruido".

Extractado de: https://blogs.publico.es/dominiopublico/39571/afganistan-y-la-arrogancia-de-occidente/?utm_term=Autofeed&utm_campaign=Publico&utm_medium=social&utm_source=Facebook#Echobox=1630563471 


Gabriel Salazar: "La trayectoria lógica de la Convención se va a enfrentar con un callejón sin salida" "El punto clave es qué es lo que va a hacer el Ejército", afirma el Premio Nacional de 2006 y figura destacada en la intelectualidad de izquierda. Este es su análisis del proceso que está viviendo Chile. 03 de Septiembre de 2021 | 07:46 | Por Álvaro Valenzuela, Crónica Constitucional 154 Las Últimas Noticias La clave está en la "generación pingüina". El historiador Gabriel Salazar —Premio Nacional 2006— mira el proceso constitucional con el interés de un académico, pero también con el entusiasmo de quien lo ha promovido. Convencido de que lo que se observa es el producto de movimientos históricos de décadas, señala como decisivo el hecho de que la mentada generación "es la que está tomando el control". Una generación que en realidad son dos, dice. La primera, algo mayor, corresponde a quienes, habiéndose enfrentado muy jóvenes al régimen militar, luego, en la transición, abandonaron los partidos para comprometerse en la "militancia social", trabajando en organizaciones poblacionales y de base, y formándose al alero de las ONG y de académicos como él mismo. Ese grupo tomó conceptos como el de "la asamblea manda" y se ha mantenido alejado de las estructuras partidarias. Noticia relacionada Sol Serrano, Premio Nacional de Historia: "Sin la república los convencionales no estarían sentados donde están" Sol Serrano, Premio Nacional de Historia: "Sin la república los convencionales no estarían sentados donde están" El otro sector de esta "generación pingüina" —en alusión a los movimientos estudiantiles que partieron con el "mochilazo" de 2001 y el "pingüinazo" de 2006— es el que se constituye en torno a los estudiantes universitarios en 2011. Estos, en la visión del historiador y también exmilitante del MIR, terminaron repitiendo "la vieja tradición de que tú te haces famoso en la FECh y después viene la carrera política. Y eso es lo que conduce a los jóvenes del Frente Amplio: toda esa generación termina por enrielarse dentro de la carrera política desde una posición crítica de la vieja izquierda, pero tratando de imitar el modelo uruguayo del Frente Amplio". "Para mí, es la sección cadetes de la clase política", dice con ironía. Muestra de ello —agrega— es que hayan votado, en la comisión de Reglamento de la Convención Constitucional, contra la idea de cuestionar el quorum de los dos tercios. —En las primeras semanas de Convención usted se declaraba gratamente sorprendido. ¿Mantiene esa visión? —Fue una grata sorpresa que se gestara una mayoría activa. La elección de la actual directiva es una prueba: nadie esperaba que una académica mapuche iba a ser la presidenta. Ahí se demostró que el elenco político partidario que hay dentro de la Convención no iba a ser una aplanadora. Nadie tiene los dos tercios ni se puede constituir una mayoría popular fácilmente. Eso es esperanzador. Y lo que más me ha sorprendido es que se dieron cuenta de que la trayectoria lógica de esta Convención, dada su composición interna y la actitud con que entraron aquí los representantes de la clase política, con toda seguridad se va a enfrentar a mediano plazo con un impasse, un callejón sin salida, un desacuerdo difícil de superar. Y que en ese caso, como nadie controla los dos tercios y la clase política sabe manejarse muy bien en estos ámbitos, los sectores populares se van a encontrar sin opciones legales para actuar dentro. Ahí, los convencionales del pueblo entendieron que van a tener que recurrir desde ya al apoyo soberano del pueblo que está afuera de la Convención. Porque hay miles y miles de asambleas territoriales, comunales, cabildos, que están funcionando activamente. Hay allí un poder constituyente actuante, no formal, pero activo. Y los convencionales se están dando cuenta de que lo mejor que pueden hacer es tomar contacto directo con este proceso externo. Por eso muchos ya han empezado a hablar de que tienen que actuar mandatados por el pueblo mismo. —¿Usted piensa que en algún momento se va a producir un choque fuerte entre la clase política y esos movimientos populares? —No hay duda. Porque el andamiaje sobre el cual existe la clase política es el mismo aparato constitucional. Y en buena medida también, el modelo neoliberal. Si ese andamiaje es cambiado profundamente, la clase política se queda sin estatus, sin función. Por eso, en otras coyunturas históricas, cuando la clase política ha sido asediada por la ciudadanía, se unen todos contra la ciudadanía. Se produce ahí un acuerdo general que protege al "gremio". Eso ha ocurrido varias veces en nuestra historia. Desde luego, la famosa fusión liberal-conservadora de fines del siglo 19 y comienzos del 20. Y eso mismo ocurrió, más en pequeño, el 15 de noviembre de 2019, lo que se llamó el "acuerdo por la paz", que en el fondo era un acuerdo para defender al "gremio". —¿Pero no fue eso lo que posibilitó que tengamos una Convención? —Eso posibilitó que tengamos "esta" Convención. Pero de no haber existido eso, podría haber aparecido una asamblea constituyente ciudadana. Propiamente ciudadana y por tanto, completamente legítima. La cosa caminaba hacia allá. Pero esto es un aprendizaje, la ciudadanía está aprendiendo a ser soberana. Esta no es la revolución de las estructuras. Va a haberla, pero antes que eso está la revolución en la mentalidad y en la cultura ciudadana, y eso es lo que está en marcha. —Pero no pareciera que toda la ciudadanía estuviera involucrada en eso. La mayoría parece más preocupada de ir al mall y de hacer una vida bastante poco politizada. —Eso es lo que se dice: la gente va al mall, hay millones de autos por las calles, el consumismo, los préstamos, las AFP, etc. Lo que informan los medios. —Pero es lo que se ve en la calle o conversando con la gente. Noticia relacionada Ricardo Brodsky: "Hay un ánimo inquisidor en la comisión de Ética, una especie de catálogo de lo correcto" Ricardo Brodsky: "Hay un ánimo inquisidor en la comisión de Ética, una especie de catálogo de lo correcto" —Pero recordemos: los procesos históricos profundos no van por la calle, van por dentro. Eventualmente salen a la calle, pero no están todo el tiempo allí. Ya en 1998 el informe de desarrollo humano de las Naciones Unidas llegaba a la conclusión de que en Chile se estaba produciendo un fenómeno subterráneo, que es la ciudadanización de la política, paralelo a la crisis de las estructuras partidarias. Yo creo que eso es muy potente. Me baso en dos cosas, entre miles de otras razones. Yo combinaba la clase en la universidad con la invitación de comunidades de base que te piden que les hables. Y lo que me ha sorprendido es que desde Arica a Magallanes están los mismos sentimientos y se usa el mismo lenguaje y los mismos conceptos. Incipientes, pero flotando, de manera que cuando tú les entregas el concepto más claro, lo captan al tiro. Y lo segundo son las estadísticas, como nunca las había habido en Chile: todas, desde 1991 hasta hoy, señalan con gruesos números, cada vez mayores, el descontento con los partidos políticos, con los políticos y con el sistema del que ellos dependen. Por algo se ganó el plebiscito con el 80%. —Usted sostiene que han habido dos momentos en que el pueblo se encaminaba a ejercer el poder constituyente, en la década de 1820 y en las primeras décadas del siglo 20; en ambos casos, ello se frustra. ¿Por qué no podría pasar lo mismo ahora? —Esa pregunta implicaría un larguísimo análisis histórico. Dicho brevemente, el gran movimiento constituyente popular, de 1822 a 1828, tuvo como base la comuna, los cabildos locales. Estos derriban la dictadura de O’Higgins, hacen quebrar el monopolio comercial de Portales y compañía, promueven una Asamblea Constituyente libremente elegida y finalmente llegan, peleando con la élite de Santiago, a proclamar la Constitución de 1828, la única realmente legítima que ha tenido el país. Este movimiento triunfó, pero fue derribado porque Diego Portales y compañía organizaron un ejército mercenario, le pagaron al general Prieto y logran ganar la batalla de Lircay. El movimiento del siglo 20, en tanto, fue de actores sociales emergentes. Partieron los regidores y alcaldes de las comunas; la Federación Obrera de Chile (FOCh), los estudiantes, los profesores, los conventilleros, los ingenieros, los industriales y los militares, la oficialidad joven del Ejército. Todos se movilizaron para cambiar la Constitución del 33, cambiar el régimen y enrielar el país hacia el desarrollo de la producción, del empleo, de la clase trabajadora. Y el proceso constituyente lo abren los militares. Ellos dan el golpe, mandan a cambiar al Presidente, cierran el Congreso y convocan a una asamblea constituyente libremente elegida; eso ocurrió en una semana. Y fracasó por la ingenuidad de los militares que autodisolvieron su propia asamblea, y no queda nadie que controle el proceso. Entonces los políticos traen de vuelta a Alessandri, los protege y nunca convoca a una asamblea constituyente popular; él dictó prácticamente la Constitución del 25. —¿Y cuál cree que será la evolución ahora? —Esta vez el movimiento soberano del pueblo quiere trabajar por sí mismo, él hacerse cargo del poder constituyente. Pero aquí lo interesante es qué va a hacer el Ejército. Hasta ahora no ha hecho nada para obstruir o destruir el proceso popular. Y esto es nuevo. Tampoco se ha puesto a la cabeza. Porque en 1822 iban los pueblos de provincia y el Ejército, era un frente cívico-militar, al igual que en 1924. Ahora no está ese frente cívico-militar, pero tampoco está el Ejército masacrando. —Usted piensa que en algún momento se va a llegar a un nudo gordiano. ¿Son los dos tercios ese nudo gordiano? —Los dos tercios, depende: si se juegan dentro de la Convención, hay callejón sin salida. Si se juegan fuera de la Convención, la Alameda está abierta. —¿A qué se refiere con fuera de la Convención? —Que se movilice el pueblo, sea a través de los miles de cabildos locales que están funcionando, sea con una gran movilización callejera parecida a la del 18 octubre. —¿Y que eso genere presión sobre la institucionalidad? —El punto clave es qué es lo que va a hacer el Ejército. Los militares están deliberando. Siempre lo han hecho. ¡Si son seres humanos! Que les prohíban deliberar es absurdo. Y ahora con mayor razón, si se atiende el hecho de que por primera vez los altos oficiales chilenos están haciendo estudios de posgrado, tienen magísteres ¡en ciencias sociales! ¿Para qué tanto conocimiento de alto nivel si no van a hacer nada? No, pues. Es ridículo. —¿Por qué le da tan poca importancia a la elección presidencial y parlamentaria? —Suponga que a mediados del próximo año tengamos nueva Constitución. ¿Vamos a seguir teniendo Presidentes que son los herederos de los reyes absolutos? ¿O vamos a tener un gobierno colegiado para evitar personalismos, caudillismo o la estupidez que puedan contener psicológicamente las personalidades que elegimos? Tiene que ser un grupo que delibere racionalmente y que no sean representativos de sí mismos. Hay que pensar eso y hay que pensar que el Parlamento no puede ser el negocio de políticos profesionales. Hay que crear un Parlamento con gente que vaya a ejecutar mandatos soberanos. Entonces, ¿qué sacamos con elegir Presidente de aquí a dos años más de acuerdo a la Constitución del 80, que es lo que queremos cambiar? ¿Qué va a hacer el Presidente en esos dos años? No va a tener ninguna función importante. Es un señor que va a jugar el rol del ujier, va a cerrar la puerta. —Pero si el Congreso que salga elegido en noviembre tiene una composición muy distinta a la de la Convención, ¿no estaría demostrando que la ciudadanía ya no apoya la línea de la Convención? —Pudiera ser. En materia electoral pueden producirse vuelcos absolutamente ilógicos respecto de los procesos profundos. Es como ir al supermercado: vas a una vitrina donde te muestran cosas y te puedes dejar seducir por una u otra según el ánimo con que vas. Pueden producirse volteretas de este tipo, como el propio segundo gobierno de Piñera: el proceso profundo iba por un lado y por alguna razón que aún no se conoce bien se elige a Piñera por segunda vez. Y le pasó lo que le pasó al pobre. Es como triste, pero eso ocurre en historia. No sería extraño tampoco que se eligiera un Congreso que sea mayoritariamente poco proclive al cambio constitucional. —¿Y por qué entonces la Convención sería la que representa la corriente histórica y no el Congreso o el Presidente? —Por lo que le dije: hay un proceso a lo largo de Chile que no existía antes. Esto no es reversible. Y te lo indican las encuestas, que una y otra vez marcan la misma tendencia. Pueden haber momentos de vuelta atrás, como le pasó a la Lista del Pueblo, que se las dio a elegir Presidente, senadores y diputados, perdiendo el tiempo de una manera increíble. Puede ocurrir eso, pero usted vio lo que pasó con la Lista del Pueblo: se esfumó en el aire por ese afán electoralista que le llevó a convertir el movimiento social en una carrera política.

Fuente: Emol.com - https://www.emol.com/noticias/Nacional/2021/09/03/1031518/cronica-constitucional-entrevista-gabriel-salazar.html
Gabriel Salazar: "La trayectoria lógica de la Convención se va a enfrentar con un callejón sin salida" "El punto clave es qué es lo que va a hacer el Ejército", afirma el Premio Nacional de 2006 y figura destacada en la intelectualidad de izquierda. Este es su análisis del proceso que está viviendo Chile. 03 de Septiembre de 2021 | 07:46 | Por Álvaro Valenzuela, Crónica Constitucional 154 Las Últimas Noticias La clave está en la "generación pingüina". El historiador Gabriel Salazar —Premio Nacional 2006— mira el proceso constitucional con el interés de un académico, pero también con el entusiasmo de quien lo ha promovido. Convencido de que lo que se observa es el producto de movimientos históricos de décadas, señala como decisivo el hecho de que la mentada generación "es la que está tomando el control". Una generación que en realidad son dos, dice. La primera, algo mayor, corresponde a quienes, habiéndose enfrentado muy jóvenes al régimen militar, luego, en la transición, abandonaron los partidos para comprometerse en la "militancia social", trabajando en organizaciones poblacionales y de base, y formándose al alero de las ONG y de académicos como él mismo. Ese grupo tomó conceptos como el de "la asamblea manda" y se ha mantenido alejado de las estructuras partidarias. Noticia relacionada Sol Serrano, Premio Nacional de Historia: "Sin la república los convencionales no estarían sentados donde están" Sol Serrano, Premio Nacional de Historia: "Sin la república los convencionales no estarían sentados donde están" El otro sector de esta "generación pingüina" —en alusión a los movimientos estudiantiles que partieron con el "mochilazo" de 2001 y el "pingüinazo" de 2006— es el que se constituye en torno a los estudiantes universitarios en 2011. Estos, en la visión del historiador y también exmilitante del MIR, terminaron repitiendo "la vieja tradición de que tú te haces famoso en la FECh y después viene la carrera política. Y eso es lo que conduce a los jóvenes del Frente Amplio: toda esa generación termina por enrielarse dentro de la carrera política desde una posición crítica de la vieja izquierda, pero tratando de imitar el modelo uruguayo del Frente Amplio". "Para mí, es la sección cadetes de la clase política", dice con ironía. Muestra de ello —agrega— es que hayan votado, en la comisión de Reglamento de la Convención Constitucional, contra la idea de cuestionar el quorum de los dos tercios. —En las primeras semanas de Convención usted se declaraba gratamente sorprendido. ¿Mantiene esa visión? —Fue una grata sorpresa que se gestara una mayoría activa. La elección de la actual directiva es una prueba: nadie esperaba que una académica mapuche iba a ser la presidenta. Ahí se demostró que el elenco político partidario que hay dentro de la Convención no iba a ser una aplanadora. Nadie tiene los dos tercios ni se puede constituir una mayoría popular fácilmente. Eso es esperanzador. Y lo que más me ha sorprendido es que se dieron cuenta de que la trayectoria lógica de esta Convención, dada su composición interna y la actitud con que entraron aquí los representantes de la clase política, con toda seguridad se va a enfrentar a mediano plazo con un impasse, un callejón sin salida, un desacuerdo difícil de superar. Y que en ese caso, como nadie controla los dos tercios y la clase política sabe manejarse muy bien en estos ámbitos, los sectores populares se van a encontrar sin opciones legales para actuar dentro. Ahí, los convencionales del pueblo entendieron que van a tener que recurrir desde ya al apoyo soberano del pueblo que está afuera de la Convención. Porque hay miles y miles de asambleas territoriales, comunales, cabildos, que están funcionando activamente. Hay allí un poder constituyente actuante, no formal, pero activo. Y los convencionales se están dando cuenta de que lo mejor que pueden hacer es tomar contacto directo con este proceso externo. Por eso muchos ya han empezado a hablar de que tienen que actuar mandatados por el pueblo mismo. —¿Usted piensa que en algún momento se va a producir un choque fuerte entre la clase política y esos movimientos populares? —No hay duda. Porque el andamiaje sobre el cual existe la clase política es el mismo aparato constitucional. Y en buena medida también, el modelo neoliberal. Si ese andamiaje es cambiado profundamente, la clase política se queda sin estatus, sin función. Por eso, en otras coyunturas históricas, cuando la clase política ha sido asediada por la ciudadanía, se unen todos contra la ciudadanía. Se produce ahí un acuerdo general que protege al "gremio". Eso ha ocurrido varias veces en nuestra historia. Desde luego, la famosa fusión liberal-conservadora de fines del siglo 19 y comienzos del 20. Y eso mismo ocurrió, más en pequeño, el 15 de noviembre de 2019, lo que se llamó el "acuerdo por la paz", que en el fondo era un acuerdo para defender al "gremio". —¿Pero no fue eso lo que posibilitó que tengamos una Convención? —Eso posibilitó que tengamos "esta" Convención. Pero de no haber existido eso, podría haber aparecido una asamblea constituyente ciudadana. Propiamente ciudadana y por tanto, completamente legítima. La cosa caminaba hacia allá. Pero esto es un aprendizaje, la ciudadanía está aprendiendo a ser soberana. Esta no es la revolución de las estructuras. Va a haberla, pero antes que eso está la revolución en la mentalidad y en la cultura ciudadana, y eso es lo que está en marcha. —Pero no pareciera que toda la ciudadanía estuviera involucrada en eso. La mayoría parece más preocupada de ir al mall y de hacer una vida bastante poco politizada. —Eso es lo que se dice: la gente va al mall, hay millones de autos por las calles, el consumismo, los préstamos, las AFP, etc. Lo que informan los medios. —Pero es lo que se ve en la calle o conversando con la gente. Noticia relacionada Ricardo Brodsky: "Hay un ánimo inquisidor en la comisión de Ética, una especie de catálogo de lo correcto" Ricardo Brodsky: "Hay un ánimo inquisidor en la comisión de Ética, una especie de catálogo de lo correcto" —Pero recordemos: los procesos históricos profundos no van por la calle, van por dentro. Eventualmente salen a la calle, pero no están todo el tiempo allí. Ya en 1998 el informe de desarrollo humano de las Naciones Unidas llegaba a la conclusión de que en Chile se estaba produciendo un fenómeno subterráneo, que es la ciudadanización de la política, paralelo a la crisis de las estructuras partidarias. Yo creo que eso es muy potente. Me baso en dos cosas, entre miles de otras razones. Yo combinaba la clase en la universidad con la invitación de comunidades de base que te piden que les hables. Y lo que me ha sorprendido es que desde Arica a Magallanes están los mismos sentimientos y se usa el mismo lenguaje y los mismos conceptos. Incipientes, pero flotando, de manera que cuando tú les entregas el concepto más claro, lo captan al tiro. Y lo segundo son las estadísticas, como nunca las había habido en Chile: todas, desde 1991 hasta hoy, señalan con gruesos números, cada vez mayores, el descontento con los partidos políticos, con los políticos y con el sistema del que ellos dependen. Por algo se ganó el plebiscito con el 80%. —Usted sostiene que han habido dos momentos en que el pueblo se encaminaba a ejercer el poder constituyente, en la década de 1820 y en las primeras décadas del siglo 20; en ambos casos, ello se frustra. ¿Por qué no podría pasar lo mismo ahora? —Esa pregunta implicaría un larguísimo análisis histórico. Dicho brevemente, el gran movimiento constituyente popular, de 1822 a 1828, tuvo como base la comuna, los cabildos locales. Estos derriban la dictadura de O’Higgins, hacen quebrar el monopolio comercial de Portales y compañía, promueven una Asamblea Constituyente libremente elegida y finalmente llegan, peleando con la élite de Santiago, a proclamar la Constitución de 1828, la única realmente legítima que ha tenido el país. Este movimiento triunfó, pero fue derribado porque Diego Portales y compañía organizaron un ejército mercenario, le pagaron al general Prieto y logran ganar la batalla de Lircay. El movimiento del siglo 20, en tanto, fue de actores sociales emergentes. Partieron los regidores y alcaldes de las comunas; la Federación Obrera de Chile (FOCh), los estudiantes, los profesores, los conventilleros, los ingenieros, los industriales y los militares, la oficialidad joven del Ejército. Todos se movilizaron para cambiar la Constitución del 33, cambiar el régimen y enrielar el país hacia el desarrollo de la producción, del empleo, de la clase trabajadora. Y el proceso constituyente lo abren los militares. Ellos dan el golpe, mandan a cambiar al Presidente, cierran el Congreso y convocan a una asamblea constituyente libremente elegida; eso ocurrió en una semana. Y fracasó por la ingenuidad de los militares que autodisolvieron su propia asamblea, y no queda nadie que controle el proceso. Entonces los políticos traen de vuelta a Alessandri, los protege y nunca convoca a una asamblea constituyente popular; él dictó prácticamente la Constitución del 25. —¿Y cuál cree que será la evolución ahora? —Esta vez el movimiento soberano del pueblo quiere trabajar por sí mismo, él hacerse cargo del poder constituyente. Pero aquí lo interesante es qué va a hacer el Ejército. Hasta ahora no ha hecho nada para obstruir o destruir el proceso popular. Y esto es nuevo. Tampoco se ha puesto a la cabeza. Porque en 1822 iban los pueblos de provincia y el Ejército, era un frente cívico-militar, al igual que en 1924. Ahora no está ese frente cívico-militar, pero tampoco está el Ejército masacrando. —Usted piensa que en algún momento se va a llegar a un nudo gordiano. ¿Son los dos tercios ese nudo gordiano? —Los dos tercios, depende: si se juegan dentro de la Convención, hay callejón sin salida. Si se juegan fuera de la Convención, la Alameda está abierta. —¿A qué se refiere con fuera de la Convención? —Que se movilice el pueblo, sea a través de los miles de cabildos locales que están funcionando, sea con una gran movilización callejera parecida a la del 18 octubre. —¿Y que eso genere presión sobre la institucionalidad? —El punto clave es qué es lo que va a hacer el Ejército. Los militares están deliberando. Siempre lo han hecho. ¡Si son seres humanos! Que les prohíban deliberar es absurdo. Y ahora con mayor razón, si se atiende el hecho de que por primera vez los altos oficiales chilenos están haciendo estudios de posgrado, tienen magísteres ¡en ciencias sociales! ¿Para qué tanto conocimiento de alto nivel si no van a hacer nada? No, pues. Es ridículo. —¿Por qué le da tan poca importancia a la elección presidencial y parlamentaria? —Suponga que a mediados del próximo año tengamos nueva Constitución. ¿Vamos a seguir teniendo Presidentes que son los herederos de los reyes absolutos? ¿O vamos a tener un gobierno colegiado para evitar personalismos, caudillismo o la estupidez que puedan contener psicológicamente las personalidades que elegimos? Tiene que ser un grupo que delibere racionalmente y que no sean representativos de sí mismos. Hay que pensar eso y hay que pensar que el Parlamento no puede ser el negocio de políticos profesionales. Hay que crear un Parlamento con gente que vaya a ejecutar mandatos soberanos. Entonces, ¿qué sacamos con elegir Presidente de aquí a dos años más de acuerdo a la Constitución del 80, que es lo que queremos cambiar? ¿Qué va a hacer el Presidente en esos dos años? No va a tener ninguna función importante. Es un señor que va a jugar el rol del ujier, va a cerrar la puerta. —Pero si el Congreso que salga elegido en noviembre tiene una composición muy distinta a la de la Convención, ¿no estaría demostrando que la ciudadanía ya no apoya la línea de la Convención? —Pudiera ser. En materia electoral pueden producirse vuelcos absolutamente ilógicos respecto de los procesos profundos. Es como ir al supermercado: vas a una vitrina donde te muestran cosas y te puedes dejar seducir por una u otra según el ánimo con que vas. Pueden producirse volteretas de este tipo, como el propio segundo gobierno de Piñera: el proceso profundo iba por un lado y por alguna razón que aún no se conoce bien se elige a Piñera por segunda vez. Y le pasó lo que le pasó al pobre. Es como triste, pero eso ocurre en historia. No sería extraño tampoco que se eligiera un Congreso que sea mayoritariamente poco proclive al cambio constitucional. —¿Y por qué entonces la Convención sería la que representa la corriente histórica y no el Congreso o el Presidente? —Por lo que le dije: hay un proceso a lo largo de Chile que no existía antes. Esto no es reversible. Y te lo indican las encuestas, que una y otra vez marcan la misma tendencia. Pueden haber momentos de vuelta atrás, como le pasó a la Lista del Pueblo, que se las dio a elegir Presidente, senadores y diputados, perdiendo el tiempo de una manera increíble. Puede ocurrir eso, pero usted vio lo que pasó con la Lista del Pueblo: se esfumó en el aire por ese afán electoralista que le llevó a convertir el movimiento social en una carrera política.

Fuente: Emol.com - https://www.emol.com/noticias/Nacional/2021/09/03/1031518/cronica-constitucional-entrevista-gabriel-salazar.html

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