politica, cultura, indigenismo, solidaridad, arte, ecología, educación y varias otras cosas, pero todo por el cambio social, para construir una sociedad más justa para tod@s, por el fin el capitalismo, puedes participar!
Comunicadora social e investigadora de temas de racismo y antirracismo
Mujeres afganas.- SAJJAD HUSSAIN / AFP
En su libro La hybris del punto cero, Santiago Castro-Gómez analiza la forma en que Europa ha construido su narrativa desde un supuesto no lugar,
es decir, desde un espacio teóricamente neutral y objetivo, sin
intereses particulares, sustentado en dos de los pilares de la
modernidad: el pensamiento ilustrado y el método científico.
De este modo, se nos dice que el conocimiento con mayúsculas,
entendido como conocimiento absoluto, necesariamente surge en Occidente y
que debe ser asumido como verdad universal por el resto de culturas y
sociedades, ya sea si se habla de arte, medicina, economía, política o
filosofía.
Intentar refutar esta tesis ha supuesto un trabajo titánico para muchos autores y autoras no occidentales. En el libro El mito de la oposición entre el pensamiento indio y la filosofía occidental, el
filólogo Fernando Tola y la filósofa Carmen Dragonetti, demostraron,
mediante un riguroso análisis de las distintas doctrinas filosóficas
indias y sus contrapartes griegas y europeas, que la filosofía no nació
en Grecia tal como afirmó Hegel en el siglo XIX.
Es una investigación exhaustiva y meticulosa que cita las fuentes
originales en sánscrito, griego y latín y, sin embargo, lo que perdura
hasta hoy es la opinión del filósofo alemán para quien la filosofía
únicamente pudo nacer en Grecia debido a que, según él, solo allí se
habría producido un ambiente de libertad de pensamiento y de espíritu
propicio para el surgimiento del pensamiento filosófico, borrando de
este modo los treinta siglos ininterrumpidos de pensamiento indio.
Esta arrogancia también está presente en ejemplos más contemporáneos.
En el contexto de un debate entre intelectuales decoloniales
latinoamericanos y Slavoj Zizek sobre eurocentrismo y la herida
colonial, el filósofo esloveno -una especie de nuevo Marx para una buena
parte de la izquierda europea- llegó a sostener en el libro Rebeliones éticas, palabras comunes
que "esto de la vuelta a una sabiduría indígena original o parecido,
para mí es una total basura (…) Todavía creo en el valor universal de la
idea básica eurocéntrica de la modernidad".
Al año siguiente, en 2018, sostuvo en El coraje de la desesperanza que
"Haití estuvo colonizado por los franceses, pero fue la Revolución
Francesa lo que proporcionó el sustrato ideológico para la rebelión que
liberó a los esclavos y fundó el Haití independiente".
Probablemente, debido a la soberbia epistémica de las y los
pensadores occidentales quienes no suelen consultar el conocimiento
producido al margen del marco eurocéntrico, Zizek desconoce la obra ¡Libertad o muerte!,
en la que Fernando Martínez Peria realiza una detallada investigación
del proceso revolucionario haitiano, y de sus características
intrínsecas que le llevaron a convertirse, tal como señala el autor, "en
la primera república negra del mundo, libre de esclavitud, colonialismo
y racismo".
El monólogo eurocéntrico
Pensar hoy que aquellos africanos esclavizados solo fueron
conscientes de su condición gracias a la Revolución Francesa es una
cuestión que sobrepasa el simple gesto de la ignorancia. Cualquier
persona que lo desee puede encontrar en Google el libro de Araceli
Reynoso Revueltas y rebeliones de los africanos esclavizados en la Nueva España,
en el que recoge, citando documentos oficiales de la época, datos sobre
las insurrecciones de africanos en Ciudad de México en 1537, nada más y
nada menos que 252 años antes de la Revolución Francesa.
Estas investigaciones, que Zizek y compañía -léase toda la comunidad
científica legitimada por Europa- no han leído ni leerán nunca, suponen
una contranarrativa que impugna el relato universalista occidental, y
por tanto nunca contarán con el beneplácito de la comunidad académica
hegemónica.
Pero este monólogo eurocéntrico, practicado por Occidente desde hace
siglos, no solo se ciñe a la academia, sino que abarca todas las formas
de producir y reproducir su relato de superioridad vs inferioridad,
cuestión que ha vuelto a quedar en evidencia tras los últimos
acontecimientos ocurridos en Afganistán.
Thank you for watching
Desde
que estalló la última crisis en este país, tanto en artículos de prensa
como en tertulias de televisión se ha proclamado la imperiosa necesidad
de llevar la civilización a Afganistán, salvarla de la barbarie, como
si Occidente fuese el guardián del mundo, Afganistán no tuviera a su
haber miles de años de civilización y de historia, y "civilización" solo
pudiese ser lo que Occidente ha definido como tal.
Se habla del islam y de los talibanes sin hacer ninguna diferencia,
en la mayoría de los casos, entre la religión y la interpretación
dogmática de la misma, instalando la idea de que es el islam en sí mismo
el que está instaurando el terror en Afganistán, muchas veces sin
mencionar que ha sido el propio Occidente quien ha provocado con su
guerra de 20 años gran parte de la actual crisis política y social del
país.
Este discurso de satanización del islam se adereza con imágenes de
mujeres y niñas a las que Occidente debe "salvar" (el famoso complejo
del "salvador blanco"). En este sentido, muy recomendable es la lectura
del artículo de la filósofa Rafia Zakaria, Las feministas blancas querían invadir (White feminist wanted to invade,
en su título en inglés), en el que reflexiona sobre la creencia de las
feministas blancas acerca de lo que es mejor para las mujeres afganas y
en donde cita a la Asociación de Mujeres de Afganistán, que desde su
fundación en 1977 ha denunciado el fundamentalismo religioso (con lo
cual no son sospechosas de radicalismo), quienes se opusieron
abiertamente a la invasión de EEUU y al posterior gobierno afgano
respaldado por éste.
El beneficio de la portavocía universal
Un simple análisis sobre la cobertura que se está haciendo de la
crisis en Afganistán (con contadas excepciones) deja en evidencia el
monólogo eurocéntrico, eterno, repetitivo, de anulación y
deshumanización del Otro.
Cuando se habla de Afganistán se habla de ese Otro salvaje, bárbaro y
premoderno al que hay que civilizar, y se mezcla de forma interesada
(lo señalo una vez más) la interpretación que los talibanes hacen del
islam con lo que éste representa realmente.
Este artículo de ninguna manera es una defensa del régimen talibán ni
de sus violaciones de derechos. Es una reflexión crítica sobre la
pretensión de universalidad de Occidente, que le ha llevado a creerse el
portavoz de la humanidad, de sus valores, problemas y soluciones.
Lo que antes se consiguió con la esclavitud, el genocidio y la
explotación de las colonias, hoy se obtiene en gran medida a través de
este monólogo y portavocía universal que aniquila/invisibiliza las demás
cosmovisiones y sistemas de conocimientos, relegándolos a las
categorías de singularidad y excepción.
Tal como afirma Walter Mignolo, puesto que toda producción de
conocimiento implica necesariamente un lugar de enunciación, un lugar
geográfico, político, incluso corporal, desde el que se habla y enuncia,
es absolutamente imposible la existencia de una verdad objetiva y
universal.
Sin embargo, uno de los grandes triunfos de Occidente es precisamente
la instauración de la falacia de la verdad pura, científica, aséptica. A
partir de esta premisa, que le ha llevado a erigirse en portavoz de la
humanidad e instaurar el actual orden colonial, racista y capitalista,
se ha beneficiado política, social y económicamente de la
subalternización de los pueblos no occidentales.
Es lo que ha querido hacer con Afganistán, anularlo con el fin de
occidentalizarlo, y así mantener el control de sus recursos minerales y
posición geoestratégica.
Con esta intención, seguirá repitiendo su monólogo sordo de creación
de un Otro peligroso al que hay que eliminar (el islam), olvidando, tal
como afirmó la fotógrafa yemení Boushra Almutawakel en una reciente
entrevista a la BBC, que "los talibanes fueron creados por Estados
Unidos para que pudieran luchar contra los soviéticos (…) Occidente no
necesita salvarnos. Y, en todo caso, Occidente nos ha destruido".
Extractado de: https://blogs.publico.es/dominiopublico/39571/afganistan-y-la-arrogancia-de-occidente/?utm_term=Autofeed&utm_campaign=Publico&utm_medium=social&utm_source=Facebook#Echobox=1630563471
Gabriel Salazar: "La
trayectoria lógica de la Convención se va a enfrentar con un callejón
sin salida"
"El punto clave es qué es lo que va a hacer el Ejército", afirma el
Premio Nacional de 2006 y figura destacada en la intelectualidad de
izquierda. Este es su análisis del proceso que está viviendo Chile.
03 de Septiembre de 2021 | 07:46 | Por Álvaro Valenzuela, Crónica
Constitucional
154
Las Últimas Noticias
La clave está en la "generación pingüina". El historiador Gabriel
Salazar —Premio Nacional 2006— mira el proceso constitucional con el
interés de un académico, pero también con el entusiasmo de quien lo ha
promovido. Convencido de que lo que se observa es el producto de
movimientos históricos de décadas, señala como decisivo el hecho de que
la mentada generación "es la que está tomando el control". Una
generación que en realidad son dos, dice. La primera, algo mayor,
corresponde a quienes, habiéndose enfrentado muy jóvenes al régimen
militar, luego, en la transición, abandonaron los partidos para
comprometerse en la "militancia social", trabajando en organizaciones
poblacionales y de base, y formándose al alero de las ONG y de
académicos como él mismo. Ese grupo tomó conceptos como el de "la
asamblea manda" y se ha mantenido alejado de las estructuras
partidarias.
Noticia relacionada
Sol Serrano, Premio Nacional de Historia: "Sin la república los
convencionales no estarían sentados donde están"
Sol Serrano, Premio Nacional de Historia: "Sin la república los
convencionales no estarían sentados donde están"
El otro sector de esta "generación pingüina" —en alusión a los
movimientos estudiantiles que partieron con el "mochilazo" de 2001 y el
"pingüinazo" de 2006— es el que se constituye en torno a los estudiantes
universitarios en 2011. Estos, en la visión del historiador y también
exmilitante del MIR, terminaron repitiendo "la vieja tradición de que tú
te haces famoso en la FECh y después viene la carrera política. Y eso
es lo que conduce a los jóvenes del Frente Amplio: toda esa generación
termina por enrielarse dentro de la carrera política desde una posición
crítica de la vieja izquierda, pero tratando de imitar el modelo
uruguayo del Frente Amplio". "Para mí, es la sección cadetes de la clase
política", dice con ironía. Muestra de ello —agrega— es que hayan
votado, en la comisión de Reglamento de la Convención Constitucional,
contra la idea de cuestionar el quorum de los dos tercios.
—En las primeras semanas de Convención usted se declaraba gratamente
sorprendido. ¿Mantiene esa visión?
—Fue una grata sorpresa que se gestara una mayoría activa. La elección
de la actual directiva es una prueba: nadie esperaba que una académica
mapuche iba a ser la presidenta. Ahí se demostró que el elenco político
partidario que hay dentro de la Convención no iba a ser una aplanadora.
Nadie tiene los dos tercios ni se puede constituir una mayoría popular
fácilmente. Eso es esperanzador. Y lo que más me ha sorprendido es que
se dieron cuenta de que la trayectoria lógica de esta Convención, dada
su composición interna y la actitud con que entraron aquí los
representantes de la clase política, con toda seguridad se va a
enfrentar a mediano plazo con un impasse, un callejón sin salida, un
desacuerdo difícil de superar.
Y que en ese caso, como nadie controla los dos tercios y la clase
política sabe manejarse muy bien en estos ámbitos, los sectores
populares se van a encontrar sin opciones legales para actuar dentro.
Ahí, los convencionales del pueblo entendieron que van a tener que
recurrir desde ya al apoyo soberano del pueblo que está afuera de la
Convención. Porque hay miles y miles de asambleas territoriales,
comunales, cabildos, que están funcionando activamente. Hay allí un
poder constituyente actuante, no formal, pero activo. Y los
convencionales se están dando cuenta de que lo mejor que pueden hacer es
tomar contacto directo con este proceso externo. Por eso muchos ya han
empezado a hablar de que tienen que actuar mandatados por el pueblo
mismo.
—¿Usted piensa que en algún momento se va a producir un choque fuerte
entre la clase política y esos movimientos populares?
—No hay duda. Porque el andamiaje sobre el cual existe la clase política
es el mismo aparato constitucional. Y en buena medida también, el
modelo neoliberal. Si ese andamiaje es cambiado profundamente, la clase
política se queda sin estatus, sin función. Por eso, en otras coyunturas
históricas, cuando la clase política ha sido asediada por la
ciudadanía, se unen todos contra la ciudadanía. Se produce ahí un
acuerdo general que protege al "gremio". Eso ha ocurrido varias veces en
nuestra historia. Desde luego, la famosa fusión liberal-conservadora de
fines del siglo 19 y comienzos del 20. Y eso mismo ocurrió, más en
pequeño, el 15 de noviembre de 2019, lo que se llamó el "acuerdo por la
paz", que en el fondo era un acuerdo para defender al "gremio".
—¿Pero no fue eso lo que posibilitó que tengamos una Convención?
—Eso posibilitó que tengamos "esta" Convención. Pero de no haber
existido eso, podría haber aparecido una asamblea constituyente
ciudadana. Propiamente ciudadana y por tanto, completamente legítima. La
cosa caminaba hacia allá. Pero esto es un aprendizaje, la ciudadanía
está aprendiendo a ser soberana. Esta no es la revolución de las
estructuras. Va a haberla, pero antes que eso está la revolución en la
mentalidad y en la cultura ciudadana, y eso es lo que está en marcha.
—Pero no pareciera que toda la ciudadanía estuviera involucrada en eso.
La mayoría parece más preocupada de ir al mall y de hacer una vida
bastante poco politizada.
—Eso es lo que se dice: la gente va al mall, hay millones de autos por
las calles, el consumismo, los préstamos, las AFP, etc. Lo que informan
los medios.
—Pero es lo que se ve en la calle o conversando con la gente.
Noticia relacionada
Ricardo Brodsky: "Hay un ánimo inquisidor en la comisión de Ética, una
especie de catálogo de lo correcto"
Ricardo Brodsky: "Hay un ánimo inquisidor en la comisión de Ética, una
especie de catálogo de lo correcto"
—Pero recordemos: los procesos históricos profundos no van por la calle,
van por dentro. Eventualmente salen a la calle, pero no están todo el
tiempo allí. Ya en 1998 el informe de desarrollo humano de las Naciones
Unidas llegaba a la conclusión de que en Chile se estaba produciendo un
fenómeno subterráneo, que es la ciudadanización de la política, paralelo
a la crisis de las estructuras partidarias. Yo creo que eso es muy
potente. Me baso en dos cosas, entre miles de otras razones. Yo
combinaba la clase en la universidad con la invitación de comunidades de
base que te piden que les hables. Y lo que me ha sorprendido es que
desde Arica a Magallanes están los mismos sentimientos y se usa el mismo
lenguaje y los mismos conceptos. Incipientes, pero flotando, de manera
que cuando tú les entregas el concepto más claro, lo captan al tiro.
Y lo segundo son las estadísticas, como nunca las había habido en Chile:
todas, desde 1991 hasta hoy, señalan con gruesos números, cada vez
mayores, el descontento con los partidos políticos, con los políticos y
con el sistema del que ellos dependen. Por algo se ganó el plebiscito
con el 80%.
—Usted sostiene que han habido dos momentos en que el pueblo se
encaminaba a ejercer el poder constituyente, en la década de 1820 y en
las primeras décadas del siglo 20; en ambos casos, ello se frustra. ¿Por
qué no podría pasar lo mismo ahora?
—Esa pregunta implicaría un larguísimo análisis histórico. Dicho
brevemente, el gran movimiento constituyente popular, de 1822 a 1828,
tuvo como base la comuna, los cabildos locales. Estos derriban la
dictadura de O’Higgins, hacen quebrar el monopolio comercial de Portales
y compañía, promueven una Asamblea Constituyente libremente elegida y
finalmente llegan, peleando con la élite de Santiago, a proclamar la
Constitución de 1828, la única realmente legítima que ha tenido el país.
Este movimiento triunfó, pero fue derribado porque Diego Portales y
compañía organizaron un ejército mercenario, le pagaron al general
Prieto y logran ganar la batalla de Lircay.
El movimiento del siglo 20, en tanto, fue de actores sociales
emergentes. Partieron los regidores y alcaldes de las comunas; la
Federación Obrera de Chile (FOCh), los estudiantes, los profesores, los
conventilleros, los ingenieros, los industriales y los militares, la
oficialidad joven del Ejército. Todos se movilizaron para cambiar la
Constitución del 33, cambiar el régimen y enrielar el país hacia el
desarrollo de la producción, del empleo, de la clase trabajadora. Y el
proceso constituyente lo abren los militares. Ellos dan el golpe, mandan
a cambiar al Presidente, cierran el Congreso y convocan a una asamblea
constituyente libremente elegida; eso ocurrió en una semana. Y fracasó
por la ingenuidad de los militares que autodisolvieron su propia
asamblea, y no queda nadie que controle el proceso. Entonces los
políticos traen de vuelta a Alessandri, los protege y nunca convoca a
una asamblea constituyente popular; él dictó prácticamente la
Constitución del 25.
—¿Y cuál cree que será la evolución ahora?
—Esta vez el movimiento soberano del pueblo quiere trabajar por sí
mismo, él hacerse cargo del poder constituyente. Pero aquí lo
interesante es qué va a hacer el Ejército. Hasta ahora no ha hecho nada
para obstruir o destruir el proceso popular. Y esto es nuevo. Tampoco se
ha puesto a la cabeza. Porque en 1822 iban los pueblos de provincia y
el Ejército, era un frente cívico-militar, al igual que en 1924. Ahora
no está ese frente cívico-militar, pero tampoco está el Ejército
masacrando.
—Usted piensa que en algún momento se va a llegar a un nudo gordiano.
¿Son los dos tercios ese nudo gordiano?
—Los dos tercios, depende: si se juegan dentro de la Convención, hay
callejón sin salida. Si se juegan fuera de la Convención, la Alameda
está abierta.
—¿A qué se refiere con fuera de la Convención?
—Que se movilice el pueblo, sea a través de los miles de cabildos
locales que están funcionando, sea con una gran movilización callejera
parecida a la del 18 octubre.
—¿Y que eso genere presión sobre la institucionalidad?
—El punto clave es qué es lo que va a hacer el Ejército. Los militares
están deliberando. Siempre lo han hecho. ¡Si son seres humanos! Que les
prohíban deliberar es absurdo. Y ahora con mayor razón, si se atiende el
hecho de que por primera vez los altos oficiales chilenos están
haciendo estudios de posgrado, tienen magísteres ¡en ciencias sociales!
¿Para qué tanto conocimiento de alto nivel si no van a hacer nada? No,
pues. Es ridículo.
—¿Por qué le da tan poca importancia a la elección presidencial y
parlamentaria?
—Suponga que a mediados del próximo año tengamos nueva Constitución.
¿Vamos a seguir teniendo Presidentes que son los herederos de los reyes
absolutos? ¿O vamos a tener un gobierno colegiado para evitar
personalismos, caudillismo o la estupidez que puedan contener
psicológicamente las personalidades que elegimos? Tiene que ser un grupo
que delibere racionalmente y que no sean representativos de sí mismos.
Hay que pensar eso y hay que pensar que el Parlamento no puede ser el
negocio de políticos profesionales. Hay que crear un Parlamento con
gente que vaya a ejecutar mandatos soberanos. Entonces, ¿qué sacamos con
elegir Presidente de aquí a dos años más de acuerdo a la Constitución
del 80, que es lo que queremos cambiar? ¿Qué va a hacer el Presidente en
esos dos años? No va a tener ninguna función importante. Es un señor
que va a jugar el rol del ujier, va a cerrar la puerta.
—Pero si el Congreso que salga elegido en noviembre tiene una
composición muy distinta a la de la Convención, ¿no estaría demostrando
que la ciudadanía ya no apoya la línea de la Convención?
—Pudiera ser. En materia electoral pueden producirse vuelcos
absolutamente ilógicos respecto de los procesos profundos. Es como ir al
supermercado: vas a una vitrina donde te muestran cosas y te puedes
dejar seducir por una u otra según el ánimo con que vas. Pueden
producirse volteretas de este tipo, como el propio segundo gobierno de
Piñera: el proceso profundo iba por un lado y por alguna razón que aún
no se conoce bien se elige a Piñera por segunda vez. Y le pasó lo que le
pasó al pobre. Es como triste, pero eso ocurre en historia. No sería
extraño tampoco que se eligiera un Congreso que sea mayoritariamente
poco proclive al cambio constitucional.
—¿Y por qué entonces la Convención sería la que representa la corriente
histórica y no el Congreso o el Presidente?
—Por lo que le dije: hay un proceso a lo largo de Chile que no existía
antes. Esto no es reversible. Y te lo indican las encuestas, que una y
otra vez marcan la misma tendencia. Pueden haber momentos de vuelta
atrás, como le pasó a la Lista del Pueblo, que se las dio a elegir
Presidente, senadores y diputados, perdiendo el tiempo de una manera
increíble. Puede ocurrir eso, pero usted vio lo que pasó con la Lista
del Pueblo: se esfumó en el aire por ese afán electoralista que le llevó
a convertir el movimiento social en una carrera política.
Gabriel Salazar: "La
trayectoria lógica de la Convención se va a enfrentar con un callejón
sin salida"
"El punto clave es qué es lo que va a hacer el Ejército", afirma el
Premio Nacional de 2006 y figura destacada en la intelectualidad de
izquierda. Este es su análisis del proceso que está viviendo Chile.
03 de Septiembre de 2021 | 07:46 | Por Álvaro Valenzuela, Crónica
Constitucional
154
Las Últimas Noticias
La clave está en la "generación pingüina". El historiador Gabriel
Salazar —Premio Nacional 2006— mira el proceso constitucional con el
interés de un académico, pero también con el entusiasmo de quien lo ha
promovido. Convencido de que lo que se observa es el producto de
movimientos históricos de décadas, señala como decisivo el hecho de que
la mentada generación "es la que está tomando el control". Una
generación que en realidad son dos, dice. La primera, algo mayor,
corresponde a quienes, habiéndose enfrentado muy jóvenes al régimen
militar, luego, en la transición, abandonaron los partidos para
comprometerse en la "militancia social", trabajando en organizaciones
poblacionales y de base, y formándose al alero de las ONG y de
académicos como él mismo. Ese grupo tomó conceptos como el de "la
asamblea manda" y se ha mantenido alejado de las estructuras
partidarias.
Noticia relacionada
Sol Serrano, Premio Nacional de Historia: "Sin la república los
convencionales no estarían sentados donde están"
Sol Serrano, Premio Nacional de Historia: "Sin la república los
convencionales no estarían sentados donde están"
El otro sector de esta "generación pingüina" —en alusión a los
movimientos estudiantiles que partieron con el "mochilazo" de 2001 y el
"pingüinazo" de 2006— es el que se constituye en torno a los estudiantes
universitarios en 2011. Estos, en la visión del historiador y también
exmilitante del MIR, terminaron repitiendo "la vieja tradición de que tú
te haces famoso en la FECh y después viene la carrera política. Y eso
es lo que conduce a los jóvenes del Frente Amplio: toda esa generación
termina por enrielarse dentro de la carrera política desde una posición
crítica de la vieja izquierda, pero tratando de imitar el modelo
uruguayo del Frente Amplio". "Para mí, es la sección cadetes de la clase
política", dice con ironía. Muestra de ello —agrega— es que hayan
votado, en la comisión de Reglamento de la Convención Constitucional,
contra la idea de cuestionar el quorum de los dos tercios.
—En las primeras semanas de Convención usted se declaraba gratamente
sorprendido. ¿Mantiene esa visión?
—Fue una grata sorpresa que se gestara una mayoría activa. La elección
de la actual directiva es una prueba: nadie esperaba que una académica
mapuche iba a ser la presidenta. Ahí se demostró que el elenco político
partidario que hay dentro de la Convención no iba a ser una aplanadora.
Nadie tiene los dos tercios ni se puede constituir una mayoría popular
fácilmente. Eso es esperanzador. Y lo que más me ha sorprendido es que
se dieron cuenta de que la trayectoria lógica de esta Convención, dada
su composición interna y la actitud con que entraron aquí los
representantes de la clase política, con toda seguridad se va a
enfrentar a mediano plazo con un impasse, un callejón sin salida, un
desacuerdo difícil de superar.
Y que en ese caso, como nadie controla los dos tercios y la clase
política sabe manejarse muy bien en estos ámbitos, los sectores
populares se van a encontrar sin opciones legales para actuar dentro.
Ahí, los convencionales del pueblo entendieron que van a tener que
recurrir desde ya al apoyo soberano del pueblo que está afuera de la
Convención. Porque hay miles y miles de asambleas territoriales,
comunales, cabildos, que están funcionando activamente. Hay allí un
poder constituyente actuante, no formal, pero activo. Y los
convencionales se están dando cuenta de que lo mejor que pueden hacer es
tomar contacto directo con este proceso externo. Por eso muchos ya han
empezado a hablar de que tienen que actuar mandatados por el pueblo
mismo.
—¿Usted piensa que en algún momento se va a producir un choque fuerte
entre la clase política y esos movimientos populares?
—No hay duda. Porque el andamiaje sobre el cual existe la clase política
es el mismo aparato constitucional. Y en buena medida también, el
modelo neoliberal. Si ese andamiaje es cambiado profundamente, la clase
política se queda sin estatus, sin función. Por eso, en otras coyunturas
históricas, cuando la clase política ha sido asediada por la
ciudadanía, se unen todos contra la ciudadanía. Se produce ahí un
acuerdo general que protege al "gremio". Eso ha ocurrido varias veces en
nuestra historia. Desde luego, la famosa fusión liberal-conservadora de
fines del siglo 19 y comienzos del 20. Y eso mismo ocurrió, más en
pequeño, el 15 de noviembre de 2019, lo que se llamó el "acuerdo por la
paz", que en el fondo era un acuerdo para defender al "gremio".
—¿Pero no fue eso lo que posibilitó que tengamos una Convención?
—Eso posibilitó que tengamos "esta" Convención. Pero de no haber
existido eso, podría haber aparecido una asamblea constituyente
ciudadana. Propiamente ciudadana y por tanto, completamente legítima. La
cosa caminaba hacia allá. Pero esto es un aprendizaje, la ciudadanía
está aprendiendo a ser soberana. Esta no es la revolución de las
estructuras. Va a haberla, pero antes que eso está la revolución en la
mentalidad y en la cultura ciudadana, y eso es lo que está en marcha.
—Pero no pareciera que toda la ciudadanía estuviera involucrada en eso.
La mayoría parece más preocupada de ir al mall y de hacer una vida
bastante poco politizada.
—Eso es lo que se dice: la gente va al mall, hay millones de autos por
las calles, el consumismo, los préstamos, las AFP, etc. Lo que informan
los medios.
—Pero es lo que se ve en la calle o conversando con la gente.
Noticia relacionada
Ricardo Brodsky: "Hay un ánimo inquisidor en la comisión de Ética, una
especie de catálogo de lo correcto"
Ricardo Brodsky: "Hay un ánimo inquisidor en la comisión de Ética, una
especie de catálogo de lo correcto"
—Pero recordemos: los procesos históricos profundos no van por la calle,
van por dentro. Eventualmente salen a la calle, pero no están todo el
tiempo allí. Ya en 1998 el informe de desarrollo humano de las Naciones
Unidas llegaba a la conclusión de que en Chile se estaba produciendo un
fenómeno subterráneo, que es la ciudadanización de la política, paralelo
a la crisis de las estructuras partidarias. Yo creo que eso es muy
potente. Me baso en dos cosas, entre miles de otras razones. Yo
combinaba la clase en la universidad con la invitación de comunidades de
base que te piden que les hables. Y lo que me ha sorprendido es que
desde Arica a Magallanes están los mismos sentimientos y se usa el mismo
lenguaje y los mismos conceptos. Incipientes, pero flotando, de manera
que cuando tú les entregas el concepto más claro, lo captan al tiro.
Y lo segundo son las estadísticas, como nunca las había habido en Chile:
todas, desde 1991 hasta hoy, señalan con gruesos números, cada vez
mayores, el descontento con los partidos políticos, con los políticos y
con el sistema del que ellos dependen. Por algo se ganó el plebiscito
con el 80%.
—Usted sostiene que han habido dos momentos en que el pueblo se
encaminaba a ejercer el poder constituyente, en la década de 1820 y en
las primeras décadas del siglo 20; en ambos casos, ello se frustra. ¿Por
qué no podría pasar lo mismo ahora?
—Esa pregunta implicaría un larguísimo análisis histórico. Dicho
brevemente, el gran movimiento constituyente popular, de 1822 a 1828,
tuvo como base la comuna, los cabildos locales. Estos derriban la
dictadura de O’Higgins, hacen quebrar el monopolio comercial de Portales
y compañía, promueven una Asamblea Constituyente libremente elegida y
finalmente llegan, peleando con la élite de Santiago, a proclamar la
Constitución de 1828, la única realmente legítima que ha tenido el país.
Este movimiento triunfó, pero fue derribado porque Diego Portales y
compañía organizaron un ejército mercenario, le pagaron al general
Prieto y logran ganar la batalla de Lircay.
El movimiento del siglo 20, en tanto, fue de actores sociales
emergentes. Partieron los regidores y alcaldes de las comunas; la
Federación Obrera de Chile (FOCh), los estudiantes, los profesores, los
conventilleros, los ingenieros, los industriales y los militares, la
oficialidad joven del Ejército. Todos se movilizaron para cambiar la
Constitución del 33, cambiar el régimen y enrielar el país hacia el
desarrollo de la producción, del empleo, de la clase trabajadora. Y el
proceso constituyente lo abren los militares. Ellos dan el golpe, mandan
a cambiar al Presidente, cierran el Congreso y convocan a una asamblea
constituyente libremente elegida; eso ocurrió en una semana. Y fracasó
por la ingenuidad de los militares que autodisolvieron su propia
asamblea, y no queda nadie que controle el proceso. Entonces los
políticos traen de vuelta a Alessandri, los protege y nunca convoca a
una asamblea constituyente popular; él dictó prácticamente la
Constitución del 25.
—¿Y cuál cree que será la evolución ahora?
—Esta vez el movimiento soberano del pueblo quiere trabajar por sí
mismo, él hacerse cargo del poder constituyente. Pero aquí lo
interesante es qué va a hacer el Ejército. Hasta ahora no ha hecho nada
para obstruir o destruir el proceso popular. Y esto es nuevo. Tampoco se
ha puesto a la cabeza. Porque en 1822 iban los pueblos de provincia y
el Ejército, era un frente cívico-militar, al igual que en 1924. Ahora
no está ese frente cívico-militar, pero tampoco está el Ejército
masacrando.
—Usted piensa que en algún momento se va a llegar a un nudo gordiano.
¿Son los dos tercios ese nudo gordiano?
—Los dos tercios, depende: si se juegan dentro de la Convención, hay
callejón sin salida. Si se juegan fuera de la Convención, la Alameda
está abierta.
—¿A qué se refiere con fuera de la Convención?
—Que se movilice el pueblo, sea a través de los miles de cabildos
locales que están funcionando, sea con una gran movilización callejera
parecida a la del 18 octubre.
—¿Y que eso genere presión sobre la institucionalidad?
—El punto clave es qué es lo que va a hacer el Ejército. Los militares
están deliberando. Siempre lo han hecho. ¡Si son seres humanos! Que les
prohíban deliberar es absurdo. Y ahora con mayor razón, si se atiende el
hecho de que por primera vez los altos oficiales chilenos están
haciendo estudios de posgrado, tienen magísteres ¡en ciencias sociales!
¿Para qué tanto conocimiento de alto nivel si no van a hacer nada? No,
pues. Es ridículo.
—¿Por qué le da tan poca importancia a la elección presidencial y
parlamentaria?
—Suponga que a mediados del próximo año tengamos nueva Constitución.
¿Vamos a seguir teniendo Presidentes que son los herederos de los reyes
absolutos? ¿O vamos a tener un gobierno colegiado para evitar
personalismos, caudillismo o la estupidez que puedan contener
psicológicamente las personalidades que elegimos? Tiene que ser un grupo
que delibere racionalmente y que no sean representativos de sí mismos.
Hay que pensar eso y hay que pensar que el Parlamento no puede ser el
negocio de políticos profesionales. Hay que crear un Parlamento con
gente que vaya a ejecutar mandatos soberanos. Entonces, ¿qué sacamos con
elegir Presidente de aquí a dos años más de acuerdo a la Constitución
del 80, que es lo que queremos cambiar? ¿Qué va a hacer el Presidente en
esos dos años? No va a tener ninguna función importante. Es un señor
que va a jugar el rol del ujier, va a cerrar la puerta.
—Pero si el Congreso que salga elegido en noviembre tiene una
composición muy distinta a la de la Convención, ¿no estaría demostrando
que la ciudadanía ya no apoya la línea de la Convención?
—Pudiera ser. En materia electoral pueden producirse vuelcos
absolutamente ilógicos respecto de los procesos profundos. Es como ir al
supermercado: vas a una vitrina donde te muestran cosas y te puedes
dejar seducir por una u otra según el ánimo con que vas. Pueden
producirse volteretas de este tipo, como el propio segundo gobierno de
Piñera: el proceso profundo iba por un lado y por alguna razón que aún
no se conoce bien se elige a Piñera por segunda vez. Y le pasó lo que le
pasó al pobre. Es como triste, pero eso ocurre en historia. No sería
extraño tampoco que se eligiera un Congreso que sea mayoritariamente
poco proclive al cambio constitucional.
—¿Y por qué entonces la Convención sería la que representa la corriente
histórica y no el Congreso o el Presidente?
—Por lo que le dije: hay un proceso a lo largo de Chile que no existía
antes. Esto no es reversible. Y te lo indican las encuestas, que una y
otra vez marcan la misma tendencia. Pueden haber momentos de vuelta
atrás, como le pasó a la Lista del Pueblo, que se las dio a elegir
Presidente, senadores y diputados, perdiendo el tiempo de una manera
increíble. Puede ocurrir eso, pero usted vio lo que pasó con la Lista
del Pueblo: se esfumó en el aire por ese afán electoralista que le llevó
a convertir el movimiento social en una carrera política.
Las terribles diferencias entre la minería estatal y privada Julián Alcayaga O. | Martes 10 de julio 2018 17:03 hrs. Desde que el precio del cobre superó los 3 dólares la libra se reactivaron los proyectos de inversión minera en Chile, lo que ha sido celebrado por diversos medios como un gran beneficio para el país. Documentando la reactivación de la inversión minera el año 2017, Cochilco publicó un informe titulado precisamente así, “Inversión Minera en Chile”, en el que celebra que la inversión minera proyectada para el período 2017-2026 alcance un monto de US$ 64.856 millones. Sin embargo, el Anuario de Cochilco 2016, al reportar la tributación de las 10 mayores mineras privadas, nos informa que para el ejercicio 2016 ella alcanzó la ridícula suma de US$ 17,6 millones. En el mismo ejercicio, el mismo cuadro infor...
¿QUIÉNES SON REALMENTE LOS JUDÍOS ASQUENAZÍES? Por Humberto Del Pozo López •La historia que no te contaron. Durante décadas, la narrativa oficial del sionismo ha intentado presentar a los judíos askenazíes (la gran mayoría de la población israelí actual) como descendientes directos de los antiguos hebreos de la Biblia. Sin embargo, la historia y la ciencia cuentan algo muy distinto. Para entender la raíz del conflicto y las reclamaciones territoriales en Palestina, es fundamental conocer quiénes son realmente los askenazíes, de dónde vienen y cómo su historia fue moldeada para servir a un proyecto colonial. El origen jázaro.. En los siglos VII y VIII, en la región que hoy abarcaría partes del sur de Rusia, Ucrania y Kazajistán, existía un poderoso reino: el Jaganato Jázaro. Era un pueblo túrquico, nómada y comerciante, que controlaba rutas clave entre Europa y Asia. A mediados del siglo VIII, la élite gobernante jázara adoptó el judaís...
Siguen apareciendo mentiras a propósito de Pablo Neruda y su hija Malva Marina , aclaremos algunas cosas... Leila Mora publicó esto en facebook Medina Sergio MALVA MARINA, HIJA DE PABLO NERUDA Carta en Respuesta a la crónica de el Diario El Mundo Por Darío Oses, Sr. Director Diario El Mundo Madrid De mi consideración: hemos leído, en la edición digital del diario El mundo, la crónica “La hija madrileña a la que Pablo Neruda abandonó…”, de Paco Riego, que reseña la novela de Hagar Peeters, sobre Malva Marina Reyes, única hija del poeta Pablo Neruda. Nos parece necesario, hacer algunos comentarios sobre esta crónica. 1.- En sus inicios, esta dice: “Han pasado 84 años y Peeters sacude el manto de misterio que durante ocho décadas cubrió la vida de esta niña con hidrocefalia, Malva Marina, ocultada y repudiada por su propio padre, uno de los más grandes poetas de la historia.” Esto es falso. Peeters no ha sacudido ningún “manto de mist...
Comentarios
Publicar un comentario