De la revolución a la ONG: la metamorfosis del intelectual latinoamericano

De la revolución a la ONG: la metamorfosis del intelectual latinoamericano

 

Corrían los primeros tiempos de la transición pactada cuando la revista Punto Final publicó un trabajo de James Petras que encendió la indignación en los círculos intelectuales concertacionistas. Titulado “La metamorfosis de los intelectuales en América Latina”, el texto señalaba algo incómodo: a merced de influencias externas —sobre todo financiamiento— estos intelectuales de centro-izquierda reorientaron sus posiciones hacia “un conjunto de fórmulas que justificaban el acomodo con las élites militares y económicas locales y extranjeras como la única opción viable y 'posible', congelando así el proceso de transformación”.

Tres décadas después, el diagnóstico de Petras sigue siendo una de las claves más lúcidas para comprender la profunda mutación del pensamiento crítico en América Latina. La muerte del sociólogo greco-estadounidense el 17 de enero de 2026 invita a revisitar su obra y a preguntarnos: ¿cómo se transformó el intelectual revolucionario del siglo XX en el operador democrático de la izquierda revisionista actual?

El intelectual colectivo: del exilio a la trinchera militante

Para Petras, el exilio latinoamericano en Europa durante las dictaduras de los años setenta fue el crisol de una transformación paradójica. Lejos de sus países, los intelectuales exiliados se convirtieron en un intelectual colectivo: abandonaron la torre de marfil para organizar la resistencia transnacional, tejer redes de solidaridad y denunciar los crímenes de lesa humanidad.

Petras fue protagonista de ese momento. Miembro del Tribunal Russell sobre la represión en América Latina, junto a Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, participó en la documentación de violaciones a los derechos humanos que sentaría las bases de la justicia internacional. Pero también colaboró con el gobierno de Salvador Allende en Chile, encarnando aquella figura del intelectual orgánico gramsciano: comprometido con la transformación social, vinculado a los movimientos populares y anclado en una concepción revolucionaria del cambio.

Ese intelectual colectivo —marxista, antiimperialista, clasista— operaba bajo una lógica clara: las luchas basadas en la identidad solo podían lograr una transformación cuando se conectaban con cuestiones de propiedad, trabajo y poder. Su sujeto político era la clase trabajadora, los campesinos, los movimientos populares. Su horizonte, la revolución.

La gran metamorfosis: del marxismo al posmarxismo

El giro se produjo cuando el neoliberalismo se consolidó y la clase trabajadora retrocedió como sujeto histórico. “El postmarxismo se convirtió en una posición intelectual de moda con el triunfo del neoliberalismo y el retroceso de la clase trabajadora”, escribió Petras. El espacio que dejó vacante la izquierda reformista fue ocupado no solo por ideólogos capitalistas, sino por una nueva generación de intelectuales que, en muchos casos, eran exmarxistas.

Petras identificó los diez argumentos básicos del discurso posmarxista:

· El socialismo fue un fracaso y las teorías generales de sociedad están condenadas a repetirlo.
· El énfasis marxista en las clases sociales es reduccionista; el punto de partida son las identidades culturales (raza, género, etnicidad).
· El Estado es el enemigo de la democracia; la sociedad civil es el verdadero protagonista del cambio.
· Los mercados, con regulaciones limitadas, son más eficaces que la planificación central.
· La lucha por el poder del Estado es corruptora; solo las luchas locales y las organizaciones no gubernamentales son democráticas.
· Las revoluciones siempre terminan mal o son imposibles.

Este corpus ideológico no surgió espontáneamente. Fue alentado y, en muchos casos, subsidiado por las principales instituciones financieras y agencias gubernamentales promotoras del neoliberalismo. El resultado fue una “domesticación de los intelectuales” vinculada a su dependencia del financiamiento externo.

El papel de las ONG: dólares y desmovilización

El mecanismo central de esta metamorfosis fue el financiamiento. Las ONG y los centros de investigación independientes —que Petras describió como “organizaciones cuya ideología, vínculos y prácticas compiten directamente con la teoría y práctica marxista”— se convirtieron en el nuevo hábitat del intelectual crítico.

Estas organizaciones, financiadas por gobiernos, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y fundaciones vinculadas al establishment, difundían un lenguaje de izquierda —“poder popular”, “igualdad de género”, “desarrollo de base”— pero vaciaban de contenido transformador esos términos. Petras fue contundente: muchas ONG son “brazos de gobiernos” y “arietes desmovilizadores de las luchas sociales y políticas enraizadas en la necesidad de transformación radical”.

La consecuencia fue la despolitización del intelectual. Ya no se trataba de construir poder popular para transformar el Estado, sino de gestionar proyectos, acceder a fondos y producir informes. El salario en dólares reemplazó el compromiso revolucionario. La economía determinó las “ventajas comparativas” y, con ellas, al sujeto político nacional.

El revisionismo democrático como nueva ortodoxia

La izquierda revisionista actual es el producto de esta metamorfosis. Su sujeto político ya no es la clase trabajadora organizada, sino una constelación de identidades fragmentadas: género, raza, ecología, diversidad sexual. Su método no es la revolución, sino la incidencia, la participación en ONG, la presión sobre autoridades nacionales e internacionales. Su horizonte no es el socialismo, sino una democracia liberal con rostro humano.

Petras cuestionó esta “transición democrática” como una dicotomía simplista entre dictadura militar y democracia. Para él, lo que realmente emergió tras las dictaduras fueron “regímenes electorales neoautoritarios”: sistemas que mantenían estructuras de poder excluyentes mientras cooptaban a las élites intelectuales mediante el financiamiento y la institucionalización.

El intelectual orgánico se convirtió así en intelectual institucionalizado. El marxismo crítico, en posmarxismo rampante. La revolución, en gestión. La clase, en identidad.

Conclusión: el legado de Petras

James Petras fue un crítico incómodo: alguien que se atrevió a “criticar a la izquierda desde la izquierda”. Su diagnóstico sobre la metamorfosis de los intelectuales latinoamericanos no era un mero ejercicio académico, sino una advertencia. Al abandonar la lucha de clases como eje del cambio social, la izquierda revisionista no solo perdía su brújula teórica, sino que se convertía en cómplice —involuntaria o no— del orden neoliberal que decía combatir.

Hoy, cuando el pensamiento crítico parece diluido entre informes de ONG, proyectos financiados y activismo identitario, la pregunta de Petras sigue vigente: ¿es posible recuperar la figura del intelectual comprometido con la transformación radical, o la metamorfosis es irreversible? La respuesta, quizás, está en volver a leer a Petras y recordar que el intelectual crítico no es aquel que administra lo existente, sino el que se atreve a imaginar lo que aún no existe.

 

Publicado en facebook el 14.7.26 por: 

Extrema Pobreza

 

 

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