La estrategia cultural de las derechas radicales en América Latina
La estrategia cultural de las derechas radicales en América Latina
Entre discursos sobre libertad individual y ataques a lo “woke”, estas organizaciones buscan redefinir qué ideas parecen aceptables
Por Redacción Nota Antropológica
¿Alguna vez has sentido que ya no se puede decir nada sin que alguien se ofenda? Esa sensación de estar caminando sobre cáscaras de huevo. La Fundación Libre Argentina y la Fundación Ecuador Libre han convertido esa incomodidad en combustible político. No buscan solo cambiar leyes sino intentan mover el sentido común.
La investigadora Olga Natividad Bracco analizó a estas dos organizaciones entre 2019 y 2023. Su trabajo muestra cómo operan estos think tanks, centros de pensamiento que producen ideas, forman cuadros políticos y asesoran gobiernos. En este caso, espacios vinculados a nuevas derechas latinoamericanas que defienden el libre mercado mientras disputan la agenda progresista.
El fenómeno ocurre en Argentina y Ecuador, pero se conecta con redes internacionales como Atlas Network, Fundación Friedrich Naumann y Fundación Internacional para la Libertad. Más que una conspiración secreta, funcionan como un ecosistema. Circulando becas, premios, libros, conferencias y contactos, estas redes han creado espacios donde empresarios, académicos e influencers políticos terminan hablando el mismo idioma ideológico..
La Fundación Ecuador Libre nació en 2005 con un perfil liberal clásico. Su discurso suele tener como bandera la eficiencia, institucionalidad, inversión y la seguridad jurídica. Uno de sus integrantes definió su visión como “institucionalismo liberal”, donde la libertad individual y las instituciones fuertes garantizarían el progreso. Durante el gobierno de Guillermo Lasso, varios de sus miembros ocuparon cargos públicos. Su financiamiento probablemente se sostuvo gracias a redes empresariales cercanas al propio Lasso y aportes privados.
En cambio, la Fundación Libre Argentina, encabezada por Agustín Laje, nació en 2017 y apostó por un tono más confrontativo, más emocional, más viralizable. Sus videos y conferencias convierten las redes sociales en un campo de batalla permanente. Criticando al feminismo, a los derechos humanos y a la llamada “ideología de género”, Laje se presenta como alguien perseguido por la corrección política. Para sus seguidores es un rebelde incómodo. Para sus críticos, un portavoz de discursos reaccionarios.
La investigación identifica tres grandes narrativas que ambas fundaciones han utilizado para disputar la llamada batalla cultural.
La primera es el ataque a lo “woke” y a la cultura de la cancelación. El término nació en comunidades afroestadounidenses para hablar de conciencia frente a las injusticias raciales. Después se amplió a luchas feministas, LGBTIQ+ y ambientales. Hoy, estos grupos lo usan como una etiqueta negativa. Lo presentan como una especie de policía moral que decide qué puede decirse y qué no. Mientras la Fundación Libre Argentina habla de “dictadura woke”, la Fundación Ecuador Libre organiza foros preguntando si la libertad de expresión tiene límites. El mensaje cambia de forma, pero mantiene la misma idea: las políticas de inclusión serían mecanismos de censura disfrazados.
La segunda narrativa es el escepticismo hacia los derechos humanos. Algunos miembros de estas organizaciones llegaron a llamarles “el cuento”. También han criticado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, acusándola de impulsar agendas globales vinculadas al matrimonio igualitario o la perspectiva de género. Desde Ecuador Libre se habla de una deriva “socialistoide” alejada de la libertad individual. Para ellos, los derechos deberían centrarse casi exclusivamente en limitar la intervención estatal sobre la propiedad privada. Fundación Libre Argentina ha ido más lejos, defendiendo discursos donde la seguridad pesa más que la universalidad de los derechos.
La tercera narrativa gira alrededor del “marxismo cultural”. Suena abstracto, pero funciona como una categoría paraguas. Ahí meten feminismo, aborto, ambientalismo, movimientos LGBTIQ+ y políticas redistributivas. Para Fundación Libre Argentina, sería una estrategia global destinada a destruir valores tradicionales. Para Fundación Ecuador Libre, representa una amenaza económica que revive el estatismo y espanta inversiones. Distintas formas de contar una misma historia: el progresismo convertido en enemigo total.
¿Y cómo baja todo esto a la vida cotidiana?
Las movilizaciones sociales suelen ser uno de sus blancos favoritos. Fundación Libre Argentina describió protestas en Chile y Ecuador como parte de un supuesto plan coordinado para instalar gobiernos socialistas. En algunos discursos incluso apareció la palabra “terrorismo” para referirse a manifestantes. Fundación Ecuador Libre tomó otro camino. En vez de apelar al miedo directo, calculó el costo económico del paro nacional ecuatoriano de octubre de 2019: 821 millones de dólares. Uno activa emociones. El otro activa la lógica empresarial. Pero ambos terminan construyendo desconfianza hacia la protesta social.
En temas de género las diferencias se vuelven todavía más visibles. Agustín Laje sostiene que el feminismo y la ideología de género habrían abierto la puerta a nuevas formas de autoritarismo cultural. Su defensa de la familia aparece constantemente como una barrera frente al avance del Estado. En el documental Querida resistencia, una frase resume esa lógica: “Una familia fuerte genera una sociedad civil fuerte”.
La Fundación Ecuador Libre, en cambio, adopta algo parecido a un feminismo liberal. Defiende autonomía individual y meritocracia, pero rechaza cuotas de género y políticas afirmativas. Según su visión, las mujeres deberían acceder a espacios de poder únicamente por capacidad individual. También han criticado movimientos como Me Too, considerándolos parte de la cultura de la cancelación.
Entonces, ¿qué está realmente en juego?
Bracco plantea que estas fundaciones cumplen una doble función. Por un lado, unifican debates distintos bajo un mismo paraguas emocional: libertad, familia, nación, seguridad. Por otro, desplazan el eje de discusión. Dejando de hablar sobre igualdad o ampliación de derechos, el debate termina girando alrededor de la libertad negativa: la idea de que la libertad consiste, sobre todo, en no ser molestado por el Estado o por colectivos sociales.
El resultado probablemente sea una simplificación del campo político. Todo queda reducido a una pelea entre libertad y progresismo. Y cuando el adversario se convierte en una amenaza absoluta, casi cualquier respuesta parece justificable.
La paradoja final es que estos think tanks no necesariamente han tenido estructuras gigantes ni recursos infinitos. Fundación Libre Argentina terminó disolviéndose por problemas financieros, aunque muchos de sus integrantes siguieron activos desde otros espacios mediáticos y políticos. Fundación Ecuador Libre continúa operando mediante programas de formación y alianzas universitarias. Ambos casos muestran algo incómodo: para mover el sentido común no siempre hace falta un gran aparato. A veces alcanza con una narrativa emocional, una red de contactos y alguien dispuesto a repetir el mensaje todos los días.
Si llegaste hasta aquí, cuéntame en los comentarios: ¿cuántas de las opiniones que moldean tu vida diaria crees que fueron sembradas por alguien que entendía perfectamente el poder de una historia bien construida?@
Fuente:
Bracco, O. N. (2026). Think tanks de derecha y giros políticos en América Latina: la batalla cultural en Ecuador y Argentina. Íconos. Revista de Ciencias Sociales, (85), 13-33.
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Publicado en facebook el 22.5.26 por:

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