La dieta real de Chile: pan, gaseosas y papas fritas por encima de las frutas
La dieta real de Chile: pan, gaseosas y papas fritas por encima de las frutas
Chile tiene uno de los sistemas de etiquetado nutricional más estrictos del planeta. Los octógonos negros de advertencia cubren miles de productos. Las campañas de salud pública llevan años martillando el mensaje. Y sin embargo, el 85,6% de los chilenos come comida rápida de forma habitual. Algo no está funcionando como se planeó.
Empecemos por el principio: la mesa chilena tiene un rey indiscutido. El pan. El 96,3% de los hogares del país destina parte de su presupuesto a él, según el INE. No importa la región, el estrato social ni la hora del día. El pan está. Siempre. Como si fuera una constante física del universo chileno.
Pero la dieta del país no termina ahí. Las bebidas gaseosas aparecen en el 73,9% de los hogares —más que las frutas—, mientras que la carne de vacuno figura en el 63,2%. Los huevos, la leche y el yogurt completan un cuadro donde los ultraprocesados conviven con los productos básicos en perfecta armonía cotidiana.
La paradoja se profundiza al mirar la comida rápida. Las hamburguesas lideran con un 47,3% de preferencia, seguidas por las papas fritas con el 44,6% y la pizza con el 42%. Los completos —ese emblema nacional— llegan al 39%. Los chilenos comen comida rápida en promedio 2,7 veces al mes, principalmente los fines de semana, durante la cena o la once.
Lo más revelador es esto: el 64% de los propios encuestados reconoce que su alimentación es regular o mala. Lo saben. Lo admiten. Y luego piden otra hamburguesa.
Chile implementó las políticas de etiquetado más avanzadas de América Latina. Pero cambiar lo que come un pueblo no es una cuestión de leyes. Es una pelea contra siglos de cultura, precio, comodidad y afecto.
Y ahí, por ahora, el octógono negro lleva las de perder.
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