LA COLUSIÓN ATACA DE NUEVO. La antítesis del libre mercado.

LA COLUSIÓN ATACA DE NUEVO. La antítesis del libre mercado. 

 

Cuando el que regula no es el mercado, sino los mercaderes. La colusión en Chile dejó hace tiempo de ser una anomalía. Se transformó en una costumbre empresarial con corbata de seda, oficina alfombrada y solemnes discursos sobre las bondades del libre mercado. Un curioso catecismo económico donde la competencia es magnífica… siempre y cuando quienes compitan sean los demás. Durante décadas hemos asistido al desfile de carteles empresariales como quien presencia una serie miserablemente repetida: farmacias, pollos, papel tissue, navieras, gases industriales y medicinales, etc… 
 
Y ahora, operadores de vales de alimentación. Cambian los nombres, los ejecutivos y los estudios jurídicos defensores. Lo único intacto es la lógica del abuso: pactar en secreto para despojar al consumidor mientras públicamente se predica la santidad de la libre competencia. 
 
La etimología de la palabra colusión resulta brutalmente precisa. Proviene del latín colludere: “jugar juntos”. Y eso hacen estas compañías: juegan juntas. Juegan con los precios, las licitaciones, los contratos y, finalmente, con las personas. Juegan además con la tranquilidad de saber que las multas suelen ser apenas una fracción de las utilidades obtenidas mediante el fraude. 
 
El nuevo caso expuesto por la Fiscalía Nacional Económica parece escrito por un novelista cínico obsesionado con el simbolismo corporativo. Dos gigantes del mercado —Pluxee, (ex Sodexo), y Edenred— habrían pasado cerca de nueve años repartiéndose clientes y simulando competir mientras utilizaban celulares de prepago, correos personales y Telegram para evitar rastros. 
 
Las reuniones eran agendadas bajo nombres casi humorísticos: “desayuno con primos”. 
 
La mafia empresarial chilena ya ni siquiera necesita “metáforas” sofisticadas; se autoparodia. La frase atribuida a uno de los ejecutivos constituye probablemente el manifiesto más honesto del capitalismo oligárquico nacional: “No me tocas los míos, yo no toco los tuyos, y así vivimos mejor”. 
 
He ahí la verdadera doctrina de ciertos sectores empresariales. No el mérito. No la innovación. No la eficiencia. El acuerdo clandestino. El reparto feudal del mercado. La eliminación quirúrgica de la competencia. 
 
Resulta particularmente obsceno que esta colusión afectara servicios vinculados a alimentación y beneficios laborales. No hablamos de bienes superfluos ni de lujos extravagantes. Hablamos de mecanismos asociados a necesidades básicas de trabajadores y estudiantes. 
 
Mientras el discurso corporativo suele vestirse de responsabilidad social y preocupación por las personas, algunos ejecutivos operaban como administradores de un casino clandestino donde las cartas estaban marcadas desde el inicio. 
 
La colusión constituye la negación absoluta del libre mercado. Porque cuando dos actores concentran más del 80% del mercado y coordinan precios, ofertas y clientes, ya no existe mercado: existe un club privado con acceso restringido. Y allí aparece la hipocresía más irritante. 
 
Los mismos sectores que condenan cualquier regulación estatal como un atentado contra la libertad económica, terminan organizando mercados centralmente planificados… pero en beneficio propio. El empresario coludido detesta la intervención del Estado hasta que descubre que puede reemplazarla mediante acuerdos secretos entre directorios. El daño de estas prácticas excede largamente lo económico. 
 
La colusión destruye la confianza social y convierte el mercado en una ficción teatral donde el consumidor cree elegir mientras otros ya decidieron por él detrás del escenario. Y quizás la pregunta más inquietante no es cuántos casos hemos descubierto, sino cuántos otros todavía permanecen ocultos y perfectamente coordinados. 
 
 
Publicado en X por: ReneX
 
 
 
 

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