El fantasma de la ideología de género

El fantasma de la ideología de género



Mauricio Kuri, gobernador de Querétaro, anunció que vetará la llamada Ley de Identidad de Género, recientemente aprobada por el Congreso local. Su argumento fue que dicha reforma atenta contra los valores, la educación y la integridad de las familias queretanas.

Y más allá del caso concreto, vuelve a aparecer una palabra que se ha repetido durante años en debates, discursos, iglesias, redes sociales y campañas políticas: “ideología de género”.

La frase suena seria.

Suena académica.
Suena jurídica.
Suena como si detrás hubiera tratados de psicología, antropología, sociología o medicina.

Pero cuando uno mira con más cuidado, descubre algo curioso: “ideología de género” no es un concepto científico sólido, ni una categoría formal de las ciencias sociales o de la salud. Es, sobre todo, una etiqueta política y moral usada por sectores conservadores para meter en una misma bolsa todo aquello que les incomoda: feminismo, diversidad sexual, identidad de género, derechos LGBT+, educación sexual, familias distintas a la tradicional.

Dicho de otro modo: no describe con claridad una realidad.

La asusta.

Y ese es el problema.

Porque cuando algo se nombra como amenaza, ya no se invita a comprenderlo. Se invita a combatirlo. Se le dice a la gente que tenga miedo, que alguien quiere destruir a sus hijos, a sus familias, a sus valores, a su sociedad entera.

Pero lo que sí existe, y sí tiene discusión teórica, jurídica y humana, son otras cosas muy concretas: identidad de género, orientación sexual, expresión de género, derechos civiles, reconocimiento legal, dignidad, no discriminación.

Eso sí existe.

Y quizá no todos tenemos por qué entenderlo de inmediato. Es normal que haya dudas. Es normal que haya preguntas. Durante mucho tiempo estos temas fueron tratados como tabú, como pecado, como burla o como enfermedad. Muchas generaciones crecieron sin lenguaje para hablar de esto con seriedad.

Pero no saber no debería convertirse en permiso para atacar.

Si algo no lo entendemos, podemos preguntar.
Podemos leer.
Podemos escuchar.
Podemos reconocer que el mundo es más amplio que nuestra costumbre.

Lo que no deberíamos hacer es usar nuestra ignorancia como garrote.

Porque muchas veces el miedo a la llamada “ideología de género” no nace de un análisis profundo, sino de una alarma fabricada. De una palabra puesta ahí para que dejemos de ver personas y empecemos a ver enemigos.

Y ese es el verdadero peligro.

No que alguien reclame el derecho a existir con el nombre, la identidad y la dignidad con la que se reconoce.

El peligro es que una sociedad prefiera creer en fantasmas antes que mirar de frente a seres humanos reales.

✍️ Los Libros del Tío Beto

 

Publicada en fsacebook el 28.5.26 por: 

Los libros del Tío Beto



 

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