Chile – Miguel Lawner a Kast: «El conocimiento es la base del desarrollo»
Chile – Miguel Lawner a Kast: «El conocimiento es la base del desarrollo»
Queridos Familiares y amigos:
Me parece notable esta columna recibida en mi correo, por alguien que no se identifica y que creí necesario remitir a ustedes. Es un notable retrato de la pobreza intelectual de quién, por desgracia, hoy gobierna nuestro país-
Con el afecto de siempre. los saluda,
Miguel Lawner,
el arquitecto obstinado.
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Carta abierta al Señor Presidente José Antonio Kast
Señor Presidente:
Hay frases que revelan una política. Otras, una ideología. Y algunas, simplemente, una limitación intelectual.
Su
comentario respecto de la investigación científica —esa caricatura de
un estudio que termina apenas en “un libro precioso empastado en una
biblioteca”, y que por cierto, según sus palabras, “no genera ningún
trabajo”— pertenece, lamentablemente, a esta última categoría.
No porque usted carezca de inteligencia práctica.
Sería absurdo afirmarlo de alguien que llegó a La Moneda.
Pero sí porque evidencia una comprensión peligrosamente rudimentaria sobre cómo se construye la civilización.
Es
curioso. Usted parece exigirle a la ciencia el mismo rendimiento
inmediato que un comerciante exige a una caja registradora. Como si el
conocimiento debiera justificar su existencia mostrando utilidades
trimestrales, contrataciones inmediatas o dividendos visibles antes del
cierre contable. Bajo ese criterio, Sócrates habría sido un pésimo
proyecto de inversión. Platón, un gasto inútil. Einstein, un académico
improductivo jugando con ecuaciones sin retorno laboral observable. Y
probablemente Newton habría tenido dificultades para pasar por Hacienda
mientras perdía el tiempo debajo de un árbol mirando caer manzanas. Qué
decir de Kepler, cuyas leyes no dieron trabajo a nadie más allá de
enseñarlas por cientos de años y ayudar a mirar el cosmos con mayor
precisión.
La ironía es magnífica: usted gobierna un país cuya
economía depende, precisamente, de siglos de investigación “inútil”.
Desde la electricidad hasta internet; desde la resonancia magnética
hasta el GPS; desde los satélites hasta la inteligencia artificial. Nada
de eso nació porque un ministro preguntó cuántos empleos generaría en
los próximos seis meses. Nació porque alguien tuvo curiosidad. Porque
hubo Estados capaces de financiar ideas cuya rentabilidad era invisible
para las mentes pequeñas y evidente para la historia.
Reducir la
ciencia a empleabilidad inmediata es como evaluar una biblioteca por el
peso de sus libros o medir el valor de una sinfonía según la cantidad de
estacionamientos ocupados en el teatro.
Es la lógica del utilitarismo miope: esa incapacidad de comprender aquello cuyo valor no cabe en una planilla Excel.
Y
sin embargo, Chile invierte apenas un 0,4% del PIB en ciencia. Menos
que el promedio de la OCDE, e infinitamente menos que las economías que
tanto admiramos y copiamos. Somos un país que exporta cobre desde hace
más de 200 años, pero que pretende competir en el siglo XXI cuestionando
precisamente aquello que podría sacarnos del subdesarrollo intelectual y
productivo.
Hay algo particularmente inquietante en su discurso:
la sospecha permanente hacia el pensamiento. Esa incomodidad frente al
conocimiento que no puede transformarse inmediatamente en negocio. Como
si la filosofía, la astronomía, la sociología o la física teórica fueran
caprichos elitistas y no los cimientos mismos de la modernidad.
Resulta fascinante escuchar a un presidente preguntarse cuántos trabajos produjo un libro.
El Quijote no produjo empleos inmediatos. Tampoco “La República” de Platón. Ni la teoría de la relatividad.
Pero
cambiaron la forma en que la humanidad piensa, organiza el poder,
comprende el universo y desarrolla tecnología. Afortunadamente, la
historia nunca ha dependido exclusivamente de la imaginación de los
gerentes.
Quizás el problema de fondo no sea económico, sino
cultural. Hay líderes que entienden que gobernar también consiste en
elevar el horizonte intelectual de un país. Y hay otros que sólo saben
administrar ansiedad presupuestaria disfrazándola de sentido común.
Porque sí, Presidente: el conocimiento muchas veces parece inútil… justo antes de cambiar el mundo.
Y la ignorancia, en cambio, suele parecer muy práctica… justo antes de empobrecerlo todo.
Atte., un ciudadano convencido que el conocimiento es la base del desarrollo.
extractada de: https://werkenrojo.cl/chile-miguel-lawner-a-kast-el-conocimiento-es-la-base-del-desarrollo/
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