Solidaridad y amor con la librería Crisis. Por Guillermo Correa Camiroaga
Solidaridad y amor con la librería Crisis. Por Guillermo Correa Camiroaga
Hay hechos, circunstancias o situaciones que, aunque nos parezcan distantes, provocan potentes emociones en uno, asumiéndolas como propias. Esto es precisamente lo que me sucedió y, creo, le sucedió a muchos porteños y porteñas, cuando supe que la Librería Crisis se había incendiado el pasado 24 de marzo y que la pérdida había sido prácticamente total.
Reproduciré a continuación algunos párrafos de una crónica que escribí a propósito de la inauguración de la Librería Crisis al interior del Espacio Prat en Valparaíso, en diciembre de 2024:
“Han pasado 33 años desde que Mario Llancaqueo inauguró el primer local de la Librería Crisis, a fines del año 1991, en el número 2871 de Avenida Pedro Montt de Valparaíso, a pocos pasos de la Sombrerería Woronoff. Con el pasar de los años esta librería que mezclaba textos nuevos y usados, se transformó en un espacio cultural patrimonial de las porteñas y porteños. Con el fallecimiento de Mario, en junio del año 2021, se produce la “primera crisis” de la Librería Crisis. Marilén, hija de Mario, relata que “no tuve mucho tiempo para pensar si quería seguir con la librería o no, no hubo tiempo para esas reflexiones profundas de cómo quería seguir, porque la dueña nos pidió el local, así es que más bien tuve que actuar de acuerdo con la contingencia, uno hace lo que le toca hacer cuando le toca y, como puede, simplemente lo hace”. Desde Avenida Pedro Montt, la Librería Crisis se trasladó hasta la calle Blanco 1065, inaugurando este nuevo local en el segundo piso de dicho edificio, al lado de la Librería En El Blanco, pero, una “segunda crisis”, producto de la venta del edificio de calle Blanco, obligó a Marilén a buscar por tercera vez un nuevo local.
El martes 17 de diciembre 2024, a las 18.30 horas, se reinauguró por tercera vez la Librería Crisis en el segundo piso de calle Prat 659, a pocos metros del Ministerio de la Cultura, las Artes y el Patrimonio”.
La Librería Crisis tiene algo mágico, un espíritu y una energía que, luego de la Muerte de Mario Llancaqueo, siguió presente en su hija Marilén quien no solo continuó adelante con la obra de su padre, sino que se transformó en una guardiana y continuadora del legado de memoria y resistencia cultural llevado adelante por Mario Llancaqueo. El posterior traslado a la calle Blanco en primera instancia y luego a la calle Prat no interrumpieron este flujo de mágica energía que emanaba de este emblemático local, sino que se desplazó por los rincones de Valparaíso como una vaguada cultural que fue impregnando miles de corazones de porteñas y porteñas que encontraron en su local un vientre literario donde la sabia del conocimiento y la creación, estampada en el papel de los textos, transformaban las letras y las palabras en coreografías acompasadas que estimulaban la mente e imaginación de grandes y chicos. Por esta razón no sorprende las muestras de amor y solidaridad de cientos de personas de todas las edades que, después del trágico incendio que arrasó con el local de la librería destruyendo una gran cantidad de libros y dejando otra importante cantidad de textos deteriorados por el fuego, las cenizas, el humo y el agua acudieran prestos al llamado de una campaña solidaria impulsada desde la propia librería denominada “Adopta un Libro”.
Marilén llancaqueo en la página de Facebook de la librería escribió: “Con el corazón adolorido les informo que hemos sido afectados por el incendio en el edificio del Espacio Prat. Las pérdidas son devastadoras y difícil de procesar. Aunque parezca imposible, de a poco hemos rescatado libros y parte del archivo de mi padre, un patrimonio único para las memorias de los pueblos indígenas, las resistencias en dictadura y la historia del libro. En estos días el foco está en salvar lo que podamos”, agregando más adelante respecto a la campaña Adopta un Libro “necesitamos lectores que quieran adoptar un libro mojado sobreviviente. Será una venta solidaria y nosotros entregaremos las instrucciones para su correcto secado”.
La solidaridad popular e institucional se conjugaron en esta ocasión y el edificio del CENTEX (Centro de Extensión del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio) fue ofrecido rápidamente para trasladar allí los ejemplares que pudiesen ser recuperados de entre las cenizas. Manos amigas y brazos solidarios se encargaron de trasladar los libros y otros objetos de la librería siniestrada hasta dicho lugar.
Entrar al edificio del Ministerio de la Cultura y de las Artes ubicado en Plaza Sotomayor, hasta donde fueron llevados los libros rescatados luego del incendio como decía anteriormente, es adentrarse en un espacio multidimensional que transforma mágicamente, como el espíritu de la Librería Crisis, esta tragedia en un oasis de cultura y de solidaridad.
La primera impresión que me produjo al cruzar la puerta de acceso al hall central del edificio fue la de estar frente a una instalación artística, donde la distribución de libros y revistas colgadas como ropa secándose bajo el viento porteño, junto a otros objetos de la Librería Crisis parecían haber sido cuidadosamente dispuesto e instalados por especialistas en arte. Luego, al desplazarme más hacia el interior del recinto, me encontré inmerso en un espacio propio de una excavación arqueológica, en donde voluntarias y voluntarios, con mascarillas, guantes y otros elementos como pinceles, papeles absorbentes y brochas, trabajaban delicadamente limpiando y secando libros como si se tratara de valiosos papiros del antiguo Egipto. Claro que, guardando obviamente las proporciones con mi analogía anterior, la Librería Crisis contenía textos muy valiosos, ya que dentro de los libros cuidadosamente tratados para su recuperación está el archivo personal de Mario Llancaqueo, una colección de textos recolectados y atesorados durante largos años de su vida, ejemplares únicos y especiales que siempre han estado a disposición de quienes necesiten consultarlos y que, por fortuna, gran parte de ellos no fueron destruidos por las llamas, pero sí afectados por las cenizas y el agua. Esas dos imágenes en movimiento, junto con el dolor y la angustia de ver el daño sufrido fue lo que observé y sentí cuando acudí hasta este lugar.
Luego de estos dos pantallazos iniciales, de estas dos escenas que se entrelazaban ante mis ojos, comencé a visualizar, como al mirar por un caleidoscopio, múltiples y poderosas imágenes de mujeres, hombres, niños y niñas que recorrían el sector de los libros dispuestos sobre el piso para ser “adoptados” y así pasar a transformarse en nuevos ejemplares de sus propias bibliotecas.
El respeto por los textos apilados en el suelo, como sobrevivientes de una intensa y desigual batalla, se reflejaba no solo en las atentas miradas de las personas, sino también en la forma ritual y delicada como elegían y tomaban los libros o la suave manera en que desplazaban sus páginas humedecidas al hojearlos, para luego resguardarlos entre sus manos o junto a sus pechos.
Emocionaba ver, en estos tiempos de bombardeo digital superficial y consumista, estos gestos de admiración y delicadeza por los textos escritos, por el sentir de la textura y el olor del papel impreso.
Otra imagen impactante para mí, que me proyectó en el tiempo como un relámpago de emociones, fue el observar un grupo de libros de la Editorial Quimantú chamuscados por el efecto de las llamas. Me transporte a los primeros días del golpe de estado del 73, cuando las bibliotecas y librerías fueron allanadas, saqueadas y muchos libros fueron quemados en las calles por miembros de las Fuerzas Armadas y Carabineros. Mario Llancaqueo en esa época también tenía una librería, la Nueva Era, ubicada en el plan de Valparaíso, librería que también fue saqueada por miembros de la Armada de Chile. Por lo anterior, podemos decir metafóricamente que, desde las cenizas de la memoria popular, la energía, el newen de Mario Llancaqueo sigue presente en esta nueva recuperación de la Librería Crisis.
A todas esas imágenes debemos agregar los grabados de gran formato de Loro Coirón expuestos sobre los muros de la sala de exposiciones del Centex, que ante mi observación e imaginación se transformaron en un cálido y fraternal abrazo a los libros afectados por el incendio, trabajos artísticos que fueron realizados por este gran amigo de Mario Llancaqueo y cuyos primeros grabados porteños son parte del patrimonio cultural de la Librería Crisis.
Estos primeros grabados realizados por Loro Coirón fueron pasando de local en local y muchos de ellos permanecían en el actual local de la librería en el Espacio Prat, pero, afortunada o mágicamente, también lograron sortear las llamas del incendio y ahora forman parte de los elementos históricos sobrevivientes de este devastador suceso.
Durante varios días los centenares de personas que acudieron hasta el Centro de Extensión del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, fueron una muestra concreta de solidaridad y amor con la Librería Crisis, transformándose en un cálido y fraternal abrazo para Marilén Llancaqueo, guardiana y continuadora del legado de la memoria histórica política y cultural de su padre Mario Llancaqueo, fundador de la Librería Crisis, patrimonio del pueblo porteño.
Guillermo Correa Camiroaga, Valparaíso 29 marzo 2026
Extractado de: https://www.lemondediplomatique.cl/solidaridad-y-amor-con-la-libreria-crisis-por-guillermo-correa-camiroaga.html
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