La guerra digitalizada: las grandes tecnológicas, la soberanía digital y el imperialismo en el siglo XXI
La guerra digitalizada: las grandes tecnológicas, la soberanía digital y el imperialismo en el siglo XXI
Por: Observatorio de las Metrópolis
27 de marzo de 2026 Hora: 10:19
«Una distopía como la que se muestra en la película estadounidense Terminator podría convertirse algún día en realidad». Esta declaración del portavoz del Ministerio de Defensa chino, Jiang Bin, resume el contenido de la reciente advertencia de China a Estados Unidos sobre un posible «apocalipsis» provocado por la expansión del uso militar de la inteligencia artificial (IA). Desde nuestra perspectiva, esto no es mera exageración retórica. Refleja, aunque de forma dramática, un proceso que ya está en marcha, cuya principal consecuencia será profunda y duradera: la consolidación de una nueva forma de guerra, estructurada por la articulación entre las finanzas, la extracción masiva de datos, la georreferenciación, las tecnologías algorítmicas y la creciente convergencia entre el poder corporativo y el aparato militar.
Lo que está en juego, por lo tanto, no es solo la creación e introducción de nuevas armas, como los drones, en el campo de batalla. Nos enfrentamos a una reorganización completa de la racionalidad de la guerra y sus vínculos con la vida económica, política y social. Argumentos como este se pueden encontrar, por ejemplo, en «Big Tech and Total War «, un ensayo en el que el sociólogo Sérgio Amadeu da Silveira propone el concepto de un «complejo militar-industrial digitalizado». Como sugiere el título, el autor ofrece una actualización del concepto clásico de complejo militar-industrial, destacando la incorporación de grandes empresas tecnológicas al núcleo estratégico de las operaciones militares contemporáneas. En este nuevo contexto, el big data , la inteligencia artificial y las infraestructuras digitales ( hardware y software ) se convierten en elementos centrales para la vigilancia, la toma de decisiones y la conducción de la guerra, ampliando el enfoque de la producción de armas al control y procesamiento de datos.
Si bien existen precedentes, dado que el complejo militar-industrial siempre ha estado a la vanguardia del desarrollo tecnológico, nos enfrentamos a transformaciones radicales. Así, los grandes conglomerados digitales dejan de ser meros proveedores y comienzan a actuar como agentes fundamentales de este complejo. Al hacerlo, articulan intereses económicos y militares de acuerdo con un modelo que revoluciona la capacidad de vigilancia e intervención, al tiempo que intensifica los riesgos para la democracia, la soberanía y los derechos civiles.
La operación de Estados Unidos e Israel contra el liderazgo iraní, iniciada el 28 de febrero de 2026, ejemplifica este punto de inflexión histórico. Resulta cada vez más evidente que la violencia y los actos de guerra ya no se rigen principalmente por decisiones humanas limitadas por principios éticos (o, al menos, por el cálculo de riesgos políticos). Lo que observamos ahora son las acciones de sistemas capaces de procesar, en tiempo real, volúmenes gigantescos de datos, desde metadatos de comunicación y rastros digitales hasta datos geoespaciales en tiempo real, imágenes de teledetección, patrones de movilidad urbana y militar, flujos económicos y logísticos, interacciones en plataformas digitales e información biométrica y de comportamiento. Todo esto allana el camino para decisiones letales que pueden tomarse casi instantáneamente, si no automáticamente.
El cálculo algorítmico y la ventana de oportunidad en el ataque a Irán
La denominada «ventana de oportunidad» que supuestamente precipitó el ataque que acabó con la vida del líder supremo iraní, Ali Khamenei, dista mucho de ser un mero detalle operativo: refleja la radical aceleración del tiempo de toma de decisiones que caracteriza la guerra contemporánea. Todo indica que el ciclo militar tradicional de observación, orientación, decisión y acción (conocido como ciclo OODA) tiende a reducirse a minutos, segundos o incluso fracciones de segundo, en una dinámica donde la velocidad de procesamiento se vuelve decisiva para el desarrollo del conflicto.
Según informes, la operación llevada a cabo por Estados Unidos e Israel fue precedida por meses de vigilancia intensiva y, en los momentos previos al ataque, los sistemas de inteligencia detectaron la presencia simultánea de altos dirigentes iraníes en el mismo complejo de Teherán. Se cree que este tipo de información, obtenida mediante interceptaciones, vigilancia electrónica y análisis de señales, fue decisiva para el inicio de la ofensiva.
Como señalan algunas fuentes periodísticas, es plausible suponer que esta identificación fue resultado del cruce de múltiples bases de datos heterogéneas procesadas por sistemas de inteligencia artificial capaces de detectar anomalías y correlaciones invisibles para el análisis humano convencional. En otras palabras, la oportunidad no surgió de un único indicio, sino de la convergencia probabilística de datos que, en conjunto, apuntaban a la inminencia de una debilidad estratégica iraní.
Sea como fuere, más que reconstruir los detalles de la operación, que permanecen en gran parte en secreto, lo que importa es comprender su lógica: la transformación de un volumen gigantesco de datos, capturados incluso de fragmentos dispersos de la vida cotidiana, en señales procesables, convertidas en decisiones letales mediante sistemas algorítmicos. Es precisamente este tipo de actividad la que expresa la racionalidad de la guerra basada en datos.
Cuando se desplegó en Irán, este poder algorítmico-informativo, concentrado principalmente en Estados Unidos y sus aliados, generó una gran incertidumbre, arrastrando a varios países a un nuevo conflicto cuyas dimensiones y repercusiones aún están por definirse. Sin embargo, ya se vislumbra que sus efectos trascienden el ámbito geopolítico inmediato y la escala geográfica de Oriente Medio.
Estos efectos tienden, por ejemplo, a impactar la dinámica de la «Gran Inflación» que, al menos desde la pandemia de COVID-19, ha estado ejerciendo presión sobre los precios a nivel mundial. También es posible que modifiquen el panorama de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, previstas para la segunda mitad de 2026. Aun así, nos encontramos apenas en el umbral de un proceso conflictivo cuyas transformaciones más importantes permanecen, por ahora, inciertas. Lo que sí es seguro, cabe reiterar, es que estamos presenciando cambios disruptivos en la forma en que se libra la guerra.
Estas transformaciones en el «arte de la guerra» no pueden entenderse simplemente como un salto tecnológico. Como ya se ha mencionado, expresan una reconfiguración estructural del poder militar, que ahora se basa en infraestructuras digitales monopolizadas por unos pocos Estados y grandes corporaciones. Si bien existen precedentes, se trata de un cambio histórico que vincula cada vez más las capacidades militares, la arquitectura de la información y los circuitos financieros globales.
Pero este proceso no surgió espontáneamente. Fue posible gracias a una reorientación masiva de capital desde la crisis de 2007-2008, cuando las políticas monetarias expansivas, impulsadas principalmente por los bancos centrales de los países desarrollados, fomentaron el crecimiento y la expansión de las empresas tecnológicas. Fue en este entorno de abundante liquidez y financiarización donde se estableció la base material del actual poder algorítmico-informativo. Como resultado, empresas como Palantir Technologies, Google, Amazon y Microsoft ya no pueden considerarse meros proveedores de servicios. Hoy en día, constituyen la columna vertebral del complejo militar-industrial basado en datos.
Sin embargo, todo esto conlleva contradicciones. La disputa entre Anthropic y el Pentágono, que llegó a la portada de la revista Time , es sintomática. Revela un choque entre, por un lado, los intentos, aunque limitados, de imponer salvaguardias éticas al uso militar de los sistemas de IA y, por otro, la presión estatal para que se relajen en nombre de la «seguridad nacional».
Gestión algorítmica de la muerte: la dimensión antropológica de la guerra basada en datos
La guerra basada en datos revela también una profunda mutación antropológica. A la luz de los argumentos de Grégoire Chamayou en su ensayo « Teoría de los drones », se puede afirmar que la conversión del enemigo en una «firma de datos» constituye el núcleo de esta transformación. Ya no se trata de enfrentarse a un adversario identificado en el campo de batalla, sino de rastrear y neutralizar perfiles construidos a partir de correlaciones algorítmicas; lo que el autor describe como un cambio del combate a la lógica de la caza. En este marco, el objetivo deja de ser un sujeto concreto y se convierte en un patrón de comportamiento inferido a distancia, inscrito en flujos de datos y susceptible de eliminación remota, a menudo disociado de cualquier forma de reciprocidad o reconocimiento.
Por lo tanto, en este régimen, la muerte deja de ser un acto moralmente imputable y se convierte en un resultado técnico . En última instancia, cuando ocurre un error, como el bombardeo de objetivos civiles, ya no se trata de un crimen, sino de una falla del sistema o una imperfección corregible en la base de datos. Esta deshumanización se agrava por la asimetría absoluta entre ataque y riesgo. Como es sabido, el uso de drones, por ejemplo, y equipos similares reduce drásticamente las posibilidades de reciprocidad. La guerra deja de ser una confrontación y se asemeja a un proceso industrial de caza y eliminación.
Por lo tanto, la advertencia china debe interpretarse menos como una profecía distópica y más como un diagnóstico geopolítico. El «apocalipsis» no es un evento futuro repentino, sino un proceso en desarrollo: la naturalización de una forma de violencia cada vez más automatizada, opaca y deshumanizada. En resumen, si hay algo verdaderamente novedoso en la guerra basada en datos, no es solo su capacidad destructiva fundamentada en el análisis masivo de datos, sino su pretensión de eliminar el conflicto moral que históricamente ha acompañado el acto de matar con fines militares.
La cuestión de la soberanía digital
Las implicaciones de este modelo para el sistema global de poder y acumulación de riqueza son igualmente radicales. La centralización de la infraestructura de datos en manos de grandes corporaciones, principalmente con sede en Estados Unidos y otros países centrales, genera una nueva forma histórica de dependencia. Como se argumenta en el manifiesto del Frente de Soberanía Digital , la concentración de las capacidades de almacenamiento, procesamiento y circulación de datos en plataformas privadas extranjeras compromete la autonomía tecnológica y política de los países periféricos, sometiéndolos a regímenes jurídicos extraterritoriales e intereses estratégicos que escapan al control democrático local.
Esta dinámica se hace aún más evidente al vincularla con el debate sobre las ciudades inteligentes y el urbanismo de plataformas. La urbanización contemporánea, intensamente mediada por sensores, plataformas y sistemas de gestión algorítmica, transforma la vida urbana en una fuente continua de extracción de datos. La movilidad, el consumo, la seguridad pública y los servicios básicos se organizan ahora mediante infraestructuras digitales operadas o proporcionadas con frecuencia por grandes corporaciones transnacionales. De este modo, el espacio urbano se convierte en un terreno privilegiado para capturar no solo valor, sino también información, reforzando la dependencia tecnológica y profundizando las asimetrías en el control de los datos que la población genera diariamente.
Por lo tanto, se puede concluir que fenómenos como la guerra digitalizada no indican la desaparición de las dinámicas del imperialismo y las relaciones de dependencia, sino más bien su reconfiguración sobre nuevas bases. Si bien el poder económico, la ocupación territorial y el control directo de los recursos naturales siguen siendo relevantes, estas dinámicas dejan de basarse exclusivamente en estos elementos y se estructuran decisivamente en la capacidad de dominar las infraestructuras digitales, gestionar los flujos de datos y construir arquitecturas algorítmicas que organizan el mundo contemporáneo.
*Luiz Cesar de Queiroz Ribeiro – Catedrático del Instituto de Planificación Urbana y Regional e Investigación (IPPUR) de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Coordinador Nacional del Observatorio de Metrópolis del INCT.
** Nelson Diniz – Profesor del Departamento de Geografía (Licenciatura y Educación Básica) del Colegio Pedro II. Investigador del Observatorio de Metrópolis del INCT, Núcleo de Río de Janeiro.**
Autor: Observatorio de las Metrópolis
Fuente: Brasil de Fato
Extractado de: https://www.telesurtv.net/opinion/la-guerra-digitalizada-las-grandes-tecnologicas-la-soberania-digital-y-el-imperialismo-en-el-siglo-xxi/?utm_source=planisys&utm_medium=NewsletterEspa%C3%B1ol&utm_campaign=NewsletterEspa%C3%B1ol&utm_content=46
Comentarios
Publicar un comentario