Conocí la pobreza de manera indirecta durante mi infancia/adolescencia mientras vivía en una hacienda en la región de la Araucanía

Conocí la pobreza de manera indirecta durante mi infancia/adolescencia mientras vivía en una hacienda en la región de la Araucanía

Conocí la pobreza de manera indirecta durante mi infancia/adolescencia mientras vivía en una hacienda en la región de la Araucanía. La pobreza del campesinado y del pueblo mapuche. Asombroso para la niña privilegiada que yo era. Y doloroso. Niñas y niños sin zapatos. Apenas vestidos durante los rigurosos inviernos del sur. Cómo explicarlo? Esa constatación de la desigualdad social me hizo ser, para siempre, una persona humanista de izquierda.
 
Nada hacía presagiar que algún día yo viviría experiencias difíciles económicamente. Sucedió durante el exilio en Francia. Veinte años, sin profesión. Sin hablar el idioma. Mi primer trabajo fue de obrera en una fábrica de delantales. Trabajo en cadena, corte, costura, planchado. Ocho horas desde las siete de la mañana. Mis colegas eran todas inmigrantes de diferentes países. Ni siquiera podíamos comunicarnos durante la hora del almuerzo. Pero sí, existían otras formas de comunicación. Miradas, sonrisas amables, compartir algo de comida con las que llevaban menos. 
 
Luego hice todo tipo de trabajos. Algo mejores, sin duda. Niñera, aseos de restaurante, mesera del mismo restaurante lo que fue un ascenso, vendedora de tienda en una marca de ropa conocida, luego ascendida a jefa de la misma tienda. Todo esto mientras estudiaba y criaba a mis dos hijos pequeños. 
 
Esto era cuando lograba tener trabajo. En los años ochenta no era fácil. Nunca olvidaré cuando postulé a un puesto en un MacDonals y exigían tener, al menos, una licencia en educación superior. Que yo no tenía entonces. 
 
En mis 15 años de exilio, pasé largos períodos sin trabajo. Sin recursos económicos. Pobreza. Me cortaron la luz por falta de pago muchas veces. No podía darme ningún gusto, sufrí el tener que elegir entre tomar desayuno o comer más tarde. Elegir si les compraba ropa a los niños o pagar el alquiler. 
 
Aún así, no es lo mismo ser pobre en Francia que en Chile. Mis hijos siempre tuvieron zapatos. La educación y la salud eran gratis. Existía la ayuda social. Pequeña pero suficiente para sobrevivir. Pobremente.
 
Conocí la pobreza y el trabajo esforzado directamente. Y no, ninguna de las dos cosas son un regalo como lo pretende instaurar este gobierno de mierda. Más pobres pero más felices. Me agrede. Nadie puede ser feliz si no tiene como satisfacer sus necesidades básicas. Romantizar la pobreza es intolerable. 
 
Hoy vivo en una situación económica tranquila. Endeuda como la mayoría, bicicleteando a fin de mes, pero teniendo la posibilidad de pagarme clases de yoga, pagarle a una persona que hace aseo una vez a la semana, con hijos con trabajo y casa propia. Muchísimo más que la mayoría de los chilenos que tienen que sobrevivir con un sueldo promedio de 700.000 mil pesos. Cómo lo logran? Es un gran misterio para mí.
 
Soy muy afortunada. Y lo agradezco cada día. Sería feliz si supiera que mis compatriotas también pueden vivir tranquilos. Lo siento, tengo consciencia social. Y me duele Chile. 
 
Ayer tuve que tomar locomoción pública a horas punta. Miles de personas, cansadas, tristes, esperando en los andenes del metro. Esperando llegar a sus hogares donde seguramente les espera aún más trabajo después de una jornada agotadora. Y así día tras día. Es vida eso? Hubiera querido abrazar a todos y cada uno. De qué serviría? Qué hacer? Me declaro impotente.
 
Mañana es el día del trabajador y, sobre todo, de las trabajadoras. Las mujeres que llevan doble trabajo. Que muchas veces son víctimas de la violencia doméstica originada en la pobreza. En miles de familias los hombres se emborrachan y se descargan contra la familia. Todos son víctimas del sistema. Lo sé de primera fuente por mi trabajo con pobladoras.
 
Me cuesta decir feliz día del trabajador en este primero de mayo. Aún así vaya un abrazo fraterno de alguien que sabe de trabajo, esfuerzo y pobreza. 
 
Solo seguir luchando…
 
Publicado por Malena Yañes en el face, el 30.4.26 
 
 
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