La película más antigua encontrada en Chile y otros tesoros
por Isabel Plant/The Clinic.
Con el éxito de una exposición, un archivo que crece por día y un nuevo público joven que llega hasta su sala, la Cineteca Nacional cumple dos décadas de restauraciones históricas y preservación de nuestro patrimonio fílmico y audiovisual. El reciente descubrimiento de la película más antigua filmada en Chile —un ejercicio de bomberos en Valparaíso en 1902— confirma el sentido de una institución que, como dice su director Marcelo Morales, existe para que “los recuerdos no desaparezcan”. Entre sus pasillos repletos de cintas y latas fascinantes, el líder de la institución defiende al cine local y su aporte a las ideas sobre lo que somos como nación: «¿Cómo no va a ser importante reunir ese tipos de reflexiones que se han construido sobre Chile en 120 años?».
Hace solo unas semanas se detuvo la revisión en el escáner del laboratorio de la Cineteca Nacional, donde descansan y se conservan miles de cintas filmadas en Chile. En el edificio están desde la lata que contiene las imágenes del bombardeo a La Moneda; a cintas caseras donadas por familias que contienen vistazos a la vida pasada del país; a películas que van desde “Tres Tristes Tigres”, de Raúl Ruiz; a “Machuca”, de Andrés Wood; o “Sexo con Amor”, de Boris Quercia.
En la cinta que lo detuvo todo, se había encontrado una joya.
Era una de las cinco mil que descargaron desde dos camiones, con manos polvorientas, la veintena de personas que trabaja en la Cineteca, transportadas desde el archivo de Chilefilms. La empresa que hasta el 89 era estatal y que luego fue privatizada, y recientemente la institución pública, tienen un acuerdo para acceder a todo ese valioso material, con la misión de revisarlo, rescatarlo y resguardarlo.
Son latas, miles de ellas, que muchas veces no tienen rotulado lo que llevan dentro. “Empezaron a aparecer cosas que la gente pensaba que estaban perdidas o que se habían eliminado”, cuenta Marcelo Morales, director de la Cineteca Nacional desde 2022. “Y abriendo latas constantemente, diariamente, van apareciendo cosas que a veces no estaba muy bien catalogadas, como esta”:
Fue así como se encontró la película más antigua filmada en Chile: un ejercicio de bomberos en la Plaza Sotomayor de Valparaíso, de 1902. Hasta ahora, lo más antiguo que poseía la Cineteca de nuestro patrimonio fílmico era un paseo a Playa Ancha, de 1903. “Ganamos un año”, dice Morales con una sonrisa.
Uno de los muchos tesoros que ahora se cuidan en la Cineteca Nacional, cuando esta cumple dos décadas de historia.
“Celebrar los 20 años de la Cineteca Nacional de Chile es reconocer una labor fundamental en la preservación de nuestra memoria y patrimonio fílmico, que forma parte esencial de la identidad cultural del país”, dice a The Clinic el ministro de las Culturas y el Patrimonio, Francisco Undurraga.
“Hoy, como institución integrada al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, la Cineteca se proyecta con nuevas capacidades y responsabilidades, fortaleciendo su rol público y su vínculo con la ciudadanía. Esperamos que la Cineteca siga su misión de recuperar y restaurar piezas audiovisuales que nos permiten conocer el Chile de distintas épocas. Asimismo, que ese archivo de películas, que crece diariamente, pueda contar con una infraestructura moderna y adecuada a sus necesidades de conservación y difusión a lo largo de todo el país”, añade.
La celebración se da justo cuando el Estado le ha concesionado un terreno en Matucana a la Cineteca, para en un futuro construir un edificio donde estén los archivos, laboratorio y también la sala -hoy se dividen entre Ñuñoa y el Centro Cultural La Moneda-. Además, cuando la exposición Cine en Chile: Historia(s) en movimiento, donde se exhiben desde el Oscar de “Historia de un Oso”, hasta el neón del Cine Nilo, se ha vuelto un exitazo de público, además de fenómeno viral: “Han ido más de 50.000 personas, y siempre son más de 500 personas diarias. En febrero iban más de 900 personas al día”, dice Morales, quien cocuró la muestra junto a María Paz Peirano.
“Creo que es muy lindo porque se confirmó una idea, que tenía que ver no solamente con una exhibición de objetos, o una construcción histórica del cine en Chile y del cine chileno. Sino que justamente queríamos apelar a la emotividad del visitante. Son más de 500 piezas, fue un gran desafío, que remitiera algún recuerdo, a alguna experiencia personal de haber estado en el cine”, dice Morales.
—Eso es muy bonito, aunque quizá hoy no va tanto público a las salas, la exposición pone en evidencia que el cine es identidad. Que quienes dicen ‘yo no veo cine chileno’, igual tienen el cine chileno en el ADN.
—Claro, esa era la idea, porque a veces hay que recordarlo, o hacerlo evidente. Queda mucho encapsulado en una película, pero no en la experiencia que va más allá de ver la película: verla en una sala de cine o verla con alguien. Eso también te enriquece esa experiencia.
Entonces era un poco apelar a eso, ese trabajo también es constante y central en la idea de una cineteca. ¿Por qué se creó la Cineteca? Finalmente era para que los recuerdos de esas películas no se olvidaran, no se perdieran, no desaparecieran”.
Un universo de memoria en celuloide
Los laboratorios y archivos de la Cineteca Nacional se encuentran en lo que fue alguna vez Rochet, el Castillo del Juguete, de la cual todavía conserva la arquitectura; a un lado, está la Casa Memoria José Domingo Cañas.
Pasear por sus pasillos llenos de películas y cintas y latas y recuerdos, es una especie de paraíso cinéfilo y audiovisual: por un lado están las copias en cinta de películas más contemporáneas, “No”, “En la cama”, “La nana”. Por otro están las latas traídas de Chilefilms, esperando su turno de revisión, con rótulos como “Allende” y “Pinochet”.
El equipo trabaja con lo que solo puede ser descrito como reverencia ante el material que tiene en frente: Pablo Insunza es el jefe del área de preservación; el conservador fílmico Sebastián Ubeda en el escáner, va limpiando cuadro por cuadro; o Alejandro Chávez, con ojo clínico, sigue restaurando escenas en digital, resguardando la fidelidad a quienes primero sostuvieron la cámara.

Carlos Rodríguez
La bóveda -aclimatada para dejar fuera la humedad y controlar la temperatura y preservar-, esconde más joyas, desde “Palomita Blanca” al archivo completo del Ictus, o también el archivo fílmico de UCV Televisión -“fuimos en un auto a buscarlo y echamos todo en la maleta”, dice Morales-, a todas las cintas de “Teleanálisis” -las que desde 2024 son Monumento Nacional-. Cintas caseras donadas, donde algún chileno que tenía una cámara en casa quiso retratar nuestro país para el Mundial del 62, además de sus cumpleaños y fiestas familiares.
Es decir: es lo que recordamos, lo que fuimos y a veces lo que imaginamos que somos. En simple: patrimonio.
El cine comenzó en Chile en 1897; antes del nacimiento de la Cineteca, el Estado tenía un archivo fílmico, que se trabajaba con el Ministerio de Educación, donde se comenzó a aprender de restauraciones y rescates. “Y un granito de arena en ese sentido, fueron para los cien años del cine en Chile, cuando se restauraron ‘Luces de la muerte’ y ‘La dama de las camelias’”, explica Morales. “Y ahí había un archivo también pequeño que venía de algunas instituciones que tenían sobre todo películas educativas de Canadá, de Europa, y también algunas pocas películas chilenas”.
Con eso se levantó la Cineteca del 2006, con el Centro Cultural La Moneda como casa principal. Pero el archivo pronto comenzó a crecer, sobre todo al recibir películas para ser resguardadas por parte de los mismos cineastas, que estaban a la espera de una institución como esta. Se sumó material que estaba en universidades y, así, se agregó la casa de Ñuñoa, con su respectiva bóveda.
Hoy el archivo no para de crecer, porque incluso las películas que se estrenan en digital, tienen su versión de preservación física. Además están todos los rastreos que hacen constantemente, con Europa y las películas extraviadas por el exilio, o los muchos pedacitos de cintas de Raúl Ruiz -quizás, infinitas-, desperdigadas por el mundo, y más. Con esa proyección, es que se pensó en el terreno en Matucana.
“Yo planteé la necesidad, de que podía armarse un proyecto de una nueva Cineteca, y que además nos poníamos al nivel, no de Europa o de Estados Unidos, sino de algunos países americanos, como México, Uruguay y en los últimos diez años Bogotá”, explica Morales, quien tiene una historia larga con la institución; ya en 2016 fue el encargado del archivo digital. Es investigador y periodista, y creador del sitio Cinechile.cl, quizás el mayor referente bibliográfico con que contamos para catalogar todas las películas que se hacen en el país.
“Nos hemos convertido en un referente de preservación y restauración en Latinoamérica. Entonces creo que es necesario esa infraestructura ad hoc. Pero ha sido un convencimiento paulatino de ir reuniendo confianza, y finalmente se llegó a este primer gran paso de contar con un terreno”, dice Morales.

—Cuando hablas de convencer a la gente sobre la importancia de la Cineteca Nacional, ¿qué es lo que uno explica como importante? ¿Por qué el cine importa? ¿Y cómo se le explica el pueblo chileno de que el cine es identidad o memoria o patrimonio?
—Los Días de los Patrimonios para nosotros son muy importantes, porque llega gente que ni siquiera sabe que existe una Cineteca. Llegan más de 5.000 personas en un día a nuestra sala, donde ponemos programas rotativos de películas que hemos recuperado, noticieros o películas de los años 20, del Santiago de esos años.
Y ahí uno ve el sentido de lo que hace, porque se vincula muy fuertemente con esos lugares que justamente ese día las personas andan recorriendo. Ahí ven el valor de por qué es bueno conservarlo, porque finalmente les detona una conciencia también del presente, cómo hemos cambiado, cómo era el pasado. Ese pasado que quizá pone ahí a su abuelo, a su padre. Siempre la gente dice: ¿Pero por qué no sabía esto antes? ¿Dónde puedo seguir viendo esto?
También cuando a veces se menosprecia el cine chileno, diciendo ¿para qué vamos a guardar una película X? Al menos yo creo que una característica muy importante del cine chileno, es que todas las películas de alguna forma intentan siempre pensar sobre Chile o incluso definir al país.
Siempre hay un momento, una escena de la película en que eso aparece. Entonces, ¿cómo no va a ser importante reunir o guardar ese tipos de reflexiones que se han construido sobre Chile en 120 años?
—¿Qué ha sido para ti en estos años lo más emocionante que han encontrado o rescatado?
—Han sido muchas cosas, pero algo importante fue lo de Chilefilms completo, como hazaña, porque uno siempre ansió meterse ahí y ver qué había, efectivamente estaban las películas que uno pensaba desaparecidas para siempre.
Y creo que eso como conjunto es increíble, porque diariamente encontramos cosas que sorprenden, como el Ejercicio de Bomberos de Valparaíso. O como noticieros, que es el gran proyecto que estamos emprendiendo este año, más de 300 noticieros fílmicos sólo de los años 40. Entonces ahí estamos construyendo toda la historia visual de esos años, con los presidentes de esa época, inaugurando fábricas, visitando obras públicas.
Y ahora estamos viendo otro gran hito que sería todo lo resguardado por Abdullah Ommidvar (cineasta iraní que vivió en Chile y fue fundamental en la industria) en su Fundación Chilena de Imágenes en Movimiento, que también son alrededor de 3.000 rollos fílmicos. Estamos hablando con la familia, ya casi un acuerdo cerrado, y ahí vendría otro gran cofre de cosas a descubrir.
El nuevo público de la Cineteca Nacional
Las películas que exhibe hoy a público la sala de la Cineteca Nacional, en el Centro Cultural La Moneda, tienen una curatoría que mezcla lo histórico, con reposición y lo pop, junto a cintas locales a internacionales contemporáneas. Además están los grandes proyectos de restauración, para que todos podamos sentarnos a verlos, por primera vez, en sus butacas.
Este año, por ejemplo, están trabajando en conjunto -por primera vez en dos décadas- con la Cineteca de la Universidad de Chile, para restaurar cuatro películas de Sergio Bravo, un pionero del nuevo cine chileno en documental. Las cintas incluyen a “Mimbre”, con la que colaboró con Violeta Parra en la música instrumental, y que justamente, capturan esa chilenidad que a veces nos es efímera.

“Hemos dado ‘Mimbre’ en algunas funciones, para un día de los Patrimonios, yo tenía mucho miedo que la gente se aburriera”, dice Morales, ya que la película es solo de diez minutos, pero experimental. “Solo un señor, trabajando una artesanía en mimbre. Y fue un silencio increíble, con niños adentro de la sala. Entonces, ahí uno dice estas películas funcionan, porque son obras de arte”.
—Post pandemia cambió el comportamiento de asistencia a las salas. Pero el año pasado mucha gente fue a ver cine chileno con “Denominación de origen” y “Me rompiste el corazón”. ¿Hay algo de identidades chilenas que tú sientes que se estaba perdiendo y se demostró que la gente igual quería ver en pantalla?
—Nosotros notamos que hace dos años ya se está recuperando la cantidad de público. El año pasado ya recuperamos los niveles de público pre pandemia, que son para la Cineteca Nacional cerca de 50 mil personas al año, y es sobre todo un público nuevo, joven, muy curioso de lo que es el cine chileno hoy y eso es muy estimulante. Es un desafío también, mezclarlo con películas patrimoniales y que se fascinen con eso también, con ese gusto de lo antiguo. Un público nuevo que, mi teoría es, quedó medio traumado en esos encierros y quería mucho vivir la experiencia colectiva que implica el cine.
Nosotros nos damos cuenta en funciones especiales de películas que podrían fácilmente ver online como “El Chacal de Nahueltoro”, que se llenan, se nos agotan las entradas. O ahora en Semana Santa, para dar un título internacional, “Jesucristo Superestrella”, se agotó en cuatro horas la entrada y es solamente la experiencia de vivir en en comunidad esas exhibiciones.
Yo creo que eso se sumó a estas dos películas que tú mencionas, que conectaron con una identidad o con una forma de ver Chile que yo creo que es muy novedoso, muy fresco. Al menos nuestra experiencia en sala con “Denominación de Origen”, es que ayudó también a que la gente se desprejuiciara un poco, oye, la película chilena igual puede interesarnos.
Y ahí finalmente se comprueba lo que digo yo, que las películas chilenas siempre tratan de definir a Chile. Entonces me parece muy injusto cuando la gente dice que las películas hablan sobre siempre lo mismo, que la dictadura, lo político. Incluso las películas que le gustan a gente que quizá no es de izquierda, también hablan de Chile de todas formas.
—Igual me pasó que viendo la película brasilera “El agente secreto”, había una manera de abordar el horror y también su dictadura que es tan distinta a la chilena. Hay un cansancio, incluso un monocromo tonal, del cine chileno frente a los hechos entre el 73 y el 90, quizás.
—Puede ser por eso que esa película tuvo tanto éxito, también por ser una película de espías. Pero sí, yo creo que quizá es injusto, porque con el tiempo, las chilenas ganan también perspectiva.
Una vez un investigador me dijo: cuando a uno le gusta el cine chileno, encuentra todo bueno. ¿Y por qué encuentro todo bueno? Porque en cada película logro encontrar algo que me ayuda a entender a este país.
Todo el equipo de la Cineteca Nacional se fascina con eso. Cuando encontramos algo, sea lo que sea, nos juntamos a verlo. Porque nos fascina esa imagen del pasado, porque nos remite una identidad, algo que compartimos culturalmente.
En ese sentido, como lo que uno aspira es que toda la gente tenga ese ánimo al ver una película chilena.
Fuente: https://www.theclinic.cl/2026/04/11/los-tesoros-cintas-y-memorias-de-la-cineteca-nacional-que-cumple-20-anos-en-cada-pelicula-de-cine-chileno-se-logra-encontrar-algo-que-ayuda-a-entender-a-este-pais/
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