Cuba, la eterna “siguiente en la lista”, continúa sin guerra, ni acuerdo ni colapso

Cuba, la eterna “siguiente en la lista”, continúa sin guerra, ni acuerdo ni colapso

A Trump no le interesa un nuevo Haití que genere una crisis migratoria en EEUU. La primera prueba es que permite a México seguir suministrando petróleo a la isla

Iramis R. Rosique Cárdenas 20/01/2026

<p>Una calle en La Habana, Cuba, en 2017. / <strong>Pedro Szekely</strong></p>

Una calle en La Habana, Cuba, en 2017. / Pedro Szekely

 

En La Habana conocen bien el eslogan: hoy Granada, hoy Nicaragua, hoy la URSS, hoy Irak, hoy Libia, hoy Siria, hoy Venezuela: mañana Cuba. La isla ha sido la “siguiente de la lista” muchas veces en medio siglo. Ese sino ha vuelto a manifestarse tras la intervención militar norteamericana en Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro. 

Más allá de las muchas implicaciones que los graves acontecimientos ocurridos tienen para la propia Venezuela –o para el orden global–, lo cierto es que Cuba no ha tenido un segundo para sorprenderse, o para llorar a sus 32 soldados muertos caídos mientras protegían al mandatario venezolano. A estos acontecimientos los ha sucedido una escalada de amenazas directas contra el país por parte de la Administración Trump. Las amenazas profundizan la dinámica de tensiones que ha caracterizado la relación bilateral entre ambos países desde que el primer gobierno MAGA restauró la política de hostilidad y máxima presión sobre la nación caribeña y destruyó el esfuerzo de normalización lanzado por la administración anterior.

La importancia de Venezuela

Venezuela ha representado un pilar para la seguridad energética de la economía cubana durante las dos últimas décadas

Si Trump está en lo cierto, y de veras posee –como se ha jactado– el control sobre los movimientos del Gobierno de Delcy Rodríguez, es una conclusión lógica que tal hecho implica un debilitamiento estratégico para Cuba. Venezuela ha representado un pilar para la seguridad energética de la economía cubana durante las dos últimas décadas. En los 2000, los fallecidos mandatarios de ambos países, Fidel Castro y Hugo Chávez, sellaron un convenio mediante el cual Venezuela se comprometía a enviar petróleo como pago a Cuba por un conjunto de servicios (médicos, de formación deportiva, educativos, etc.) que la isla le prestaría al país sudamericano. Ese convenio ha sido renovado y sus compromisos han ido variando a lo largo de las dos décadas, pero su esencia se mantuvo. Ello permitió a Cuba acelerar la recuperación económica que venía ocurriendo desde finales de los noventa, tras los momentos más agudos del llamado “período especial”, la gran crisis que afectó el país tras el colapso del socialismo europeo. Por un lado, se garantizó la seguridad energética de Cuba, un aspecto en el que la isla era y sigue siendo vulnerable, debido sobre todo a la dificultad para acceder a financiamiento internacional y para insertarse de manera plena y normal en el mercado mundial, en buena medida a causa del régimen de sanciones económicas aplicado por Estados Unidos sobre ella. Por otro lado, este acuerdo ventajoso de acceso a energía, permitió un ahorro que, primero, fue usado por Fidel Castro en la recuperación y ampliación de todo un conjunto de programas sociales, los llamados “programas de la Revolución de la Batalla de Ideas”, y luego por la administración de Raúl Castro en un fomento del consumo y en la inversión inmobiliaria orientada a desarrollar la industria turística. La colaboración venezolana dio a los cubanos dos décadas de cierta estabilidad económica con perspectivas de crecimiento. 

De hecho, sobre la actual crisis de la economía cubana suele hacerse énfasis solo en dos factores: primero, el recrudecimiento del bloqueo norteamericano durante el primer gobierno de Donald Trump con toda una serie de nuevas sanciones orientadas especialmente hacia la persecución financiera y hacia el debilitamiento de las dos principales fuentes de divisas de Cuba: el turismo y la exportación de servicios médicos. Y segundo: el desplome de los ingresos en divisas provenientes de la industria turística –de 4,2 millones de visitantes en 2019 a 2,4 millones en 2023– causado en particular por la pandemia de covid. No obstante, hay un tercer factor no despreciable y es precisamente la reducción del suministro venezolano.

En los días de Chávez, PDVSA llegó a enviar a Cuba hasta 100.000 barriles diarios de petróleo. Suficiente para el normal funcionamiento del país

En los mejores momentos de la cooperación cubano-venezolana, en los días de Chávez, PDVSA llegó a enviar a Cuba hasta 100.000 barriles diarios de petróleo. Esto representaba casi la totalidad de las necesidades para un normal funcionamiento del país, estimadas en torno a unos 110.000 barriles diarios. Desde finales de la década pasada, esos números descendieron significativamente: ya en 2024 el promedio anual rondaba los 32.000 barriles diarios, lo cual representó una caída de 42 % respecto a 2023. Para 2025 se desplomó aún más, y fue un 63 % inferior a 2023. 

Este decrecimiento resultó de la confluencia de dos circunstancias principalmente: el colapso de la economía venezolana en el contexto de las sanciones económicas en la segunda mitad de la década anterior e, irónicamente, la reanudación de las exportaciones de crudo a Estados Unidos a partir de las licencias especiales emitidas por la OFAC a Chevron. La reinserción de la debilitada industria petrolera venezolana representó un desafío en el que Venezuela debió elegir entre cumplir sus compromisos con Cuba o cubrir la demanda recibida desde el mercado estadounidense, del cual obtenía las divisas que impulsaron su recuperación económica.

En resumen, hacia finales de 2025 Venezuela ya no tenía el mismo peso en la economía cubana que tuvo en los 2000 o inicios de los 2010, aunque todavía representa un porcentaje considerable de la importación de crudo, y una contribución importante al debilitado sistema energético nacional. Todo ese petróleo que fue desapareciendo de las exportaciones venezolanas representó un déficit que, en plena crisis, el Gobierno cubano debía cubrir en el mercado internacional del combustible con divisas que no tenía ni tiene, lo que ha agravado aún más la situación de Cuba.

Truco o trato: las amenazas de Trump

Todo este recorrido nos ayuda a entender por qué Trump podría estar convencido de que “Cuba está por caer”, si él corta todo aporte de Venezuela a la isla. Y aunque su juicio de que “todos sus ingresos [de Cuba] venían de Venezuela, del petróleo venezolano” no es preciso, pues desestima la contribución de otros socios como México –a la sazón mayor abastecedor de crudo a Cuba– o Rusia, es absolutamente correcto que la desaparición de Venezuela del panorama económico cubano sería o será un muy duro golpe a un país azotado por una de las crisis más graves de su historia.

Las negociaciones de Trump han mantenido una secuencia que se repite: primero la amenaza terrible, y luego los acuerdos

Hemos podido conocer durante todo el año 2025 lo que ya se ha configurado como un modus operandi marca Trump en las relaciones bilaterales de la actual Administración. Si en el pasado la política exterior norteamericana combinaba el uso del garrote y la zanahoria para obtener de sus interlocutores las conductas deseadas, el actual inquilino de la Casa Blanca prefiere usar “el garrote y el garrote”. Las negociaciones de esta Administración Trump tanto con aliados como con adversarios han mantenido una secuencia que se repite: primero la amenaza terrible, y luego acuerdos que, aun beneficiando a Estados Unidos y perjudicando a la otra parte, resultan aceptables y sensatos en relación con los anuncios de Trump respecto al tema. Esa estrategia ha funcionado: ahí están los aranceles, ahí está el aumento del presupuesto de defensa en Europa, ahí están los reforzamientos de la frontera México-EEUU por parte del ejército mexicano y el aumento de las operaciones de seguridad en el área, ahí está el aumento de la presión por parte del Gobierno de Petro sobre aquellas guerrillas acusadas por Washington de narcotráfico.

Lo que ya ha funcionado varias veces, ¿por qué no lo haría una vez más? Eso parece inferirse del llamado de Trump al Gobierno cubano para que, en el contexto de la intervención en Venezuela, “haga un trato antes de que sea demasiado tarde”. ¿Tarde para qué? Pues el propio Trump ofrece dos respuestas. La primera sería la resultante de la hipótesis antes comentada sobre la dependencia del petróleo venezolano: antes del colapso “inevitable” –según él– de Cuba. La otra tiene que ver con una de sus amenazas –quizá la más directa y grave– cuando, respondiendo a una pregunta sobre Cuba durante una entrevista radial, apuntó: “ No creo que se pueda ejercer mucha más presión salvo entrar y destruir el lugar”. Desde la invasión norteamericana a Granada no se veían cara a cara militares estadounidenses y cubanos. Estas declaraciones de Trump, unidas a la caída en un combate desigual de 32 cubanos durante el secuestro del presidente Nicolás Maduro, marcan el momento más tenso en las relaciones entre ambos países desde Reagan.

No parece que Cuba vaya a aceptar el juego de truco o trato del presidente norteamericano

Sin embargo, no parece que Cuba vaya a aceptar el juego de truco o trato del presidente norteamericano: “Nadie nos dicta qué hacer”, respondió el presidente cubano Miguel Díaz-Canel. Y aunque se ha especulado sobre movimiento de buques de guerra yanquis cerca de la costa norte de Cuba, y dentro del país hay gran movilización en temas de defensa, no parece probable que EEUU se atreva a ir más allá de sus amenazas. Esta lectura se apoya en varias circunstancias.

En primer lugar, aunque es indiscutible que Estados Unidos en términos militares posee una enorme superioridad técnica sobre Cuba, también es sabido que una intervención militar norteamericana en la isla sería una aventura muy costosa y contraproducente en más de un aspecto. Desde el punto de vista económico, el gasto que implicaría “entrar y destruir el lugar”, un lugar que se ha preparado durante medio siglo para eso, no se corresponde con los beneficios que se pudieran obtener de ello. En Cuba no hay yacimientos importantes de los minerales clave de la disputa global. Tampoco posee ya en geopolítica el peso estratégico de hace décadas. Lo que sí tiene Cuba es el único ejército latinoamericano con una experiencia de guerras que desborda la mera contrainsurgencia, debido a su cooperación y participación en varios procesos de liberación en África. Podría empantanarse costosamente Estados Unidos en una guerra que, además, ocurriría a 90 millas de su territorio, con todos los riesgos que eso implica.

Además, también habría un costo político no despreciable. Cuba no sufre el aislamiento diplomático que se logró colocar sobre la Venezuela de Nicolás Maduro. La relativa indiferencia con la que el mundo ha recibido la agresión a Venezuela no puede esperarse si se tratara de Cuba. Y no sería necesariamente un asunto de afinidades ideológicas, dado que Cuba ha cultivado, de diversas maneras, compromisos y relaciones con la mayoría de los Estados del mundo. Igual lo ideológico también pesa, pues la Revolución Cubana todavía posee un gran capital simbólico. Muchas de las izquierdas que abjuraron de Venezuela, y que incluso contribuyeron a pavimentar el camino que nos ha conducido al escenario actual de invasión, le dispensan, y siempre le han dispensado un tratamiento distinto a “la Cuba de la Revolución”, “la Cuba de Fidel Castro”, “la Cuba de la resistencia contra el imperialismo”.

Entonces, el ataque militar a Cuba no es una opción viable desde el pragmatismo norteamericano. Desgraciadamente tampoco la posibilidad del acuerdo emerge. La dirigencia cubana ha mostrado en reiteradas ocasiones la voluntad de dialogar con EEUU. Incluso, si observamos el modo en que Trump ha lidiado con el poschavismo en Venezuela pareciera que podría llegar a acuerdos con el poder en Cuba, siempre que lo pueda vender al mundo como una gran victoria personal, como un gran logro de su “genial capacidad de negociador”. EEUU tuvo su mayor derrota militar en Vietnam y, sin embargo, 20 años después normalizan sus relaciones y logran una vigorosa cooperación económica que no implicó en punto alguno la destrucción del Estado socialista vietnamita, de su partido comunista, o la sustitución de sus dirigentes por otros afines a Washington. 

Vietnam nunca tuvo un lobby vietnamita-americano que secuestrara la política estadounidense hacia ese país

Entonces, ¿por qué con Cuba no? Quizá la respuesta más sencilla sea que Vietnam nunca tuvo un lobby vietnamita-americano que secuestrara la política estadounidense hacia ese país. Cuba en cambio sí debe sortear al poderoso lobby cubano-americano, tan poderoso que ha logrado colocar un secretario de Estado, para dialogar con un Estado para el cual, honestamente, Cuba no es una prioridad desde hace tiempo. Es una tragedia que, dentro del aparato de poder norteamericano, Cuba solo les interese a los políticos cubano-americanos. Y para las fuerzas y la tradición políticas que ellos representan es imposible un acuerdo con Cuba, porque la única solución admisible por ellos para Cuba pasa por la destrucción de todo lo que haya resultado de la revolución de 1959, el desmontaje de su Estado y de sus aparatos de seguridad, y presumiblemente el enjuiciamiento o, al menos, liquidación política de sus principales dirigentes. Cuando las opciones son de todo o nada, de capitulación unilateral e incondicional, y de humillación, es muy difícil que pueda vislumbrarse cualquier negociación.

Entonces, si no es la guerra, y no es el trato, la apuesta sería el colapso que mencionó Trump. No obstante, tampoco parece ser del todo lo deseado por Estados Unidos. Ya el propio Marco Rubio tuvo que admitir que no les interesa una Cuba desestabilizada, lo cual sería una consecuencia esperable de las políticas que él mismo ha promovido durante tantos años. No solo es que no “interesa”: es que no conviene para nada a EEUU una Cuba desestabilizada. A pesar de ser adversarios, Cuba es una garantía de seguridad para Estados Unidos, debido a que es un Estado fuerte justo al sur de sus costas con el que pueden hablar seriamente sobre temas de migración o crimen organizado, por poner un ejemplo. Una Cuba colapsada a lo Haití no solo generaría una grave situación migratoria para los del norte, sino que además podría ser pasto del crimen organizado y el paramilitarismo. La aceptación por parte de Estados Unidos de que México continúe suministrando petróleo a Cuba es una confesión más elocuente que todos los posts de Donald Trump.

En ese equilibrio perverso –ni guerra abierta, ni negociación posible, ni colapso conveniente– se juega hoy el destino inmediato de Cuba

Pero nada de esto significa que vayan a dejar a Cuba en paz. Esa Cuba que ni se puede invadir, ni se debe colapsar, pero con la cual tampoco se quiere dialogar, sí está teniendo una utilidad en el proyecto de las derechas hemisféricas que el trumpismo lidera: ser un instrumento de propaganda de ultraderecha. Es absolutamente conveniente entonces impedir que pueda haber algún tipo de recuperación de la economía cubana, y para eso continuarán las sanciones y el bloqueo norteamericano. Así se puede usar la crisis en que vive el pueblo de Cuba contra todas las izquierdas hemisféricas en la política electoral y en la batalla cultural: “Vete a Cuba”, “seremos Cuba”. Y esta estrategia afecta a todas las izquierdas, no solo a las izquierdas más radicales, porque el proyecto de las nuevas derechas corre la cerca de tal manera que Cuba es Sánchez, es Boric y es Lula, lo mismo que es Maduro, o es Claudia Sheinbaum. 

En ese equilibrio perverso –ni guerra abierta, ni negociación posible, ni colapso conveniente– se juega hoy el destino inmediato de Cuba. Una isla convertida en rehén útil: demasiado resistente para ser derribada, demasiado incómoda para ser aceptada, demasiado simbólica para ser ignorada. Mientras tanto, el costo real lo paga el pueblo cubano, sometido a una asfixia prolongada que no busca soluciones sino escarmientos, no persigue estabilidad sino ejemplos. Siempre es “el turno” de Cuba, pero no como objetivo militar inmediato, sino como advertencia permanente: una pieza disciplinadora en la narrativa del poder global.

Autor >

Iramis R. Rosique Cárdenas
 
Extractado de: https://ctxt.es/es/20260101/Politica/51749/iramis-rosique-cuba-eeuu-venezuela-petroleo-acuerdo-colapso-migracion-analisis.htm?utm_campaign=lecturas-20-de-enero&utm_medium=email&utm_source=acumbamail
 
 

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