La gramática mapuche forjada en la dictadura
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La gramática mapuche forjada en la dictadura
El mapudungun —como sus hablantes— fue castigado y silenciado durante el régimen de Pinochet. “¿Cómo los mapuche pueden recordar todo eso en la cabeza?”, se preguntó la lingüista Ineke Smeets al estudiar una lengua que sobrevivía pese a la represión. Entre el exilio y la resistencia, hombres y mujeres mantuvieron viva su palabra, dejando un legado de dignidad y memoria. Esta es su historia.
Con una lluvia incesante en los campos de Voeren, un rincón de Bélgica del que nunca había oído hablar , nos esperaba en su casa Ineke Smeets.
Había llegado a Verviers como parte de mi trabajo de campo académico en Europa, siguiendo los pasos de familias mapuche que vivieron el exilio durante la dictadura cívico-militar en Chile, encabezada por Augusto Pinochet entre 1973 y 1990. Dos de estas familias me habían hablado de Ineke, una lingüista holandesa que estudia y habla el idioma del pueblo indígena mapuche.
–Disculpa, hace un tiempo no hablo español –dice Ineke, quien vive en medio de un paisaje de ensueño, como sacado de las páginas de un cuento de hadas.
Habla varios idiomas. Prepara té y café y se concentra para hablar castellano, a veces mezclándolo con italiano e inglés. Mi pareja, que me acompaña y conoce ambos idiomas, se convierte en traductor improvisado en momentos.
Ineke comienza recordando el momento crucial en su vida académica. En 1976, uno de sus profesores en la Universidad de Leiden le instó a investigar la lengua mapuche como tema de su tesis doctoral. Esta sugerencia llegó de un docente estricto en una época en la que las lenguas indígenas de América del Sur eran un territorio prácticamente inexplorado para muchos en Europa.
–Es muy complicado porque hay lenguas muertas, entonces es difícil hacer la relación o saber de dónde proceden porque hay vacíos.
Según explica, el hecho de que muchas de las gramáticas mapuche disponibles antes de 1920 estaban trabajadas desde el latín, como la de los Jesuitas o Rodolfo Lenz, constituía un desafío.
–Así no funciona el mapudungun –afirma. Ineke plantea que ha existido una inadecuación de las metodologías y enfoques lingüísticos para comprender una lengua tan viva y dinámica como el mapudungun.
Más allá del exhaustivo contenido de su trabajo, que resultó en un libro de 607 páginas y que es poco conocido en Chile, mi interés en entrevistar a Ineke Smeets se centraba en las experiencias con algunos de sus informantes: Luis Quinchavil, el principal colaborador en su investigación, Rafael Railaf, Mario Millapi, Jacinta Mena y María Huenchun. Cada uno de ellos representa una voz única.
Por las largas horas de trabajo compartidas, Luis, Rafael y Mario se convirtieron en los informantes más importantes para la investigación de Ineke. Dos de ellos vivieron el exilio en Europa, cargando con sus sueños y heridas a tierras lejanas. Rafael Railaf falleció el 4 de marzo de 2023 en Lautaro, la tierra que defendió con firmeza. Su familia mantiene vivo su legado a través de la memoria y la lucha. Luis Quinchavil, nacido en agosto de 1938, fue asesinado en 1981; su cuerpo sigue desaparecido, dejando una ausencia que permanece y recuerda la deuda de justicia en Chile.
Ineke también estuvo en Chile durante la dictadura de Pinochet. Viajó para investigar sobre un idioma que, al igual que muchos de sus hablantes, fue castigado y silenciado.

El Quincha
“A Luis Quinchavil”. Así comienza el libro A Grammar of Mapuche de la editorial Gruyter Mouton, publicado en 2008.
–¿Por qué le dedicó el libro? –le pregunté.
Ineke se emociona por primera vez, pero se contiene.
–Después que terminamos el trabajo, Luis quería volver para luchar. Se cambió un poco la cara, viajó con un compañero… Quise rendir homenaje a Luis, por su determinación y por luchar por su cultura. Por eso le he dedicado el libro.
Luis Quinchavil Suárez, el “Quincha” como lo llamaban cariñosamente, era militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR-Chile). Intentó ingresar a Chile el 19 de febrero de 1981 como parte del destacamento Toqui Lautaro. Según la información recopilada en el Archivo Digital Londres 38, fue detenido junto a su compañero José Alejandro Campos Fuentes en el paso fronterizo Huahúm por la policía argentina. Ambos permanecen desaparecidos hasta hoy.
***
En Chile, la dictadura ya llevaba casi tres años marcando vidas con su violencia y control. En 1976, Luis Quinchavil Suárez consiguió huir, desafiando la represión y dejando atrás un país en sombras. Un año después, en 1977, Rafael Railaf Caniu también logró escapar, siguiendo una ruta distinta pero impulsado por el mismo anhelo de sobrevivir y encontrar libertad.
Antes de todo eso, en los años setenta, Luis Quinchavil trabajaba como campesino y fue dirigente del Consejo Comunal Campesino de Cautín. El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 alteró su vida de forma radical, únicamente por el hecho de pensar distinto. Meses después, el 23 de noviembre, el Consejo de Guerra de Temuco lo condenó a siete años de presidio por infracción a la Ley de Seguridad Interior del Estado.
En 1976, su pena fue conmutada por extrañamiento, es decir, debía abandonar el país para reubicarse en el extranjero. La decisión implicaba un castigo distinto, pero igualmente duro: dejar el país que lo vio nacer, su tierra, su gente y su historia. Era el comienzo de una nueva vida forzada en el exilio, marcada por la incertidumbre y el peso de una despedida sin retorno asegurado.

Ese mismo año, a Holanda —hoy Países Bajos— comenzaron a llegar grupos de refugiados chilenos que huían de la dictadura. Ineke, junto a sus maestros, sospechaba que entre ellos podía haber personas mapuche. Movidos por la curiosidad y el deseo de tender puentes, sus profesores visitaron a los recién llegados. En esos espacios, conocieron a Luis y a Rafael, y les hicieron una pregunta sencilla pero cargada de significado: si hablaban mapudungun.
Ineke recuerda a Luis y Rafael como dos hombres totalmente diferentes. A Luis le ofreció ser su informante principal, un empleo remunerado por la Organización Holandesa para la Investigación Científica (NWO).
–Luis era un hombre tranquilo, amable y muy preciso. Venía tres veces a la semana a mi casa en Leiden por cerca de tres horas –relata Ineke. En ese momento, el castellano era la lengua que compartían.
Cien palabras comenzó preguntándole a Luis, cosas que se pueden indicar en mapudungun. Según explica, es crucial identificar los sonidos importantes de una lengua para poder escribirla y entenderla. Como el mapudungun era la lengua materna de Luis, él lo hablaba con fluidez.
–El verbo es el corazón del mapudungun. Me tomó mucho tiempo estudiarla; es una lengua complicada y fascinante. Se estudia como un tren: comienzas con la raíz del verbo y luego añades pequeños elementos que modifican el significado, como los sufijos. No hay tiempos verbales, lo cual es muy interesante desde una perspectiva lingüística. Me resultaba incomprensible cómo los mapuche pueden tener todo eso en la cabeza y hablar naturalmente –argumenta Ineke.
Luis nunca hablaba de su exilio con Ineke; solo mencionaba que era campesino.
–Después de su desaparición, llegué a saber más sobre Luis de lo que conocí en vida –reflexiona.
El libro, además de ofrecer una descripción detallada de la lengua mapuche, incluye una gramática completa –fonología, morfología y sintaxis–, y una colección de textos: cuentos, conversaciones, historias y canciones, acompañados de análisis morfológicos y traducciones. Uno de estos textos se titula: “En esta historia, Luis Quinchavil habla sobre la colonización de los mapuche por los españoles”.
Hoy, la vida del “Viejo Quincha” es recordada con admiración y respeto por agrupaciones dedicadas a la revitalización del mapudungun, como el sitio Kimeltuwe. Además, el Centro Cultural Museo y Memoria de Neltume (CCMMN) publicó Memorias Rebeldes: Semblanzas de Quincha y Campitos, que incluye un material sonoro titulado “Un sentimiento fronterizo”. En esta cápsula, relatan, basándose en el testimonio de un sobreviviente, la detención de Quincha y Campito.
Las gestiones judiciales por los dos desaparecidos aún no tienen respuesta.
La página 15 del libro A Grammar of Mapuche dice:
“Durante un período de cuatro años (1977-1981) trabajé de forma intermitente con dos hablantes de mapuche, que en ese momento permanecían en los Países Bajos como exiliados políticos. Mi principal informante fue Luis Quinchavil, quien nació en 1938 y creció en Nueva Imperial. Fue hombre serio, que se dedicó a la lucha por una sociedad justa en Chile. Se encuentra desaparecido desde 1981, cuando, decidido a luchar, regresó a su tierra natal. Este libro está dedicado a Luis Quinchavil en honor a su ejemplar dignidad y perseverancia mapuche. Mi segundo informante fue Rafael Railaf, nacido en 1933 en Lautaro, un hombre extravagante, que se dedicaba, con humor y optimismo, a oponerse a la injusticia cometida contra su pueblo y su país”.
El hombre que sonreía
Nos encontramos con Rosario Railaf en la estación de trenes de Groninga, ubicada en el norte de los Países Bajos. Su hermana menor, María, la despedía en ese lugar, ambas desplazándose en bicicleta, un medio de transporte común entre los holandeses. Hasta ese momento, Rosario y yo habíamos mantenido contacto únicamente a través de correo electrónico, WhatsApp y videollamadas, siendo esta nuestra primera interacción en persona.
Era febrero de 2024, se aproximaba el primer aniversario del fallecimiento de su padre, un evento que Rosario evocaba con emoción mientras sostenía en sus manos el libro enviado por Ineke Smeets. Este libro rememora uno de los aportes de Rafael Railaf a la historia y movimiento político del pueblo mapuche.
Durante nuestro trayecto en tren, el paisaje se fue volviendo cada vez más verde. Nos dirigíamos a Delfzijl para visitar a Rosa Zúñiga, la madre de Rosario. Al llegar, Rosa nos recibió cariñosamente con sopaipillas mapuche y un plato de cazuela caliente.
Luego de almorzar, Rosa me confesó estar enojada con su amado compañero de vida, Rafael, pues lo extrañaba en todo momento. Compartimos y se reían al recordar anécdotas de un hombre que todos describen como alegre, un contador de historias a través de cantos en mapudungun.
Pasadas las horas, no pude evitar emocionarme. Rosa y Rosario, madre e hija, me relataron el periodo en el que estuvo preso y cómo fue torturado Rafael Railaf por agentes de la dictadura chilena. También rememoraron, con una mezcla de dolor y supervivencia, todo lo que tuvieron que experimentar en el exilio.
Un fragmento de un texto de la Fundación Mapuche FOLIL, fundada en los Países Bajos el 17 de marzo de 2000, proporciona solo una parte de las dificultades enfrentadas por Rafael Railaf: “¿Qué pasó con tus dientes?, preguntó el dentista. Rafael había sido azotado y electrocutado en prisión. El dentista en Delfzijl se horroriza al ver los dientes maltratados de Rafael por primera vez”.
Delfzijl no fue una casualidad. Recorrieron los Países Bajos en un autobús, buscando un nuevo hogar. Ese recóndito lugar evocaba para Rosa los campos del sur de Chile que tanto extrañaba.
Rafael y Rosa enseñaron a sus siete hijos las tradiciones indígenas, pero también les dieron espacio para construir su propia vida en Holanda. El matrimonio, pese a la distancia, trabajó incansablemente por su pueblo. Organizaron acciones, manifestaciones, conferencias y exposiciones, haciendo todo lo posible para mantener viva la causa mapuche. Los encuentros de Rafael con Ineke, en los primeros años de su exilio, fue una de las tantas actividades que realizó:
–Con Rafael era muy entretenido trabajar, contaba muchas historias –dice Ineke Smeets riendo.
Se reunió con él tres veces al año durante tres años, grabando todas las conversaciones que ahora están en un CD. Rafael tampoco hablaba de su exilio con ella.

La académica no perdió el contacto con la familia Railaf y recuerda que hace unos años se enfermaba frecuentemente. Era la fecha de Wetripantu, la ceremonia del cambio de ciclo mapuche, que organizaba la familia Railaf. Rafael se puso detrás de Ineke, le hizo un masaje y le dijo a Rosa: “Su problema es que ella piensa demasiado”.
Ineke Smeets recuerda sonriendo.
–Rafael tenía razón –afirma.
La visita de los gringos
“A finales de 1981, pasé dos meses en Chile trabajando con Mario Millapi de Boyeco, un hombre perspicaz de unos cuarenta años. Era un agricultor que vivía a la manera tradicional y se había convertido al cristianismo, presentando un programa religioso en la radio. En Chile, ocasionalmente revisé material léxico con Jacinta Mena, una mujer de un pueblo entre Temuco y Freire, y verifiqué detalles fonéticos con María Huenchun de Nueva Imperial”, señala el libro.
Aquel año, con el régimen de Pinochet, Ineke no tenía permiso para entrar como lingüista y debía viajar con visa de turista. Su hermano menor la acompañó.
–Era un momento políticamente muy difícil y peligroso –dice.
Conocía a un lingüista estadounidense, Robert Croese, que ya estaba estudiando el mapudungun. Vivía en Temuco y los invitó a su casa.
–Fue mi protector porque era de derecha y tenía conocidos que eran militares, pero no me traicionó. No le contó a nadie lo que estaba haciendo. Sin él, mi trabajo no hubiese sido posible– cuenta.
De acuerdo con lo descrito por Ineke, Robert trabajaba con un informante que pensaba antes de hablar, lo cual no era pertinente para su trabajo.
–No era como Luis, que hablaba naturalmente mapudungun.
Junto a Robert Croese, vivían cerca de una estación de policías. Ineke escuchaba los desgarradores sonidos de personas siendo torturadas.
–Era verdaderamente terrible.
La lingüista de la Universidad de Leiden no podía trabajar allí. Un día, escuchó en la radio a un hombre que hablaba mapudungun. “¿Quién es?”, preguntó. Se trataba de Mario Millapi. Decidida a continuar su investigación, logró contactarlo y lo convenció de convertirse en su tercer informante, ofreciéndole un salario de su propio sueldo.
Seguimos tomando té en su casa mientras Ineke busca fotografías. Tiene registros de su tiempo en la casa de Mario Millapi Currín, un reconocido defensor de la lengua y cultura mapuche. Mario falleció en 2000 a los 61 años, producto de un cáncer, dejando un recordatorio constante de la importancia de seguir adelante con el idioma.
Ineke me comenta que nunca había visto tanta pobreza.
–Tenían muy poco para comer… eran muy amables, muy simpáticos. Mario fue un informante muy bueno –explica.
El matrimonio de Mario Millapi y Flora Lielmil vivía junto a sus hijos en una ruka, una casa tradicional de la cultura mapuche en Boyeco, a 12 kilómetros de la ciudad de Temuco en la región de la Araucanía. En una de las fotografías aparece Flora con sus tres hijas mayores, dos niñas y una bebé. Esa bebé es Yohana Millapi Lielmil, actualmente presidenta de su comunidad Francisco Lielmil.
Son seis hermanos. Yohana Millapi es la tercera y, debido a lo pequeña que era, no está en sus memorias la visita de Ineke, pero sí lo que le han relatado sus hermanas mayores y sus padres.
–Me contaban cuando estuvieron de visita los gringos –dice riendo–. La lingüista andaba con su hermano. Mis papás siempre hablaban de ellos con bastante cariño. A mis hermanas les llamaba la atención que andaba con grabadora, cámara y que anotaba todo lo que pasaba. Mi mamá también recuerda que los ayudaban con algunos quehaceres de la casa.
Yohana Millapi describe una infancia dura. La comida era muy racionada; generalmente, lo que podían consumir era lo que se podía recolectar. Era poco lo que se compraba. En un sistema dictatorial, la gente estaba temerosa.
–Lo fundamental era el apoyo entre los vecinos, pero aun así había muchas carencias económicas.
Yohana habló con sus hermanas mayores antes de nuestra conversación, y ellas recordaron un hecho: “Cuando se fueron los hermanos, nos enviaron una encomienda con ropa y zapatos. Mi hermana se acordaba de que uno de esos zapatos se le quemó… los quería tanto. Eran cosas de buena calidad, que duraron muchos años”.

Como familia, siguen activos cultural y políticamente. En 1992 se inició el funcionamiento del Vertedero Municipal Boyeco, donde se depositaban los residuos sólidos de Temuco y Padre las Casas, entre otras comunas cercanas. Tras distintas manifestaciones y acciones de las comunidades indígenas que acusaban la contaminación de las aguas, el vertedero fue cerrado en 2016. Ese mismo año, el Tercer Tribunal Ambiental confirmó una multa a la Municipalidad de Temuco por incumplimientos en el manejo del vertedero.
En Boyeco, aún viven sin agua potable.
–Hay mucha injusticia social. Seguimos viviendo con las graves consecuencias del vertedero –comenta Yohana, añadiendo que, a través de una mesa territorial con más de 30 comunidades, han logrado ciertos avances.
Yohana Millapi y sus hermanos sienten orgullo por su padre. A pesar de la represión en la zona y los intentos de erradicar el idioma, él persistió en mantener y hablar mapudungun. Actualmente, Yohana realiza trabajos comunitarios y enseña mapuzungun, así llaman al idioma en su comunidad, el cual tiene variaciones según el territorio.
–Que existan menos hablantes tiene que ver con muchas experiencias traumáticas que vivió nuestra gente mayor. Que mi papá se haya atrevido es un logro para el mapuzungun y para nosotros como familia.
Yohana solo ha visto parte del trabajo en PDF y le gustaría tener el libro en español-mapudungun. Precisamente en 2023 contactaron a Ineke Smeets para traducir su libro, la investigación que nació como su tesis defendida en 1989, un proyecto que esperan poder concretar.
Ineke concluye con gratitud:
–Sin ellos, no podría haber aprendido mapudungun ni escribir la gramática.
* Este texto fue finalista de la primera convocatoria del Premio Nuevas Plumas en Chile (2024) y fue publicado en el libro homónimo de Berrinche Ediciones.
5 comentarios en “La gramática mapuche forjada en la dictadura”
Aplaudo con inmensa alegría y esperanza que noticias, investigaciones y publicaciones acerca del Pueblo Mapuche y de otros Pueblos indígenas, estén cobrando divulgacion y contribuyendo a su reconocimiento y respeto!
Increíble historia,suma de miedos victorias,clandestinidad,llanto,risas,despedidas,pero mucho amor.Gracias.
Me emociona ver cómo en un país tan lejano se interese en nuestra cultura y apoyar a la resistencia Mapuche, soy Del sector de Boyeco y con los pelos erizados leí toda la nota completa. Compartiré este relato con mi comunidad Mapuche Cacique León Nahuelpán. Lugar cuel, Boyeco (foyeko)